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10 de mayo de 2021 Twitter Faceboock

ELECCIONES 2021
Pandemia y elecciones
Aldo Santos

El gobierno federal, que impulsa la llamada “cuarta transformación”, ha logrado sortear hasta ahora, no sin desgaste pero al parecer con pocos costos políticos, la complicada situación nacional generada por la pandemia y la crisis económica.

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Éstas han golpeado duramente al pueblo trabajador, quien votó en su mayoría al Morena en el 2018 con la esperanza de un “cambio verdadero”, que de fondo no se ha dado. Con una oposición neoliberal sumamente desprestigiada, las elecciones de junio expresarán (aunque sea distorsionadamente) la percepción social del gobierno de la 4T, a dos años y medio de haber iniciado.

¿Declina la pandemia?

Luego de un inicio de año en el que la pandemia repuntó en muchas partes del país, con fatales consecuencias para los sectores más vulnerables, se decretó el cambio de semáforo rojo a naranja en la Zona Metropolitana del Valle de México, a partir de un supuesto descenso paulatino en el número de hospitalizaciones, contagios y fallecimientos.

El contagio del presidente y del subsecretario de salud, Hugo López Gatell (que tuvo que ser hospitalizado), quienes desde el principio subestimaron la gravedad de la pandemia, mostraron que ésta podía llegar hasta la cúpula del poder político. Obviamente, estos personajes no tuvieron que padecer el viacrucis de los cientos de miles de contagiados de escasos recursos para recibir atención médica, ni morir buscando un hospital como muchos.

Más allá de las estadísticas oficiales, nuevamente fue evidente la presión de los empresarios para apurar la reapertura, bajo la consigna “reabrir o morir”. También pesaron las exigencias del imperialismo y las trasnacionales que se benefician del T-MEC.

Por su parte, los gobiernos federal y estatales apuran el regreso a clases presenciales en diversos estados del país, conscientes de la importancia que tiene este sector para imponer la “nueva normalidad”, mientras los dueños de escuelas privadas presionan para que éstas se abran ya (aunque la SEP los conminó a esperar el semáforo verde), envalentonados por las múltiples concesiones que AMLO les hace a los empresarios.

Las perspectivas sanitarias siguen siendo sumamente inciertas, tanto por la posible dinámica del virus y sus mutaciones, como por las consecuencias que puede tener la imposición de las necesidades empresariales sobre la salud y la vida de los sectores populares, como ya vimos el año pasado.

De hecho, la Secretaría de Salud ya anticipa un posible nuevo repunte de la pandemia en México luego de Semana Santa, lo que le permitirá “lavarse las manos” y responsabilizar por ello a la población.

Mientras tanto, el gobierno federal reinició la campaña de vacunación contra el Covid-19, en medio del escándalo mundial por la inequitativa distribución de las vacunas y su acaparamiento por un puñado de potencias imperialistas, como parte de la disputa comercial que mantienen las grandes farmacéuticas para lucrar con la pandemia.

Ante la falta de personal suficiente, las autoridades sanitarias y universitarias de diferentes instituciones convocaron a docentes, estudiantes y pasantes, como “voluntarios” para llevar a cabo esta campaña sin el debido reconocimiento laboral, como ya se ha hecho costumbre en muchas actividades del sector público, dando cuenta de cómo la precarización laboral en sectores esenciales continúa en plena pandemia.

En resumen, el gobierno de la 4T ha salido relativamente bien librado hasta ahora de la pandemia, argumentando que está haciendo todo lo posible para superar la crisis sanitaria y económica, luego del desastre que dejaron los gobiernos neoliberales. Pero no puede decirse lo mismo del pueblo trabajador, que ha padecido las muertes, los contagios, los despidos, las rebajas salariales y la precarización, como consecuencia de la pandemia, la crisis y la sed insaciable de ganancias de los empresarios, con los que AMLO busca siempre conciliar.

Disputa electoral

La carrera abierta hacia las elecciones de junio muestra una gran polarización entre las dos coaliciones de los partidos del régimen que se formaron. Una, la de los partidos “opositores” nucleados en la coalición Va por México (PRI, PAN, PRD), con la que buscan preservarse y recomponerse de su profunda crisis a partir de una alianza oportunista que los exhibe como defensores del neoliberalismo y de los intereses empresariales.

Mientras el Morena busca fortalecerse y consolidar su hegemonía política junto a sus aliados (PT, PES, PVEM, RSP, PANAL, algunos de ellos antes satélites del PRI), para continuar con el proyecto de la 4T. Éste ha significado mucha retórica contra el “antiguo régimen” por neoliberal y corrupto, combinada con programas sociales que se legislaron como “derechos constitucionales”.

Sin embargo, en relación a las reformas estructurales neoliberales, que significaron una mayor concentración de capitales, dependencia del imperialismo y un cambio en las relaciones obrero-patronales desfavorable para los primeros, ha habido nulos cambios sustanciales. Por el contrario, se imponen nuevas medidas de “ajuste” (como despidos, rebajas salariales y precarización), contra los trabajadores de los sectores público privado.

La 4T combina medidas que se presentan como “progresistas”, como el reciente aumento del salario mínimo o la propuesta de regular el outsourcing (preservándolo), con otras claramente regresivas, como la resolución de la Suprema Corte de valuar en UMAS las pensiones máximas de los jubilados del sector público, depreciándolas significativamente, lo que está despertando mucha inconformidad.

La reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, presentada por AMLO como tendiente a recuperar la “soberanía energética” (mientras mantiene la participación privada en este sector estratégico), ha generado expectativas populares, así como la reacción contraria de algunos sectores de la gran burguesía y del gobierno de Estados Unidos. Lo cual, por otra parte, deja el problema ambiental sin solución, al no proponerse la expropiación de las empresas privadas generadoras de “energías limpias” ni el desarrollo público de este sector.

Esto en un contexto económico que viene de la peor caída desde los años 30, que ya generó 10 millones de nuevos pobres y otro tanto de pobres extremos. Si bien ya se registra una cierta reactivación económica, muy limitada, tendrán que pasar años antes de que se recuperen los ya de por si modestos niveles de crecimiento previos a la pandemia, lo que dependerá también de la dinámica de la economía internacional y en especial de la de Estados Unidos.

Volviendo al tema electoral, la definición de las candidaturas del Morena y su política de alianzas ha expresado las divisiones que hay al interior del partido en el poder (dado el conglomerado de grupos de poder que lo integran, como exponentes del viejo sistema político), desatando protestas de militantes en diversas entidades contra las imposiciones de su dirección nacional o estatal.

Entre los casos más sonados está el de Félix Salgado Macedonio, postulado para gobernador de Guerrero, a pesar de haber sido denunciado por violencia sexual. Ante lo cual el presidente respondió diciendo que “ya chole”, lo que en los hechos significó la defensa del tan cuestionado personaje, indignó justamente al movimiento de mujeres y finalmente llevó a que la Comisión de Honor y Justicia del Morena lo retirara de la candidatura.

Si bien el Morena y sus aliados no tienen asegurado un resultado totalmente favorable en la disputa electoral (algunas encuestadoras pronostican que podrían perder en algunos estados del norte), viene avanzando en varios estados, como Nuevo León y Sinaloa. Además, en Chihuahua el PAN atraviesa una severa crisis interna y, en Tamaulipas, el gobernador Francisco Javier Cabeza de Vaca enfrenta el riesgo de desafuero por lavado de dinero. Por lo que es muy probable que la coalición oficialista conquiste nuevas gubernaturas y resulte triunfadora en términos generales.

Esto significaría un cambio en el mapa político del país, pues al menos algunos de los estados industriales dominados durante décadas por el PRI y el PAN pasarían a manos del Morena, obligando a establecer un nuevo pacto entre los gobernantes y legisladores de este partido y los patrones en la región fronteriza.

Sin embargo, aunque se fortalezca como partido hegemónico del régimen político (conquistando posiciones que no tenía previamente), es probable que la votación por el Morena no exprese el mismo entusiasmo y esperanza que en el 2018, sino que un sector cada vez más desencantado lo vote como “mal menor” frente a la derecha opositora pero con menos convicción, al hacerse cada vez más evidentes los rasgos conservadores y proempresariales del partido en el gobierno.

Por una alternativa política de los trabajadores, independiente del gobierno y los partidos patronales

No han dejado de expresarse procesos de resistencia y lucha de la clase trabajadora, aunque atomizados. Como en el sector salud, el magisterio en algunos estados y otros gremios del sector público. También entre los trabajadores de las maquiladoras y otras industrias.

El 21 de febrero se cumplió un año de la huelga del Sutnotimex sin una respuesta favorable de la patronal-gobierno, que continúa su campaña de agresiones contra el sindicato. Por su parte, las y los trabajadores de Interjet ratificaron su huelga, que lleva ya varias semanas; mientras que en Aeroméxico, las direcciones sindicales afiliadas a la UNT aceptaron el chantaje patronal y dejaron pasar el ataque al Contrato Colectivo de Trabajo.

Las principales direcciones del movimiento obrero y popular mantienen su tregua con el gobierno de la 4T y se niegan a movilizarse, demostrando que su “antineoliberalismo” es solo de palabra pues no están por terminar realmente con el esclavista outsourcing ni con las demás medidas antiobreras.

Los dirigentes charros de las diferentes centrales sindicales, en su mayoría, se están posicionando del lado de la coalición oficialista rumbo a las elecciones. Mientras el partido en el poder busca cooptar a referentes del movimiento obrero y popular, como muestra el caso de uno de los padres de los 43 de Ayotzinapa y el de Susana Prieto, quienes se postularon como candidatos del Morena.

Ante este panorama, es necesaria la coordinación de todas las luchas para que no queden aisladas y triunfen. A la par, para hacer retroceder los ataques contra nuestros derechos, hay que impulsar la más amplia unidad y movilización de las y los trabajadores, junto a nuestros aliados del campo y la ciudad. Por eso, las bases de los sindicatos que se reivindican democráticos, como los de la UNT y la NCT, deben exigirles a sus dirigentes movilizarse en contra de los despidos, el outsourcing y la precarización laboral, tanto en el sector público como en el privado, uniendo a los trabajadores de base, precarios y jubilados, como parte de un Plan Nacional de Lucha.

Al calor de estas luchas necesitamos construir nuestra propia alternativa política, un partido de trabajadores socialista y revolucionario, independiente del régimen y de los partidos empresarios, oficialistas u "opositores", para no tener que limitarnos a elegir el "mal menor" en el marco de este régimen antidemocrático y hambreador. Esa es la perspectiva por la cual luchamos desde el MTS, y por lo que impulsamos recientemente una candidatura independiente, anticapitalista y socialista, junto a otras organizaciones de izquierda.

 
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