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Red Internacional

Crisis Ambiental. El desastre de inundaciones en Bahía Blanca y la urbanización capitalista

Una muestra de las enormes desigualdades en el desarrollo urbano en función de las ganancias, garantizada por gobiernos y Estado. La solidaridad desde abajo es lo que contrasta con el desprecio de los de arriba.

Nehuen Brat

Nehuen Brat Redacción Ecología y Ambiente - Lic. Prof. en Geografía

Sábado 15 de marzo de 2025 Edición del día

A los principales actores que deciden cómo se construye la ciudad no les importa los sectores populares y laburantes. El Estado, ya sea nacional, provincial o municipal, las grandes constructoras o las empresas inmobiliarias edifican en función de las ganancias o para “revalorizar” espacios urbanos y no para las grandes necesidades de las mayorías. Lo que pasó y está sucediendo en Bahía Blanca a partir de las inundaciones y anegamientos es una gran muestra de este desprecio hacia los trabajadores y el pueblo en el proceso de urbanización capitalista.

La ciudad se encuentra en la cuenca inferior del arroyo Napostá Grande, que atraviesa la ciudad en sentido Norte-Sur y que, ante precipitaciones intensas en cortos períodos de tiempo en la cuenca media o superior cerca del cerro Ventana, provoca que el arroyo “baje” con muchísimo caudal e inunde la parte inferior donde se encuentra Bahía, como sucedió el 7 de marzo. Este nivel de precipitaciones, a partir del cambio climático no serán tan excepcionales, como explicamos acá, acá, acá, sino que cada vez se desarrollarán así de manera recurrente. El tema es: ¿afecta a todos por igual? Definitivamente no.

Los asentamientos precarios, las villas miseria, ocupan espacios urbanos menos valorizados, tierras que prácticamente no tienen ningún valor en muchos casos. Y esto sucede por diferentes motivos: porque están muy contaminados y construir una casita ahí implica renunciar a la salud no solo de uno, sino de toda la familia, hijes, abuelos, amigos, etc. Es el caso de la localidad de Ingeniero White, que se encuentra no solo al lado del puerto sino de uno de los polos petroquímicos más grandes del país. Localidades como ésta, además de estar muy expuestas a la contaminación, son tierras inundables, tierras que son propias del arroyo Napostá y cuando crece ocupa esos espacios con su gran caudal. Esto no es algo desconocido para los gobiernos. Lo saben hace mucho y no les importa ya que existen informes científicos como este que lo alertan hace tiempo.
Barrios como Villa Delfina, Loma Paraguaya, Enrique Julio, Maldonado, Vista Alegre II, Puertas del Sur, Martín Fierro, Villa Bordeu, Ing White, Thompson, Punta Blanca, Postal del Este, o los barrios precarios de la localidad de Gral. Cerri, entre muchos otros que podemos nombrar de la zona, tienen una gran precariedad, por sobre todas las cosas, por la gran exposición a las inundaciones y sufrir constantemente este tipo de eventos que los gobiernos y las empresas que construyen la ciudad no les importa en lo más mínimo. No hacen nada al respecto.

Ejemplo claro es la reciente visita de Kicillof a Bahía exactamente un mes antes del desastre, el 7 de febrero, para inaugurar la obra de infraestructura que más apoyo financiero tuvo por parte de la provincia en el último tiempo en la ciudad: la Autopista Circunvalación Norte, por un valor de más de 9 mil millones de pesos, autopista que conecta al norte de la ciudad, donde se encuentran barrios privados como Bosque Alto, La Reserva, Solares del Norte entre otros. Exactamente en el polo opuesto, al sur, están la mayoría de los barrios populares nombrados, que no reciben ni un cuarto de ese apoyo financiero. ¿Por qué los barrios privados están al norte? Porque son las zonas que no están en peligro de inundación constante ya que se encuentran en terrenos más altos y es el punto más alejado de la ciudad del polo petroquímico y del puerto y de las costas del estuario, que es donde justamente se inunda todo, tierras fangosas que no valen nada y que los gobiernos no dan alternativa para que estén en otros espacios más seguros.

