Reproducimos para nuestros lectores la reseña del periodista Fernando D’Addario aparecida en Página/12 del libro Homenaje a Cataluña de George Orwell, publicado recientemente por Ediciones IPS.
PUBLICAN UNA VERSIÓN ILUSTRADA DEL LIBRO HOMENAJE A CATALUÑA
LOS MESES EN QUE ORWELL VIVIÓ EN PELIGRO
Se trata de una crónica de la participación del escritor británico, autor de Rebelión en la granja y 1984, en la Guerra Civil de España. No hay aquí alegorías ni fábulas distópicas, sino la exposición cruda de la vida en el frente y de las divisiones internas que perjudicaron a los republicanos.
George Orwell agotó su cuota de realismo naturalista en Homenaje a Cataluña. Debe haber sido tan grande el impacto de la Guerra Civil Española en su cuerpo y en su espíritu que más tarde buscó en la alegoría y en la fábula distópica el modo de exorcizar sus vivencias. La posterior publicación de Rebelión en la granja y de 1984, las obras que le dieron fama internacional, opacaron de algún modo aquel libro en el que había puesto la piel y apostado sus mayores ilusiones políticas. Ahora que Ediciones IPS decidió reeditarlo, en una bella versión con ilustraciones de Sergio Cena y Iara Rueda y prólogo de Daniel Lencina, Homenaje a Cataluña se impone como el relato de una utopía frustrada. De tal modo, puede producir en el lector –al menos en el lector que reivindica la gesta republicana, con todos sus matices– una mezcla de sensaciones: la nostalgia de lo no vivido y cierto desencanto, compartido por el autor, frente a aquello que podría haber pasado y no pasó.
Crónica dura y emotiva, alejada de toda pretensión de preciosismo, intenta reflejar la urgencia de esos seis meses que Orwell pasó en el frente de Aragón y en Barcelona. El escritor peleó en las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, filo trotskista), junto a otras organizaciones, contra las tropas de "los nacionales", liderados por el general Francisco Franco. "Prevengo a todos contra mi parcialidad y contra mis errores. No obstante, he hecho lo posible por ser honesto. Mi relato difiere por completo de los publicados por la prensa extranjera, en especial la comunista" avisa el autor británico, que desconocía previamente las internas políticas y las diferencias ideológicas entre los diversos sectores de la izquierda española, que terminaron creando una guerra civil dentro de otra guerra civil. El socialismo espontáneo y sin muchas preguntas de Orwell se topó con una complejísima trama de intrigas que en principio lo abrumaron (para empezar, no era fácil decodificar todas las siglas de las agrupaciones políticas y sindicales implicadas en el bando republicano: PSUC, UGT, CNT, PCE, etc.) y luego, seguramente, lo ayudaron a cimentar su visceral oposición al estalinismo.
Se le achacó a Orwell una comprensión limitada de la política española en general y de la catalana en particular; también, una mirada condicionada por su entorno más estrecho, compuesto por combatientes anarquistas y poumistas, alejados del tablero geopolítico donde se movían otras fichas: la Guerra Civil Española funcionó como globo de ensayo para la Segunda Guerra Mundial. Como se sabe, Alemania e Italia apoyaron abiertamente a los sublevados "nacionales", la Unión Soviética respaldó al gobierno republicano pero incidió negativamente por acción y omisión en la coctelera ideológica que reunía y repelía a comunistas, socialistas moderados, trotskistas y anarquistas. Las opciones eran básicamente dos: ganar todos juntos la guerra antifascista postergando la lucha por la revolución social, o hacer al mismo tiempo la guerra contra Franco y contra la burguesía española. Esa pelea no zanjada desangró al bando republicano y contribuyó a su derrota.
