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26 de octubre de 2021 Twitter Faceboock

Teatro
“Puras cosas maravillosas”: pararse frente al suicidio desde toda su complejidad
Ricardo Nieto

En medio de la crisis por Coronavirus se ha empezado a alertar sobre el riesgo de aumento en ideaciones suicidas, por lo que mencionar y discutir del tema se vuelve cada vez más urgente. Ésa es la intención de Puras cosas maravillosas, una obra de teatro que aborda la problemática del suicidio y que busaca aportar en la reflexión acerca del sentido y valía de la vida.

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En el último año la salud mental de miles de personas se ha visto afectada por la crisis sanitaria y económica. En estos tiempos marcados por la pérdida, ya sea de personas, empleo o estabilidad, encontrar razones para dotar a la vida de sentido y valía parece ser una tarea cada vez más complicada.

Según reportes de Instituto Nacional de Psiquiatría, en el último año han aumentado las consultas psiquiátricas y las llamadas de emergencia para atención psicológica. Las cifras hasta el momento indican un incremento en la conducta suicida. En México se han reportado suicidios vinculados con la pandemia provocada por Covid-19 y, particularmente, con el confinamiento y sus elementos asociados.

Sobre el problema del suicidio, habrá que empezar por advertir que es un tema complejo que no tiene causas sencillas de identificar ni soluciones facilistas. Es un proceso asociado a crisis emocionales multifactoriales y las causas son diversas.
La atención a la salud mental es un desafío arduo que parece tener muchos flancos.

Desde el aumento al presupuesto destinado a programas de atención y acompañamiento, hasta desarrollo de espacios de recreación y prevención. En ese sentido, es que toma relevancia que desde distintos espacios se problematice y enuncie el problema.

Puras cosas maravillosas es una obra que pretende aportar en la desafiante tarea de dotarle sentido a la vida. La obra busca interpelar al participante, que no espectador, a reflexionar sobre esas cosas que dan sentido y valía a la vida. En la sala de espera de un hospital, mientras aguarda noticias sobre la salud de su mamá que, en palabras de su padre “ha comedido una tontería”, un niño empieza a enlistar las cosas maravillosas que hay en el mundo, y por las cuales vale la pena vivir: “Uno: helado; dos: guerras de agua; tres: irse a la cama tarde…”

La obra es un constante diálogo, entre el único actor y los asistentes. Se exponen las distintas visiones, la del niño, adolescente y adulto en una historia que el mismo público va ayudando a contar y experimentar, por lo que se pueden contar tantas historias distintas como funciones se presenten. Sin embargo el objetivo se mantiene, la lista busca interrogar a cada participante, ¿Qué elementos agregarías a esta lista? ¿Cuáles de los que se han mencionado también agregarías?

Pablo Perroni, quien da vida al personaje ha resaltado la importancia de una frase en la obra: “si vives mucho tiempo y llegas al final de tu vida sin haberte sentido terriblemente deprimido, por lo menos una vez, es probable que no hayas puesto atención”. Con ello trata de revertir el sentimiento de soledad y aislamiento que puede sentir la persona deprimida, y que perciba la situación como un momento temporal de la vida que debería superarse.

Pero, la depresión ¿es inevitable? Es decir, ¿es un estado mental inherente al ser humano?, y por lo tanto normal o “natural”. Otra vez, no hay respuesta sencilla. Sin embargo parece ser que la respuesta no tiene que ver tanto con la naturaleza del ser humano como con las condiciones de vida y de existencia de éste. En ese sentido, si se admite una relación entre la crisis por COVID y el aumento en las ideaciones suicidas entonces vale la pena ahondar en cada uno de los factores que pudieran estar involucrados en esta asociación.

Innegablemente, uno de los principales elementos radica en la crisis económica global. Según la Organización Internacional del Trabajo, se estima la pérdida de casi 25 millones de empleos. América Latina tiene una pérdida de 18.3% de horas laborales registrada. Chile, Brasil, Colombia y México son los países más afectados. El sistema capitalista se ha visto desmitificado frente a una realidad que evidencia sus contradicciones. Los más ricos siguen multiplicando sus riquezas acosta del aumento de la pobreza a nivel global.

Para una juventud que ha crecido a la sombra de la crisis económica mundial, las consecuencias de la crisis del coronavirus plantean un doble desafío. El suicidio es la segunda causa de muerte entre jóvenes de 15 y 29 años. Jóvenes que, además de enfrentar la precarización y nula estabilidad laboral han visto minadas sus oportunidades de recreación y formación durante el confinamiento.

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Todas estas cifras se encarnan en distintas historias de vida y tienen impactos no solo en el aumento de padecimientos, sino en las dificultades para acceder al sistema de salud. La constate preocupación y miedo a enfermar en un sistema de salud público decadente, la angustia de no encontrar trabajo, en un sistema que se presume “meritocrático”, conllevan a la alteración en el autoconcepto y autoestima, estrés exacerbado, desestabilización emocional y sentimientos de vergüenza, culpa y frustración que están asociados con ideas y gestos suicidas.

