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Red Internacional

TESTIMONIO.El Covid-19 en la primera línea es más difícil de lo que podríamos imaginar

Testimonio de la primera línea de atención al Covid-19 en Terapia Intensiva.

Jueves 30 de abril de 2020 | 18:18
Fotografía: Agencia Xinhua / EP

Hoy vi a mi hijo unos momentos. Hace unas semanas está fuera de casa, pues trabaja en la terapia intensiva de un hospital atendiendo a pacientes con Covid-19.

Es mejor así, estar solo y apartado, porque la primera línea, es la primera línea...

Todos los días pienso en él, ruego porque los goggles que le toquen sean de los que ajustan bien, porque ese día tenga cubrebocas N-95 y porque él y sus compañeros salgan con bien de su turno.

Les decía, hoy lo vi de lejos porque es más seguro así, lavó su ropa y se fue. La semana pasada también lo vi, me notó preocupada y trató de calmarme, estaba entusiasmado, diría que decidido. Me decía que él hacía todo por cuidarse, cuidaba el protocolo y que sentía un compromiso como profesional para estar ahí y se sentía bien preparado porque hizo sus prácticas en la terapia intensiva donde ahora le tocaba estar.

La primera vez que me dijo que estudiaría enfermería fue hace 9 años, cuando tenía 15 de edad. Mi primer impulso fue un NO rotundo, ¿enfermería?, ¿qué hace un hijo único, consentido, queriendo atender a otros?, no, eso no es para ti, esa carrera requiere vocación... Él estaba decidido, en lugar de ir al CCH Sur, como su madre y su tía, él quería estudiar enfermería en el CONALEP. ¿Cómo mi hijo tomaría esa decisión? Definitivamente NO.

Esa noche algo iluminó mi cerebro y al otro día le dije, es tu vida, tu decides. Y así lo hizo. Honestamente creí que después de sus primeras prácticas regresaría asqueado y cansado de atender enfermos y buscaría otra carrera. Mi sorpresa fue total al verlo regresar tan entusiasmado y convencido. Él sabía lo que quería y por eso, terminando la carrera técnica y decidió ir a la licenciatura en Enfermería y lo hizo ganándose una vez más toda mi admiración.

Bueno pues ese hijo, es el que hace una semana me explicaba su decisión de ir a trabajar con pacientes Covid-19 a la terapia intensiva, hoy lo vi con esa convicción que lo caracteriza, sin embargo, hoy lo noté diferente, lo escuché diferente, indudablemente su trabajo y lo que ahí vive lo ha impactado mucho, no es el mismo.

Me siento sumamente orgullosa de él y a la vez tengo tanto miedo. Sus ojos me dicen que es más duro de lo que puedo imaginar, lo que está viviendo es terrible, pero su convicción es mucha y sé que él sabe cuál es su misión en esta vida y por eso está ahí.

Les quise compartir esta pequeña historia personal como un homenaje, a él y a otros hijos, padres, madres, hermanos, hermanas que están ahí dentro dándolo todo contra esta pandemia. Es una situación difícil, ellos allá cara a cara con la enfermedad y apenas armados con equipo muy limitado y los empresarios viendo por sus ganancias a costa de la vida de ellos y de sus trabajadores, de todos.

Una vez más, es una historia de ellos y nosotros. Unos viendo pacientes y sus compañeros cerrando calles exigiendo equipo, nadie ve por ellos.

Siento rabia e impotencia, no pedimos más que lo necesario: equipo y material necesario para protegerse y seguir atendiendo a sus pacientes, que cada enfermero, médico, camillero, afanador, pueda estar a salvo mientras trabaja. Es casi surrealista que debamos exigir esto, pero es lamentablemente necesario. Garantías de material de protección, necesario para todos quienes trabajan con el más alto nivel de compromiso profesional.

Que se cuide su vida para que puedan seguir cuidando la de otros. De otro modo, ¿quién lo hará?




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