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7 de julio de 2022 Twitter Faceboock

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Salario, precio y ganancia: la actualidad de la teoría del valor trabajo de Marx
Onésimo Hernández

Las elaboraciones teóricas del autor del Capital van más allá del acotado tiempo que le tocó vivir en el siglo XIX. Estas aún guardan un carácter vigente para nuestros días. Salario, precio y ganancia, escrito en 1865, pone en evidencia el carácter imperecedero del análisis teórico de Marx con respecto del capitalismo.

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Marx, desde temprana edad, será una persona entregada al estudio y a los debates de diversas índoles; este carácter juvenil lo acompañará a lo largo de su vida. Pasada la redacción del Manifiesto Comunista de 1848, los “años de perro” que siguieron a la derrota de la Primavera de los pueblos, y ya estando en su exilio londinense, nuestro autor continuará en su actividad militante revolucionaria sin desligarse nunca de sus profundas investigaciones, eso sí, en un ambiente de franca pobreza.

En el año 1865, al calor de una de las discusiones que atravesará la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), Marx se verá en la necesidad de responder a una polémica en torno a los salarios que sostenía uno de los miembros de la misma. [1] Esta polémica de hace más de 150 años no es para nada “vieja”, por el contrario su actualidad se muestra siempre presente en cada una de las objeciones que los empresarios y sus ideólogos usan para justificar su negativa a un aumento de salarios. Para comprender la importancia y el alcance teórico de este debate, es importante contextualizar intelectual y políticamente el ambiente en el que se dio.

Portada de "Salario, precio y ganancia", Edición de 2010 del Instituto del Pensamiento Socialista. {JPEG}

El interés de Marx por los temas económicos data desde que era jefe redactor en la Gaceta del Rin en 1842. En su juventud aparecerán textos “prematuros” como Trabajo asalariado y capital (1847-49) y el más célebre: los manuscritos filosófico-económicos de 1844. En 1857, en plena madurez intelectual, redactará por primera vez en tres tomos el borrador de El capital; en 1859 aparecerá Contribución a la crítica de la economía política. Cambiando de década entre agosto de 1861 y julio de 1863 redactará una segunda versión del mismo (Manuscrito 61-63); en mayo y junio de 1865, periodo de la polémica en la Internacional, Marx estará en la tercera redacción, periodo que va de 1863 a 1865 (Manuscrito 63-65).

La tercera redacción, o tercer manuscrito, será la versión inmediatamente anterior a la publicación del primer tomo del Capital de 1867. No resulta casual el filo científico con que Marx responderá a este planteamiento. Asimismo, también es el periodo que le sigue a la fundación de la AIT, la I Internacional (1864-1878). Como es sabido, el papel que desempeñará Marx en este organismo político e internacional no será nada marginal. El tercer manuscrito coincide con su vuelco político en la elaboración del Manifiesto inaugural y de los Estatutos de la AIT. [2]

¿Aumento de salarios igual a aumento de precios?

¿Por qué el salario alcanza cada vez menos? ¿Por qué la canasta básica, el costo del transporte público, las mercancías en general, suben de precio? ¿Un aumento de salario llevaría a un aumento de los productos que consumimos? Estas y otras preguntas atraviesan el pensamiento de la clase trabajadora para explicar las penurias, la precariedad y su dificultad para llegar a fin de mes. Las respuestas a estas interrogantes no son para nada del otro mundo, tampoco requieren de “expertos en economía” para ser descifradas.

El argumento más común que utilizan los grandes empresarios y los ideólogos del capitalismo para justificar la negativa de un aumento de los salarios es que esto llevaría irremediablemente a un aumento en los precios, inflación y caos en la economía. Este argumento falaz no es nuevo, guarda dentro de sí una concepción vulgar de la economía clásica, un "dogma" que Marx ya había señalado en el siglo XIX, pues estos supone que “los precios de las mercancías se determinan o regulan por los salarios”.

