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24 de octubre de 2020 Twitter Faceboock

AMÉRICA DEL NORTE
Neoliberalismo del siglo XXI: Arranca el T-MEC en medio de la pandemia
Bárbara Funes | México D.F | @BrbaraFunes3

Este 1 de julio entra en vigor el T-MEC. En México todos los partidos del Congreso aprueban las leyes secundarias del tratado. La subordinación a las exigencias del imperialismo estadounidense y las trasnacionales es su denominador común.

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El Morena y sus aliados del Partido Encuentro Social y del Partido del Trabajo hicieron las paces con el PRI, el PAN y el PRD para aprobar unánimemente las leyes secundarias del T-MEC. Los roces ante las elecciones de 2021 entraron en pausa.

Son seis las leyes secundarias reglamentarias del acuerdo que reemplaza al TLCAN: la Ley Federal de Innovación Industrial, Ley de Infraestructura de la Calidad, Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación, reformas a la Ley Aduanera, al Código Penal para “proteger” derechos de propiedad intelectual y Ley Federal de Derecho de Autor.

El T-MEC implica condiciones aún más ventajosas para Trump, quien usará la implementación del nuevo tratado para posicionarse ante su base electoral de cara a las elecciones presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos.

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Diputados y senadores se aplican para que el presidente López Obrador lleve pruebas de la sumisión de los partidos del Congreso ante el amo estadounidense, aunque con la recesión mundial acelerada por la parálisis de buena parte de las actividades económicas del mundo, según especialistas es difícil que el T-MEC dé los réditos que esperan los gobernantes.

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Mientras el Banco de México pronosticó una contracción económica de 8.8% para este año, la expectativa del FMI es aún más sombría: 10.5%.

Con todo y pandemia, a López Obrador no le tembló el pulso para poner en riesgo la vida de millones de trabajadoras y trabajadores de la industria. Para complacer a las trasnacionales y a Trump, estableció que la industria automotriz, la aeroespacial, de la construcción y la minería son actividades esenciales. Esto mientras al norte del Río Bravo desde la Casa Blanca buscan también reactivar la industria, con nefastas consecuencias para la multiétnica clase obrera estadounidense, que ya ha salido a protestar contra estas medidas desde el inicio de la expansión de la covid-19.

Así, López Obrador pasó de su discurso contra el neoliberalismo, que generó ilusiones en amplios sectores de la clase trabajadora y los sectores populares, a promover e implementar un acuerdo que moderniza a un pilar de los planes neoliberales, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, conocido también como NAFTA por sus siglas en inglés.

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Otra integración es posible

La enorme cadena de valor desarrollada en América del Norte hoy produce las mercancías que los empresarios y sus CEO’s consideran que les dejarán más ganancias. Sin embargo, todo ese aparato productivo podría ponerse al servicio de las necesidades sociales de la clase trabajadora y los sectores populares de toda América del Norte, evidenciadas agudamente con la propagación de la covid-19.

Por ejemplo, fabricar todos los insumos necesarios para combatir la pandemia: materiales de construcción para hospitales, medicinas, insumos médicos como los equipos de protección personal, productos desinfectantes, alimentos y bebidas saludables, transporte público para terminar con el hacinamiento en los traslados, viviendas para los sectores populares, con las normas de construcción que las hagan aptas para resistir desastres naturales como sismos, inundaciones y tornados y dejar atrás la pesadilla del hacinamiento de familias numerosas en espacios pequeños.

Un primer paso en ese sentido, debería ser la expropiación y producción bajo control de las trabajadoras y los trabajadores de toda fábrica que cierre, despida o suspenda durante y después de la pandemia, que tendría que ser reconvertida en función del interés social.

Para avanzar en en el camino que planteamos más arriba, es necesario levantar una perspectiva claramente anticapitalista, que apunte a la planificación de la economía regional en beneficio de las mayorías, y en la integración política, social, económica y cultural de la población de la región, una Federación de Estados Unidos Socialistas de América del Norte.

Una integración del conjunto de la capacidad industrial instalada cuyo objetivo sea producir los bienes que satisfagan las necesidades básicas del conjunto de la población: infraestructura urbana y rural, con prioridad en el sistema de salud público, transporte público no contaminante, energías limpias, vivienda, vestido, alimentos, medicinas, servicios de comunicación públicos, que estén al alcance de las mayorías. Que todas las personas en edad de trabajar lo hagan en condiciones dignas, con una jornada laboral reducida para poder dedicar tiempo a la actividad física, al esparcimiento, a la educación.

La producción industrial y energética se podría planificar de manera tal de preservar el medio ambiente y contribuir a la recuperación de los ecosistemas dañados por accidentes industriales –entre ellos los derrames de petróleo–, para las generaciones futuras. En la producción agrícola no sería necesario utilizar agrotóxicos y se podría abolir el trabajo esclavo o precarizado de millones de jornaleras y jornaleros. La producción agropecuaria podría dejar atrás el modelo de hacinamiento y producción a escala industrial que genera el ambiente propicio para el pase de virus desde los animales a los seres humanos, y podría adoptar modelos que minimicen la alteración del medio ambiente. Niñas, niños y jóvenes en toda la región podrían acceder a la educación básica, media y superior.

El poder de la clase trabajadora unida más allá de las lenguas y el color de piel podría establecer una región sin fronteras, donde exista el libre tránsito a través de los países de la región.

Ese camino requiere, en primer lugar, desarrollar el antiimperialismo y el internacionalismo, en particular al interior de los Estados Unidos y en el seno de la clase obrera, ya que -como decía Carlos Marx- no hay pueblo que pueda ser libre si oprime a otro.

Sobre esa base se podrá construir una sociedad donde cada ser humano pueda elegir donde vivir, educarse, trabajar; y aportar así al desarrollo de una sociedad de productores libres asociados, la única que puede terminar con las miserias del capitalismo y hacer posible el pleno desarrollo de la humanidad en todos los ámbitos.

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