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MIGRAR EN PANDEMIA

El nuevo negocio lucrativo en las fronteras: Pruebas PCR

Tiempo estimado 5:17 min


Las pruebas PCR, que piden las autoridades migratorias para viajar en Honduras, cuestan alrededor de 125 a 145 dólares; equivalente a dos semanas de trabajo de salario mínimo en ese país, convirtiéndose en un negocio millonario para el mercado farmacéutico.

Diana Bruja Palacios

Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Sábado 29 de mayo | Edición del día

En plena pandemia, una vez que los migrantes emprenden su viaje, compran cosas básicas en el camino como comida y pasajes evitando, además, el contagio con el uso de cubrebocas, cubrecara, gel antibacterial, alcohol en spray, etc.; sin embargo, en las fronteras de países como El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua también prolifera la venta de pruebas PCR (originales y piratas) para Covid-19; todo esto frente a las autoridades.

Antes de la pandemia se transitaba con un documento, pasaporte o cédula por esos países, pero ahora deben llevar una prueba Covid o no pasan. La prueba que venden, tanto las farmacéuticas como los “coyotes” puede ser confundida con facilidad por una de antígenos; lo que hace que la ruta sea mucho más complicada al no saber las diferencias, pero que resulta en fructíferas ganancias, ya que las personas deben regresar para realizarse nuevos test muy costosos para la mayoría de las y los trabajadores.

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Prueba PCR y de antígenos

Las pruebas PCR (reacción en cadena de la polimerasa, por sus siglas en inglés) se aplican cuando existe sospecha de Covid-19. Detectan la presencia de material genético de un patógeno mediante una muestra biológica que se extrae regularmente de las fosas nasales y garganta del paciente; son muy efectivas porque son capaces de detectar el virus en sus fases iniciales y funcionan tanto en personas sintomáticas como asintomáticas. Sin embargo, son las más costosas y tardan más para que entreguen sus resultados.

Los test de antígenos se aplican para saber si una persona está infectada, se realizan a través de una prueba nasal o de saliva y entregan los resultados en 10 o 15 minutos, su eficacia es mejor cuando hay más carga viral; por lo que suelen ser el acompañamiento de las pruebas PCR, pero siguen sin ser tan eficaces como ésta.

Es notable que existen una confusión de ambas pruebas y que les venden la de antígenos por su rapidez y menor costo. Los agentes migratorios aprovechan esta situación y son quienes confirman que la prueba de antígenos no es válida, puesto que no es una “PCR en tiempo real”; por lo que impide el paso a las personas que presentan la prueba obligándolos a regresar, aproximadamente el 20 % de las y los migrantes no llevan la prueba PCR.

Entonces, algunos agentes migratorios centroamericanos les pasan “clientes” a las personas que “ayudan” a conseguir estos documentos que parecen de lo más creíble, contiene membretes, sellos y firmas; son a color y a un precio y tiempo muy accesible. Además que están a mitad de precio de los laboratorios: de 70, se reduce a 20 o 30 dólares. Todo a cambio de una remuneración monetaria en complicidad entre autoridades con coyotes.

¿Preocupación sanitaria o ganancias millonarias?

Muchas de estas personas viajan por trabajo, otras para visitar a sus familias a quienes no han visto en meses debido a la crisis sanitaria y la profundización de la económica; por lo que, difícilmente, las personas que migran pueden pagar los costos tan altos de la prueba, mucho menos si pretenden viajar con su familia.

En el caso de México no están solicitando la prueba PCR ni de antígenos para ingresar al país; sin embargo, al ser uno de los países de llegada y salida de miles de viajantes, tanto por aire como terrestres, cabe señalar que deben realizarse la prueba para regresar a sus países o transitar hacia otros de manera obligatoria. Sin embargo, no es la única razón, puesto que en algunos lugares donde se hospedan, como en Quintana Roo y otras zonas turísticas, les piden la prueba para quedarse.

Los precios de la prueba oscilan entre 1,300 a 7,900 pesos mexicanos, equivalentes a unos 54 y hasta 305 dólares, equivalentes a una semana de trabajo y hasta un mes completo o hasta dos meses para los trabajadores informales y subcontratados. Dificultando así los viajes hacia ambos lados de la frontera; pues, así como Guatemala pide la prueba PCR, de la misma manera EE. UU. pide la prueba PCR o de antígenos, no de anticuerpos, para entrar a su territorio.

Si multiplicamos esta cantidad por los 90 mil 400 turistas que viajaron a México, tan sólo en el periodo vacacional de marzo-abril, el resultado promedio (100 dls. x persona) da 178 millones 902 mil 450 pesos mexicanos. Únicamente en un estado del país, haciendo de la venta de estas pruebas un negocio millonario.

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En conclusión, la pandemia ha dejado jugosas ganancias para las farmacéuticas y empresarios que lucran con la salud pública de las y los migrantes, en complicidad con los gobiernos quienes mantienen políticas xenófobas y excluyentes en su contra, toda vez que el costo de estas pruebas excede los salarios de la mayoría de las y los trabajadores, tanto en Centroamérica como en México y siguen sin garantizarse de manera gratuita toda vez que se trata de un problema de salud pública.





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