Marx desmontará paso a paso este dogma de la economía clásica. La afirmación del aumento de precios de las mercancías, que vendría a contrapartida de un aumento de salarios, no sólo supone que el precio de éstos está determinado por el salario de los trabajadores, sino que lleva explícitamente la idea de que es la voluntad del empresario, del capitalista, quien define los precios en el mercado y no una serie de condicionantes estructurales (exteriores a la voluntad del empresario) las que lo definen. Entonces, ¿un aumento generalizado de salarios no contraería un aumento generalizado del precio de las mercancías? La respuesta a esta pregunta es no en el largo plazo, pero sí en el plazo inmediato. Pero, ¿este sería un aumento generalizado y permanente de los precios?.

Marx indicará que el aumento del salario de la clase trabajadora los llevaría a consumir, en primer término, artículos de primera necesidad, los indispensables para poder subsistir; es decir, habría una mayor demanda de una determinada mercancía. Este aumento de salarios conlleva a un aumento temporal de precios en los artículos de consumo necesarios para la subsistencia; en términos teóricos, sólo respondería a la ley de la oferta y la demanda, un trastorno económico temporal, pasajero, que luego de este “recobraría su antiguo equilibrio”:

Por tanto, después de trastornar temporalmente los precios del mercado, la subida general del tipo de salarios sólo conduciría a una baja general de la cuota de ganancia, sin introducir ningún cambio permanente en los precios de las mercancías. [...] Este aumento del poder adquisitivo del obrero tiene que corresponder exactamente a la disminución del poder adquisitivo de los capitalistas. [3]

Las variaciones de los precios de la mercancías no son a voluntad de los capitalistas, pues éstos están sometidos a las leyes que existen en el mercado, es decir a estructuras económicas —y también políticas— que condicionan sus acciones. Un aumento de salarios sí sería benéfico para las mayorías trabajadoras; ante un aumento de salarios, habría un aumento en los precios, una “oscilación pasajera” pero no definitiva. Este aumento saldría de las ganancias de los capitalistas, he ahí el fondo del asunto a la negativa.

Plustiempo, plustrabajo, plusproducto

Hasta ahora se ha mencionado las categorías salarios, precios, ganancia, entre otros, sin mayor detenimiento. ¿Pero qué significan estos conceptos para el marxismo y por qué su conocimiento es importante para los trabajadores? Para explicar por qué la clase trabajadora degrada su dignidad y su existencia material en la pobreza cuando es ella misma la que produce la riqueza, Marx partió de concebir al sistema capitalista como una totalidad concreta social. Tomará como punto de partida un elemento minúsculo pero de gran significación para la comprensión del sistema capitalista: la mercancía.

En la respuesta a la polémica, Marx aportará a los trabajadores y militantes aclaraciones conceptuales y científicas, es decir valiosas herramientas políticas para enfrentar a sus enemigos, los capitalistas. Veamos, si los salarios no determinan el precio de las mercancías, ¿Entonces qué determina el precio de las mercancías? ¿Qué compone el salario que recibe el trabajador? ¿De dónde sale la ganancia de los empresarios, de la venta de las mercancías, o de la explotación laboral?

El precio de las mercancías [4] está compuesto de los salarios, el gasto de los insumos necesarios para su producción y de una ganancia que el empresario se embolsa. Técnicamente de esto están compuestos los precios, sin embargo, la mirada de Marx es más profunda. El “precio”, nos dice es “valor de cambio expresado en dinero…”, desglosado esto, también es a la vez, el valor de las mercancías determinado por el valor de la fuerza de trabajo.

Veamos esto en un esquema simple. Para que una mercancía “X” pueda ser intercambiada por una mercancía “Y” se necesita de un denominador que posean en común para que dicho intercambio sea posible, a este elemento en común Marx lo nombrará “sustancia social”, y ésta sustancia social no es más que el trabajo objetivado en la mercancía. En su forma exterior observamos en la mercancía el precio, observamos la expresión del valor en dinero, pero en su interior, guarda el trabajo objetivado que proporcionó el trabajo vivo, el trabajador. [5]

Lo que le da valor a los objetos que se comercializan es el trabajo que se incorpora, pero no cualquier trabajo, aclara Marx, sino trabajo social:

Cuando consideramos las mercancías como valores, las consideramos exclusivamente bajo el solo aspecto de trabajo social realizado, plasmado, o si prefieren, cristalizado. Así consideradas, sólo pueden distinguirse las unas de las otras en cuanto representan cantidades mayores o menores de trabajo... [6]

Se objetará a Marx: ¿cómo medir las cantidades de trabajo cristalizadas? Marx responderá que por el tiempo que dura el trabajo. ¿Pero cuál es el cálculo que el empresario realiza para determinar el salario que pagará por la compra de la fuerza de trabajo?

