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La deserción académica en América Latina y el Caribe va en aumento

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El 97% de niños en América Latina y el Caribe se han quedado sin escuela durante más de 170 días, según el informe de UNICEF, "Educación en Pausa", debido a la pandemia.

Emilia Macías

@EmiliaMacas1

Jueves 12 de noviembre de 2020 | Edición del día

Mientras muchas escuelas de Europa, África y Asia están regresando gradualmente a clases, en América Latina, 18 de 36 países han mantenido las puertas de los colegios cerradas. Los países que han intentado regresar, en su mayoría se ubican en las islas del Caribe con muy pocos estudiantes.

137 millones de jóvenes latinoamericanos o caribeños se han quedado sin educación por falta de recursos para cumplir con la educación a distancia.

La especialista de educación en emergencias, Ruth Custode, afirma que “dejar de ir al colegio es mucho más que no recibir formación académica. Es dejar atrás la socialización, contacto físico con los profesores y compañeros, es, para muchos, no tener un espacio seguro o perder la comida más nutritiva del día… la escuela es mucho más que aprender a leer y a escribir”.

Para muchas familias, las escuelas con comedores son una ayuda para sus hijos. Ahora, mientras el número de despidos sigue en aumento y los salarios se recortan cada vez más, los padres y madres se arriesgan a salir de casa para ir a su trabajo, es mucho más complicado alimentar a todas las personas en casa.

La UNESCO estima que cerca de 3.1 millones de niños y adolescentes en América Latina y el Caribe no regresará nunca a la escuela tras la pandemia del coronavirus. Esta región sufrirá uno de los mayores descensos en la matrícula escolar. El porcentaje de niños y niñas que no recibe ningún tipo de educación (ni presencial ni en línea) se ha disparado de 4% a 18% en los últimos meses, y según la Unicef, esta cifra alcanza el 21% en los hogares más pobres de la región.

La educación en línea nos ha afectado a todos y todas, pero no por igual. María Delia Espinoza, especialista en Supervivencia y Desarrollo Infantil de UNICEF en Nicaragua, explica cómo los infantes con discapacidad la están viviendo peor. “Un niño que no continúa con su terapia regular puede retroceder hasta seis meses por cada mes perdido”.

La pandemia ha demostrado que el derecho a la educación se vuelve cada vez más un privilegio de clase. Los y las niñas que no van a regresar a clases, muy probablemente tendrán que trabajar en condiciones miserables. Así como la juventud de hoy que llena los call centers, las tiendas departamentales, los restaurantes de comida rápida o las entregas de comida.

La crisis, cuyas consecuencias son justamente el aumento de la deserción escolar y los trabajos precarios, solamente desnuda la rapacidad de este sistema capitalista que no puede garantizar a los niños y jóvenes un futuro estable, libre de explotación, que les permita recibir educación de calidad y no terminar como mano de obra barata para las empresas.





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