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Red Internacional

El Círculo Rojo.Rosalía. Chica, ¿qué dices?

Tiempo estimado 6:30 min


Canciones, memes y mercados. Columna de Cultura en El Círculo Rojo, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Domingo 4 de septiembre | 00:00

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· Rosalía dio dos shows en Buenos Aires, como parte de la gira internacional de su último disco Motomami.

· Motomami ocupó simultáneamente los primeros puestos de Spotify, Apple, Amazon y venta de vinilos. El lanzamiento fue en TikTok con casi cuatro millones de vistas únicas. Ahí adelantó temas como Despechá o Bizcochito, que fueron memes y challenge antes de existir oficialmente.

· Rosalía es una artista global antes de cumplir los 30 años. Se formó en la Escuela Superior de Música de Cataluña, que elige un alumno al año para cantar jondo (canto popular andaluz). Rosalía fue la estudiante elegida en 2014. El Mal querer, el disco que la consagró en 2018, fue su tesis al terminar los estudios. Fusiona flamenco y pop.

Apropiación cultural, purismos y otras grietas

· Con El Mal querer explotó la polémica acerca de la apropiación cultural porque Rosalía no es gitana (su saber viene de la academia, no de la identidad). No es la primera, el guitarrista Paco de Lucía también fue señalado por ser payo (no gitano). El pueblo gitano es perseguido y marginado, pero cantar flamenco no equivale a explotarlo. Esto no borra el hecho de que cuando una persona no gitana canta flamenco trasciende más. Pero, ¿alguien diría que Divididos no debería cantar Guanuqueando porque son una banda de rock de Buenos Aires y estarían explotando las rimas del poeta jujeño Ricardo Vilca, de ascendencia coya?

· Pasó siempre y hoy se potencia en un mundo globalizado, casi sin lugares vírgenes, donde todo se mezcla. El sociólogo Federico Pita de Diáspora Africana en Argentina explica que la apropiación cultural es un fenómeno particular y específico del capitalismo (un sector dominante se apropia de la cultura de un grupo oprimido para vender). Pero no toda fusión es apropiación. El mercado sabe explotar los fenómenos creativos, pero eso no los invalida.

· El Mal querer se basa en una novela flamenca del siglo XIII, una historia de amor y maltrato. Rosalía la reinterpreta con su bagaje cultural y lleva el flamenco a los Grammy. ¿Dice algo que la famosa sea una chica blanca catalana y no una gitana? Dice mucho, pero no de Rosalía, sino de nuestro mundo.

· A esas críticas se sumaron las puristas (“esto no es flamenco real”). Cuando Rosalía cantó Me quedo contigo de Los Chunguitos en los premio Goya en 2019, el filólogo español Javier Perez Andujar escribió “el purismo no existe. Es la religión de los que llegan tarde”. Se refería a quienes quieren ponerle sello de auténtico a algo que es producto de mezclas, como la música.

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Nadie entiende lo que cantás, esto no es arte

· Rosalía publica el disco Motomami y le dicen “esto es una porquería comercial, antes hacías arte” (ambos discos son comerciales, editados por sellos internacionales, uno tiene el prestigio del flamenco, el otro no).

· Acá es interesante escuchar a Rosalía que nunca se presenta como artista pura fuera del sistema. Cuando sacó su primer disco Los Ángeles alguien le preguntó qué esperaba: “hacer música de calidad, pero comercial y susceptible a convertirse en un éxito global; quería que le ocurriera como a Luz Casal (seguir en los escenarios a su edad) y colaborar con James Blake” (esto lo cuenta Bruno Galindo en La Rosalía. Ensayos sobre el buen querer). Rosalía está haciendo exactamente eso.

· A Motomami le critican que no se entienden las letras y es música pasatista. Tiene baladas pop como Hentain (animé porno japonés), con aire a canción de princesas de Disney y contenido sexual o reggaetones como Despechá que habla de no quedarse llorando cuando un tipo no te da bola.

· Un paréntesis sobre Rosalía “feminista”. Cantarle al desamor, secarse las lágrimas y seguir no es feminismo. Si hay una estética que usa Rosalía es la de las mujeres no haciendo lo que se espera de ellas. Pero el feminismo es más que eso. En todo caso, se mezcla con el impacto del feminismo, el mercado lo usa y Rosalía es parte de ese mercado, como otras artistas con más o menos discursos.

· Motomami es un disco experimental con música para divertirse. No prometió solemnidad ni canciones feministas y, en realidad, no hay motivos para exigir nada de esto a ningún artista.

· Sobre las letras, otro paréntesis: Ricardo Mollo de Divididos contó en más de una entrevista que muchas veces compone melodías y después le pone letras que entren en la métrica, que suenen bien. No en todas las canciones las letras son las protagonistas, muchas veces acompañan melodías que son las protagonistas. La diferencia, una vez más, está en el prestigio del rock nacional en Argentina y el del reggaeton (considerablemente menor cuando no es nulo).

· En una entrevista del diario español El País Rosalía explica su glosario y las referencias que aparecen en su último disco. No es difícil concluir que probablemente mucha gente no las entienda porque Rosalía no está cantando para esas personas. Canta para ella y su público, con quien comparte las referencias.

· La primera canción de Motomami, Saoko, dialoga con una canción de Daddy Yankee y Wisin. Todo el disco es un diálogo con artistas y géneros que le gustan: reggaeton, bachata, pop, bolero cubano.

· Saoko habla de transformación (“una mariposa, yo me transformo, make up de drag queen, yo me transformo... me contradigo, yo me transformo”) y funciona como respuesta a las críticas de “El Mal querer era arte, esto es una porquería”. Ambos son discos de la misma artista, con géneros distintos y el público hace con la música lo que quiere.

· En el medio está el mercado que transforma casi todo en algo para vender/comprar. Lo interesante o atractivo de Rosalía es que no es distraída ni tiene una mirada ingenua.

· En Sakura canta: “Ser una popstar nunca te dura. No me da pena, me da ternura”. Habla sobre la fama, que dura tan poco como la flor de Sakura, y que esas son las reglas del juego (o del mercado). Le interesa su música y canta para quien quiera escucharla sin promesas ni credenciales de nada, solamente canciones, que no es poco.





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