Una mercancía se descompone en salarios, costos de reposición de materias primas y maquinaria y en la ganancia. Los salarios, dinero que se paga por el tiempo de trabajo, es la parte que corresponde al trabajador, pero no al producto de su trabajo, sino a la fuerza de trabajo que “libremente” dio al empresario a cambio de una determinada cantidad de dinero. La fuerza de trabajo será transformada en la fábrica capitalista en una mercancía más como cualquier otra, y no obstante será singular, es la única “mercancía”, que le permitirá al capitalista crear otros valores en forma de mercancías. [7]

Regresemos al esquema simple que habíamos enunciado para responder a la pregunta. En una mercancía “X” que puede ser elaborada en un lapso de 4 horas, representaría la objetivación del valor que se crea con la fuerza de trabajo. El trabajador dirá: “bueno, el salario por el que me pagan ha sido repuesto con mi trabajo en estas 4 horas”, sin embargo el capitalista compra, como una mercancía más, la fuerza del trabajo por 8 horas; si el trabajador “repone” su salario en 4, 2, 1 hora o menos, no es de interés central para el empresario, a éste le interesa más lo que se puede producir con el resto del tiempo. Al periodo de tiempo en que el trabajador cubre su salario, Marx le llamará “trabajo necesario”, y al otro periodo del le llamará “trabajo excedente”.

Es en el trabajo excedente donde reside la explicación y el origen de la ganancia del empresario capitalista. El capitalista compra la fuerza de trabajo, paga un salario al trabajador para que este no solo reponga su salario, sino que lo contrata para, que con el plustrabajo, produzca plusproductos en el plustiempo. El capitalista obtiene su ganancia de este excedente que no paga al trabajador, y este excedente, en su forma dineraria, es la plusvalía que más tarde se realizará en el mercado como capital. Esto es la explotación capitalista: la objetivación del trabajo vivo, objetivación de la vida de los trabajadores, “la fuente viva del valor” en trabajo acumulado, trabajo pretérito, muerto.

El capitalista buscará pagar el mínimo posible para que su ganancia sea el máximo posible; a esto que nombran “optimización de recursos” no es sino la afirmación de la existencia del capital a partir de la subsunción permanente del trabajo vivo, esto es, la vida del trabajador. ¿Y cuánto es el mínimo? Lo que el trabajador y sus condiciones de vida le permitan seguir de vivo. El salario es la cantidad de dinero necesaria para que la clase trabajadora (y su fuerza de trabajo) puedan subsistir y reproducirse, pero también es el resultado de la oposición del “derecho” y deseo del burgués a acumular capital y el derecho del trabajador a defender su existencia y su dignidad; el salario —que expresa el valor de la fuerza de trabajo y de su reproducción— es también una determinación de la lucha de clases

La explotación capitalista desde la periferia: América Latina y la plusvalía

La plusvalía es la diferencia entre el valor producido por el trabajador y el valor de su fuerza de trabajo; Marx indicó esto hace más de 150 años y no ha sido refutado. Salario, precio y ganancia, El capital, y el pensamiento de Marx en general, van más allá del siglo XIX. Se podrá objetar que sus estudios estuvieron centrados en el capitalismo europeo y que no tuvo presente los distintos mecanismos de perpetuación de la dominación y explotación capitalista Estas objeciones indican dos cosas: un desconocimiento del tema o una negación de la aplicación de las teorías de Marx en los países de economías dependientes o periféricas.

La principal obra de Marx quedó inconclusa, esto es sabido; sin embargo, no sólo en El capital mencionará a países periféricos latinos y orientales; en diversos textos como el Manifiesto, cuadernos de apuntes, circulares, correspondencias etc., estará presente los países del capitalismo periférico. ¿Por qué? Porque Marx ve en el desarrollo del capitalismo, desde su origen, una naturaleza propia que la lleva incesantemente a expandirse por todos los rincones del planeta, a perturbar las relaciones sociales de todo tipo para transformarlas en relaciones de producción basadas en el frío cálculo racional económico. La formación del mercado mundial es una necesidad del capitalismo para su realización, y la competencia es el principal resorte que lo impulsa.