Axel Kicillof junto con Katopodis, Juan Martín Mena, Walter Correa, Silvina Batakis, Néstor Álvarez, Bernarda Meglia, entre otros funcionarios el 7 de febrero del 2025.

Un informe de los barrios precarios del 2023 escrito por Federico Vincenty y otros investigadores del CONICET, plantean que

“La ciudad se divide en los sectores alto, medio y bajo. El primero está conformado por terrazas aluviales, al norte y noreste. El sector medio coincide con la zona céntrica -aproximadamente entre los 45 y 15 metros sobre el nivel del mar- y es donde se concentra la mayor densidad poblacional y las clases medias. El micro y macrocentro está delimitado por un precinto constituido por el arroyo Napostá al este, el canal Maldonado al oeste y las vías férreas al norte, sur y este. Se caracteriza además por combinar el uso comercial con el residencial. Entre los sectores alto y medio se interpone un área de pendiente, geomorfológicamente denominada escarpa frontal, que conecta la llanura con el sub ambiente litoral. Al superar la escarpa frontal, el arroyo pierde su carácter encajonado formando llanuras aluviales más amplias, frecuentemente afectadas por inundaciones que se producen por las crecidas del arroyo. Las tierras bajas constituyen un ambiente con tierras fangosas e inundables en algunas áreas. Sobre este tipo de suelo se construyeron urbanizaciones de menor valor y se formaron asentamientos irregulares en distintos puntos”.

Como podemos ver en la imagen a continuación, los barrios seleccionados en color fucsia son los barrios de carácter precario o informal, excepto los que se encuentran al Norte, que aparecen con el número 21 y 6, los barrios Aldea Romana y San Agustín, que son barrios residenciales de clase media-alta que están seleccionados porque son muy nuevos y aún no poseen servicios básicos. En otras palabras, la distribución espacial de los barrios populares al Sur no es casualidad, es parte de la lógica del lucro y especulación inmobiliaria que los empuja a ocupar estos espacios peligrosos.

Elaboración de Federico Vincenty et al (2023) a partir de Google Earth y el Relevamiento de Barrios Vulnerables de la Municipalidad de Bahía Blanca.

La cosa empeora cuando, además de los problemas de inundación por las crecidas del Napostá Grande, las rutas que se construyen para la circulación de mercancías y de bienes del puerto o del polo petroquímico funcionan como barrera de contención que impiden que el agua fluya, transformándose en auténticos piletones gigantes, que hacen que al día de hoy, Cerri y barrios del sur de la ciudad siguen inundados porque el agua no se va. ¿Por qué funcionan como barrera? porque las constructoras y las empresas junto con el gobierno saben que esos espacios se inundan, entonces las rutas las construyen elevadas, para que por más que haya inundaciones los camiones puedan seguir circulando. ¿Y la gente que vive ahí? Bien gracias… que hagan lo que puedan cuando se inunda, que saquen el agua a baldes, por ellos no se hace nada. Desprecio, desprecio y más desprecio.

Sumado a todos estos elementos existen enormes compuertas en el puerto que el 7 de marzo funcionaron como tapón para que el agua pudiera escurrir y, en consecuencia la inundación se agravó. Como lo denuncia una vecina de la localidad de Ingeniero White a La Izquierda Diario “tenemos el puerto más grande del país, hace más de 30 años venimos pidiendo el desagote, que abran las compuertas y no nos responde nadie. En todos estos días no vino nadie. Estamos a cincuenta metros del puerto más grande del país. Cuando viene la fiesta del camarón y el langostino viene gente de todos lados, pero cierran las esquinas para que todo esto no se vea”. Las compuertas siempre fueron un problema ante las precipitaciones, pero el 7 de marzo fueron decisivas para agravar la situación ya de por sí catastrófica.

