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15 de mayo de 2021 Twitter Faceboock

ANÁLISIS
Corrupción y explotación capitalista
Bárbara Funes | México D.F | @BrbaraFunes3

En los últimos tiempos, en distintos países latinoamericanos salieron a la luz escándalos de corrupción: Chile, Perú, Guatemala, Honduras, México. ¿Cuál es el hilo conductor? Abordaremos aquí la relación entre corrupción y capitalismo.

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En Honduras y Guatemala los casos de corrupción con millonarias estafas a los institutos de seguridad social, en los cuales están involucrados los presidentes Juan Orlando Hernández (Honduras) y Otto Pérez (Guatemala), provocaron gran indignación. El descontento se expresa en las calles: se han puesto en pie movimientos que piden la condena a los responsables y la renuncia de los presidentes.

Por otro lado, en México, se dio el destape de los tráficos de influencias y corrupción donde están involucrados Peña Nieto y otros funcionarios –con casos como el de la Casa Blanca de Angélica Rivera, la mansión en Malinalco de Luis Videgaray, secretario de Hacienda y el escándalo de OHL y el gobierno del Estado de México, por citar sólo los más destacados. Estos casos se dieron a conocer en el marco de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, y provocaron gran descontento.

¿Qué mecanismos tiene la corrupción?

Un alto funcionario de gobierno recibe millonarias sumas de dinero o bienes valuados en millones de dólares a cambio de otorgar licitaciones de contratos por bienes o servicios a empresas privadas.

Hay aquí una transferencia de riqueza de manos de capitalistas privados a funcionarios públicos que aprovechan su gestión para engordar las arcas de sus fortunas personales. A esto se suma los altos salarios y prestaciones que perciben los funcionarios públicos en comparación con la mayoría de los trabajadores. A su vez las empresas reciben como beneficio realizar negocios más redituables.

Así se ve a las claras la base material de la clase política y cuál es el beneficio (incluso personal) que obtiene de gobernar al servicio de los grandes empresarios y los gobiernos más poderosos del orbe.

La función del Estado en el capitalismo

En la actualidad, el Estado en México y Centroamérica se ha centrado en aplicar los planes neoliberales y el TLC –la razón de la miseria en la vive sumergida la mayoría de la población– junto con el despliegue de la militarización, que provocó cientos de miles de muertos, desaparecidos y desplazados en toda la región.

Los Estados cumplen la función de gobernar para los magnates y las trasnacionales. Impulsan leyes creadas para beneficiar a las grandes empresas, para precarizar la mano de obra, pero nada para paliar las grandes necesidades del pueblo trabajador y los sectores populares. Quien gobierna es la clase política.

Al decir de Lenin, en su texto “Sobre el Estado”, de 1919, “el Estado es en realidad un aparato de gobierno, separado de la sociedad humana. Cuando aparece un grupo especial de hombres de esta clase, dedicados exclusivamente a gobernar y que para gobernar necesitan de un aparato especial de coerción para someter la voluntad de otros por la fuerza -cárceles, grupos especiales de hombres, ejércitos, etc.-, es cuando aparece el Estado.”

Años después, León Trotsky en su artículo “A noventa años del manifiesto comunista”, de 1937, parafraseó a Marx: “El gobierno del Estado moderno no es más que una Junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”. Y podríamos agregar que administra la expoliación de los países subordinados económicamente a Estados Unidos y las grandes potencias europeas (Alemania y Francia).

En México, el gobierno de Peña Nieto impulsó la reforma energética, que implica la entrega de los hidrocarburos a las trasnacionales. Y los partidos del Congreso, Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Partido Acción Nacional (PAN) aprobaron la iniciativa del presidente. Mientras tanto, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que había sido parte del Pacto por México, posaba de opositor, pero su propuesta para impedir la aprobación de la reforma energética era realizar una consulta popular, no vinculante, para que la población del país se pronunciara a favor o en contra de la reforma energética. Un planteo similar al que realizó el Morena de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Acumulación, fraude y robo


Las raíces de la corrupción son más profundas en la historia del capitalismo. La acumulación originaria, el proceso por el cual se separó a los productores de sus medios de producción, estuvo fundada en la violencia. En Europa se trató de la expropiación de la tierra de los pequeños propietarios y los arrendatarios de propiedades de la Iglesia, como explicó Marx en El Capital.

En América se trató del despojo de tierras y recursos mediante el aniquilamiento de pueblos enteros. Y quienes sobrevivieron a la conquista, fueron sojuzgados por las potencias europeas (España, Holanda, Inglaterra, Francia) y por la Iglesia: se los esclavizó, se intentó borrar los rastros de su cultura, se les impusieron la encomienda y otras formas de explotación.

Contra el sentido común que dice que siempre los ricos fueron ricos, en realidad, las élites millonarias tuvieron así su origen: sobre la base del fraude, del robo, del genocidio, de la violencia en todas sus expresiones.

Hoy el desvío de fondos públicos a través de la sobrefacturación de equipo médico que el Instituto Hondureño del Seguro Social compró a empresas privadas es un fraude que incrementa los fondos del capital privado en detrimento del erario público. En el caso de México podemos citar el caso de sobornos por parte de la Constructora OHL al gobierno mexiquense en las obras del Viaducto Bicentenario. En ambos casos, las empresas obtienen más ganancias gracias al desfalco cometido contra estados nacionales.

Explotación capitalista: robo de trabajo

Pero no todo es desvío de recursos públicos. El modo de producción capitalista está fundado en el robo “legal” de trabajo ajeno. Veamos.

Todos los bienes y servicios que se producen en el mundo tienen en común el trabajo humano invertido en ellos: ahí reside su valor. Un trabajador o una trabajadora rentan su fuerza de trabajo al capitalista a cambio de un salario que les permita subsistir. El “secreto” de la ganancia es que con sólo una parte de la fuerza de trabajo con la que los obreros producen mercancías, su reproducción (la capacidad de levantarse cada día e ir a laborar) ya está garantizada. Es el trabajo “necesario”. El resto, el trabajo “excedente”, se lo apropia el capitalista.

Por ejemplo, los trabajadores de las automotrices en México reciben como salario una ínfima parte de las multimillonarias ganancias que obtienen Honda, Mazda, Volkswagen, entre muchas otras trasnacionales.

Se trata de un robo naturalizado por el inmenso aparato ideológico de la burguesía: Iglesia, instituciones educativas de todos los niveles, los medios masivos de comunicación, intelectuales que sirven al empresariado internacional.

El capitalismo es irreformable

Algunos políticos como Andrés Manuel López Obrador, del partido Morena, en México, se postulan a sí mismos como campeones contra la corrupción. Para él la solución es que personas honestas ocupen los cargos públicos, y donar parte del salario para gasto social.

¿Pero esto en sí mismo, manteniendo el peso del pago de la deuda externa sobre la nación, garantizará el pleno acceso a salud, a educación y a vivienda del conjunto de las y los trabajadores y los sectores populares? Si no hay una ruptura con el imperialismo estadounidense, ¿se puede cambiar la perversa relación entre la clase política y las trasnacionales?

¿Con salarios millonarios para los funcionarios de gobierno se puede terminar con la corrupción? En Argentina y en Brasil se está proponiendo que los funcionarios ganen lo mismo que un maestro o un trabajador: esto es parte de una propuesta para enfrentar en forma radical la corrupción, que debe orientarse hacia atacar el conjunto del estado capitalista. Es el camino para un cuestionamiento de raíz a las instituciones de la democracia para ricos y a la explotación y la opresión de este sistema de hambre y muerte.

 
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