Un show que combinó material reciente con clásicos de distintos momentos, en un clima íntimo y atento, donde se destacó la importancia de volver a compartir la música.
Domingo 9 de noviembre de 2025 Edición del día
Fotos: Josefina Schmipp
Casi como una invitación inmersiva con epicentro ubicado en la calle Balcarce, el barrio de San Telmo fue el lugar elegido para generar ese espacio íntimo y cercano que brinda La Trastienda. Así, con todas las miradas puestas sobre un escenario cercano, aparecía el príncipe oscuro. Y como quien busca desafiar la frontera que parece no tener retorno, esta vez la tuvo, para fomentar aún más el desconcierto entre lo cercano y lo lejano: una máscara negra con detalles plateados buscó incrementar el misterio de uno de los regresos más esperados. El silencio se hizo sentir de manera contundente y fue así que, sentado frente a su público, Carca regaló los primeros acordes del sitar a modo de introducción.
—¡DALE CARCA!— se escuchó irrumpir desde la parte superior, arengando al resto del público entre aplausos.
Junto a Panky Malissia en batería y Tuta Torres en bajo, amigos y colegas con quienes gestó su nuevo material, La Trastienda se sumergió por completo con “Algo raro en el trago”, “Qué preciosura” y “Qué suerte ser diferente”, los tres temas elegidos para dar inicio.
—“Contanos qué viste más allá”— se escuchó desde el fondo, causando una sonrisa cómplice en el músico que, lejos de dramatizar la complicación de salud que lo llevó a estar varios meses internado, convirtió aquella sala de clínica en motor para traer nuevas piezas al presente que lo convoca.
Como parte de su presentación con un setlist de 23 canciones, Carca hizo un repaso de su historia haciendo sonar temas como “Luz de Blues”, “Mi amigo del Bosque” hasta llegar a los bises con “Velo” y “Lodo”, mientras en los recovecos de la trastienda no faltó quien moviera los pies al compás.
Entre el público también se vieron colegas de trayectoria, parte de esa escena que viene caminando junto a Carca desde hace años. Daniel Melero, con quien hicieron una reversión de “Poseídos por el Alba” de Luis Alberto Spinetta, y Richard Coleman estuvieron ahí para acompañar la vuelta, desde la cercanía y el reconocimiento mutuo. Más hacia el fondo se pudo ver también a Juana Molina, sumándose a esa misma trama.
Los últimos dos años de letargo, que no pasaron desapercibidos, fueron también laboratorio: una manera de resignificar, aprender y generar nueva música para transformar a los otros. No fue un hecho aislado; desde el público se abrazaba el festejo. No era solo la presentación de nuevas canciones que corresponden al noveno y último material, “Exultante”, sino el espacio en el que, fraternalmente, se celebró entre aplausos como reconocimiento de una larga trayectoria.
En una entrevista reciente con Tiempo Argentino, Carca hace su propio resumen de la situación actual y comentó:
“Somos muchos los que trabajamos para que la música siga siendo un refugio artístico y una forma de resistencia ante las peores arbitrariedades políticas e injusticias sociales. (…) Yo no tengo el don de la canción de protesta, pero soy un creador, un buen ilusionista. Ofrezco mi pequeño refugio para que este mundo sea algo mejor. Hay que juntarse con otros, nunca aislarse. Juntos parecemos más.”
Entre canción y canción se pudo observar parte de esto que menciona Carca: esa impronta ante la necesidad de estar unidos, con saludos y abrazos que retomaban conversaciones viejas, gente que volvía a encontrarse en un mismo lugar después de un tiempo. El show en sí vino a fortalecer esta intención, en la que el objetivo no fue solo el disfrute de la música como expectantes, sino la música como excusa para estar ahí, a la par, compartiendo.