Un reciente informe elaborado en noviembre del 2024 por las geógrafas del CONICET Paula Zapperi y Yamila Lambrecht aborda la problemática de las inundaciones que afectaron a Bahía Blanca desde 1990 hasta el 2023. Según el análisis presentado, el informe arroja datos contundentes sobre las consecuencias de las inundaciones en Bahía Blanca en el transcurso de estas décadas: de los 198 eventos registrados, el 88,4% resultaron en anegamientos, el 25,8% implicaron interrupciones en servicios básicos, principalmente el suministro eléctrico, el 22,7% ocasionaron el ingreso de agua en viviendas o edificios, el 17,7% requirieron evacuaciones, el 12,6% provocaron la caída de árboles, el 8,6% afectaron instituciones educativas con ingreso de agua, el 8,1% derivaron en fallecimientos y el 5% se categorizaron como inundaciones graves. Estos números impactan por sobre todas las cosas a los barrios populares, no a los barrios privados del norte de la ciudad en donde Kicillof fue a inaugurar una autopista. Números que dan por tierra con que “es un problema natural”, “que es excepcional”, “que es imposible de prever o evitar” como intentan plantear los gobiernos tanto nacional y provincial junto con las autoridades locales.

En su libro La Argentina y el cambio climático. De la Física a la Política, Vicente Barros e Inés Camilloni (EUDEBA, 2020), abordan cómo los eventos climáticos extremos, particularmente las precipitaciones, han transformado el paisaje del país y serán una constante. En el período comprendido entre 1960 y 2000, período sobre el que existe una mayor cantidad de datos respecto a los actuales (que aún se están estudiando), se observó un notable aumento en las precipitaciones en la región subtropical de la Argentina, en donde se encuentra Bahía Blanca. Las precipitaciones que vivió la ciudad el 7 de marzo no son algo inesperado, muchísimos informes como los citados vienen hace tiempo alertando sobre el peligro de catástrofe ¿Hicieron algo? Nada.

En contraste, los y las vecinas de los barrios populares que están atravesando esta crisis lo hacen con una solidaridad enorme, distribuyendo los alimentos y elementos de higiene entre todos; compartiendo casas entre los que no pueden quedarse en la suya porque está destruida y los que algo les quedó, ayudando de manera colectiva a limpiar las calles y sacar el agua que está mezclada con tierra y material fecal que asciende hacia la superficie desde los pozos ciegos ya que no hay sistema de cloacas y alcantarillado. Todo esto aún sigue actuando al día de hoy y provoca enfermedades de todo tipo. En estas condiciones ninguna entidad estatal se hace presente.

Por esto es clave la solidaridad de trabajadores de todo el país donando ropa, alimentos y todo tipo de materiales o de la Posta de Salud y Cuidados, que no sólo está para asistir en los momentos de represión como la que vivimos hace dos días con la policía de Bullrich, sino que tambien viajaron hacia la ciudad de Bahía para asistir a los barrios más afectados junto con estudiantes de la ciudad.

Estos ejemplos son el contraste de la lógica de urbanización capitalista, lógica que podemos encontrar en cualquier ciudad del país y en el mundo. La planificación urbana en función de las necesidades y no del lucro siempre fue necesario, pero en condiciones de calentamiento global, la adaptación de las ciudades a eventos extremos como los que ya prevee la evidencia científica reunida por el Panel Científico sobre Cambio Climático de la ONU se hace indispensable para que las ciudades no se transformen en trampas mortales. Es necesario declarar la emergencia de las zonas afectadas como la presentó el Frente de Izquierda Unidad en el congreso nacional y fue rechazado, ya que los tres niveles de gobierno y Estado deben garantizar un plan integral de Emergencia, que ponga todos los recursos e impulse todas las acciones necesarias para asistir de inmediato a las familias damnificadas por el temporal y reconstruir la ciudad en función de su peligrosidad ambiental y las necesidades del conjunto de la población y no del lucro de los empresarios.