El rol económico dependiente para América Latina en el mercado capitalista no fue un hecho fatal de la historia, fue una asignación de origen. El capital para su realización, además del mercado, necesita de materias primas, pero sobre todo de la fuerza de trabajo que posee el trabajo vivo; necesita de “personas libres” desposeídas de medios de vida, necesita de pobres. Sin pobres no hay clase trabajadora, sin clase trabajadora no hay fuerza de trabajo, sin fuerza de trabajo no hay valor, sin valor no hay mercancía, no hay ganancias y no hay plusvalía, el capital perece .

Para someter a la clase trabajadora y controlar los salarios, el capitalismo crea un enorme ejército de desocupados, un ejército industrial de reserva. Esta es una condición social necesaria e indispensable. En América Latina y en general en los países dependientes, a diferencia de Europa, la masa de desocupados adquirirá proporciones dramáticas: el desempleo y la pobreza serán enfermedad crónica. [8] La dependencia económica, desplegada desde la época colonial, desarrollada durante el llamado “periodo independiente” y exponencialmente profundizada en la fase imperialista, llevará a que las burguesías nacionales no puedan erigirse libremente como lo hizo la burguesía en los principales países de Europa ni desarrollar una verdadera revolución democrático-burguesa. El capitalismo periférico nace como un capitalismo enano, dependiente y reaccionario. Esta dependencia tendrá distintas expresiones, como la exportación de capitales a éstas y la transferencia estructural de capital (valor objetivado) hacia las economías centrales. La transferencia de capitales es el pago de la deuda externa.

Una doble explotación, por parte de las burguesías nativas y burguesías imperialistas será la realidad cotidiana de las mayorías latinas. Para que las burguesías locales logren no solo transferir, sino que también puedan acumular capitales, tendrán que intensificar las jornadas laborales al mismo tiempo que pagarán por su fuerza de trabajo salarios mínimos en extremo. La ganancia de los capitalistas se dividirá en tres partes: la reposición de costos en materias primas y salario, la ganancia propia y la ganancia que transferirá, en forma de deuda, a los capitalistas financieros. Esto no quiere decir que no exista gran burguesía latina, por supuesto que no, será con la ayuda del Estado como lograran consolidarse, e incluso, competir con las burguesías imperialistas. Los que acusan de corrupción, no comprenden que esto no es la excepción, sino la norma para amasar grandes riquezas.

Son estas condiciones estructurales las que explican porqué el salario en América Latina es muy bajo. Pero como habíamos dicho, el salario es una determinación de la lucha de clases, el aumento o la disminución dependerá de ésta en última instancia. Sin embargo, la lucha por mejores salarios no es la lucha final, hay que abolir el sistema de salarios. Ese es el espíritu de Marx en Salario precio y ganancia que queremos recuperar en esta reseña, y a la que invitamos a leer.

Toda lucha de clases “no es otra cosa que la lucha por la plusvalía”, decía el revolucionario ruso León Trotsky, y “quien posee la plusvalía es el dueño del Estado”, [9] el guardián en todopoderoso de la propiedad privada, aquella riqueza social generada por las amplias mayorías que es expropiada al momento de su creación. La disputa por aumentos de salarios, por mejores condiciones de vida es la reacción lógica ante un avance desproporcionado del capital sobre el trabajo; llevado hasta el final, es decir, hasta la abolición del sistema capitalista por medio de un gobierno de la clase trabajadora, significa la preservación de la vida, no solo de la clase trabajadora, sino también de toda forma de vida en el planeta. La “introducción de la razón en la esfera de las relaciones humanas” se hace más necesaria a medida que el capitalismo se muestra cada vez más incapaz de solucionar los males que engendra. Recuperar la dimensión ontológica y ética del ser humano, despojar a la técnica y la ciencia de las ataduras de la propiedad privada para ponerla en equilibrio con la naturaleza e iniciar la realización de una vida plena es la propuesta de Marx, y eso es el socialismo.

Portada de "Salario, precio y ganancia", Edición de 2010 del Instituto del Pensamiento Socialista.
 
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