Lo mejor de Homenaje a Cataluña es la descripción del día a día en las calles de Barcelona y en las trincheras del frente de Aragón. Orwell recuerda esos meses (escribió el libro apenas regresado a Inglaterra) con una mezcla de asombro y fascinación. "¡Resulta extraño cuánto afecto se puede sentir por un desconocido!" señala sobre sus camaradas llegados desde los más diversos países. "Por primera vez en mi vida, me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas", sigue Orwell, antes de mostrarse sorprendido por el modo en que funcionaban las milicias: "La disciplina no existía; si a un hombre no le gustaba una orden, se adelantaba y discutía violentamente con el oficial". Ese estado de fraternidad general tenía su contraparte en la falta de profesionalismo militar. Orwell se desesperaba, por ejemplo, porque a los soldados no se les enseñaba nada sobre el uso de armas. "Muchos no sabían ni quitar el seguro de una granada", se quejaba, aunque es probable que la precariedad técnica se haya visto mitigada, al menos en el plano romántico, por esa clase de valentía voluntarista que nacía de un ideal compartido. El autor privilegiaba el hecho de estar presenciando "el microcosmos de una sociedad sin clases".
Orwell había llegado a España a fines de 1936 con la idea de escribir artículos periodísticos sobre la Guerra Civil, pero apenas pisó Barcelona se alistó, como si hubiese sido arrastrado por los vientos de la Historia. Su pareja, Eileen, concilió su condición de activista republicana y esposa devota: trabajaba como voluntaria en el reclutamiento de combatientes británicos del Partido Laborista Independiente y, cuando podía, le llevaba té inglés, chocolate y cigarros a su marido. Aún más romántica parecía ser la ilusión revolucionaria del escritor en armas, que había descubierto en ese puñado de combatientes, al arquetipo del "hombre nuevo", idealista y desinteresado. Seis meses después, el horror de la guerra y las internas políticas, con traiciones incluídas, habían mitigado ese ardor inicial. Finalmente Eileen se "alegró" de que un balazo en el cuello lo sacara de las trincheras, porque así "se salvaría de morir cuando llegara la gran batalla". Zafó de caer en combate y también evitó, al escaparse de España, ser encarcelado por los "propios": el POUM había sido disuelto y catalogado por el gobierno como un partido "traidor a la República", que le hacía "el juego a los fascistas".
Cuando Orwell volvió a Gran Bretaña y pretendió publicar el Homenaje a Cataluña, varias editoriales rechazaron el manuscrito. No era solo el establishment cultural inglés el que se mostraba refractario a esa crónica pura y dura de un escritor en combate. Las mayores objeciones llegaron desde la intelectualidad de izquierda, que consideraba perjudicial para la causa revelar las profundas divisiones que había en el frente republicano. No gustaban expresiones como esta: "La gente con conciencia política se interesaba mucho más por la lucha intestina entre anarquistas y comunistas que por la guerra contra Franco. Para la gran masa del pueblo, la escasez de comida era lo fundamental".
Finalmente, Homenaje a Cataluña fue publicado en 1938, cuando esta guerra todavía seguía y estaba por empezar la otra. Orwell aún confiaba en que Franco sería derrotado, pero aventuraba una futura dictadura que sería la etapa posterior de la lucha de facciones. Solo acertó la segunda parte de su vaticinio.
La edición que acaba de lanzar IPS respeta la primera versión publicada en inglés, que tenía14 capítulos. Las versiones siguientes –algunos pocos ejemplares todavía se consiguen en librerías de viejo– fueron editadas con los capítulos 5 y11 en formato de "Apéndice" I y II, respectivamente. El matiz no es menor: se trata precisamente de los capítulos donde Orwell critica la postura del estalinismo en la guerra de España.
No son, los actuales, tiempos de optimismo en el mundo. Por eso conmueve –aunque también puede ser pasto para un banquete de cínicos y escépticos– leer a un Orwell que en ¡1938! escribió sobre su breve paso por las milicias republicanas: "toda la experiencia me ha dejado no menos, sino más fe en la decencia de los seres humanos".