El sistema capitalista, al asentarse sobre la base de la propiedad privada y la competencia entre los individuos, también condiciona y enmarca las vidas privadas y las formas de relacionarse de estos. Las separaciones y rompimientos, aumentaron durante el confinamiento y esto ha provocado que muchas personas se perciban solas, padeciendo cuadros severos de ansiedad y depresión. Sumado a eso, el confinamiento incrementa el riesgo de vivir o ser testigo de violencia intrafamiliar y abuso sexual, sobre todo hacia las mujeres y niños.

Es de vital importancia que el Estado garantice tareas de investigación, atención y acompañamiento en temas de salud mental, para que no sean solo las personas que pueden costear un tratamiento y acompañamiento psicológico los que accedan a él. Lo anterior se convierte en una medida urgente pues se prevé que las implicaciones sociales de la pandemia perduren por mucho más tiempo aún después de que se puedan controlar los contagios.

De ahí la importancia de garantizar un buen sistema de salud público y el acceso a la cultura, deporte y recreación para la juventud. Un plan integral que no solo contenga sino que prevenga el problema del suicidio. Pese a esta imperiosa necesidad por atender la salud mental, los recursos asignados anualmente a este sector han sufrido un recorte presupuestal en promedio del 2.7% en el mundo. En México, el presupuesto de inversión pública en salud mental se encuentra muy por debajo del promedio de los países más ricos e, incluso, de otras naciones en América Latina.

La enfermedad y la muerte nos recuerdan la fragilidad del ser humano, pero también la vulnerabilidad a la que se enfrenta gran parte de la población debido a la pobreza en la que se encuentran, o bien, por el acceso limitado a los servicios sanitarios.

El suicidio está lejos de desaparecer como una problemática mundial. Incluso si se garantizan condiciones dignas de vida no se puede asegurar que de manera mecánica se acabe con las ideaciones suicidas y la depresión. La vida y mente humana son mucho más compleja que eso. En palabras de la Doctora Érika Benítez Camacho, miembro de la Asociación Psiquiátrica Mexicana y de la Academia Nacional Mexicana de Bioética: “Podemos suponer que el sufrimiento de aquel que presenta algún gesto suicida es elevado, y que seguramente atraviesa por problemáticas emocionales y crisis de vida que le suponen un cuestionamiento sobre el sentido de su existencia. Reconocerlos como personas con dignidad intrínseca e inalienable es fundamental, pero lo es también atender su salud física y mental.”

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Regresando a la obra de teatro, evidentemente cumplió su objetivo al menos en uno de sus participantes al interpelar a quien escribe este artículo y motivarlo a reflexionar e investigar sobre el tema del suicidio y la depresión.

Frente a los intentos suicidas de su madre, el joven protagonista de la obra alarga la lista conforme va creciendo. Los placeres y diversiones del niño van madurando y los elementos de la lista se vuelven cada vez más específicos. El joven se enamora, y vive “cosas maravillosas” que van aumentando el tamaño de la lista. Una ventana a la esperanza, que en lo individual es una reflexión necesaria, y según las propias palabras del actor “es mi manera de hablar sobre el tema, de las cosas que me interesan hablar: salud mental, depresión, suicidio, de esta manera creo que con la risa es mucho más fácil abrir el tema”. Una voz que desde su propia trinchera en el teatro, invita a la discusión del tema, a que se le visibilice y se atienda una realidad cada vez más abrumante.

Para quien se haya convencido de asistir a la obra, cabe señalar que no hay algo así como un final feliz en la obra. Ni tampoco se encontrarán con una lista acabada de las cosas maravillosas que hay en el mundo. Así como la obra, este artículo tampoco busca exponer la manera última de acabar con la depresión y la desesperanza; pero es un intento para hacernos reflexionar sobre las medidas mínimas que se deberían garantizar en tiempos tan complicados como los que se viven.

Es urgente poner sobre la mesa medidas para superar la pandemia y que la crisis no caiga sobre los hombros de los más desposeídos. Garantizar que ninguna persona sea despedida ni cobre menos de lo correspondiente a la canasta básica, así como reducir el tiempo de la jornada laboral y repartir el trabajo entre ocupados y desocupados.

El Helado, sin duda, es una cosa maravillosa, pero qué decir de la solidaridad, el apoyo mutuo y la valentía de los trabajadores de la primera línea en la lucha contra el COVID. Todo esto aun siendo un sector vulnerable al suicidio debido a las cargas excesivas de trabajo. O de la solidaridad que se deja ver entre sectores de la población que han perdido empleo y siguen adelante gracias al apoyo de vecinos o familiares.

Un tema que no estará agotado en los próximos años, y del que habrá mucho que decir y analizar en los próximos meses. La vida tiene innumerables cosas maravillosas, y claro que merece ser vivida. Para quienes luchamos por transformar el mundo de raíz se puede resumir en una sentencia…
“La vida es hermosa que las futuras generaciones la libren de todo mal y opresión y la disfruten plenamente” L. Trotsky

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