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CINE // CRÍTICA CULTURAL
Marriage story y la tradición del drama familiar
Matías Matonte

Estrenada hace solo unos meses y nominada a mejor película para los premios Óscar de este año, Marriage story se inserta en la extensa tradición cinematográfica del drama familiar.

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Desde King Lear y A Midsummer Nights Dream de Shakespeare, la tradición teatral y cinematográfica del drama familiar ha sido rica y copiosa, ya sea en tragedias, comedias o dramas.

En los últimos cuarenta años el cine ha dado algunas producciones relativamente importantes en este subgénero, a la hora de crear diferentes poéticas, tanto de las relaciones erótico-afectivas como de las relaciones familiares, desde la célebre Kramer vs Kramer hasta Marriage story, pasando por The Squid and the Whale, y las divertidas comedias Mrs. Doubtfire, It´s Complicated, Crazy, Stupid Love, etc.

Scarlett Johansson y el empoderamiento metadramático

La película consta con los protagónicos estallantes de Adam Driver y Scarlett Johansson; por primera vez desde Match Point, podemos disfrutar de una interpretación de la actriz donde existe un real aprovechamiento de su potencial escénico; después de dejar atrás el vulgar y aburrido mundo del universo Marvel y de la caricatura "épica" de las películas de los Avengers, Johansson vuelve a desempeñar un rol dramático serio y complejo.

Incluso, después de quince años de su papel en su primera película dirigida por Woody Allen, la actriz ha renovado su ethos dramático, deconstruyendo el "sex symbol" constituido en Match Point y planteando en esta película una personalidad actoral propia y con otros atractivos, además de su innegable belleza.

En esta ocasión la ironía metadramática de Marriage Story, consiste en que Nicole Barber es una actriz con un recorrido análogo al realizado por la misma actriz Scarlett Johansson, en el caso de su personaje en la película desde producciones estereotipadas de la adolescencia femenina en Hollywood hacia su realización como brillante actriz de teatro vanguardista en Nueva York.

La película también aborda de forma compleja el proceso de conflictuación de Nicole Barber, que la lleva a divorciarse y en su transcurso replantearse la tensión en su relación entre su vida en pareja con Charlie (Adam Driver) y su expectativas profesionales y de realización profesional en el mundo del cine, desde su posición femenina de subalternidad.

La jauría de los abogados

El proceso de la separación entre ambos personajes halla su principal cuota de realismo social en el retrato del mundo jurídico que media en la ruptura amorosa, por un lado Alan Alda interpreta al abogado "bueno", que empatiza con su cliente y la situación general y entiende los perversos mecanismos de la superestructura jurídica, su opuesto es el abogado representado por Ray Liotta: prepotente, arrogante y codicioso; sin ningún tipo de consideración por las relaciones afectivas en juego.

Un poco menos mezquina resulta la abogada interpretada por Laura Dern, que asume en la película no tanto la postura feminista, sino más bien la impostura feminista, y que a pesar de sus intenciones con Nicole, tampoco logra empatizar ni con Charlie ni con la realidad de conjunto.


Adam Driver y una poética de la paternidad

El otro protagonista de esta historia de ruptura matrimonial es Charlie Barber, interpretado por Adam Driver, actor debutante en la serie Girls de HBO, y catapultado a la fama en su papel de Kylo Ren/Ben Solo en la última trilogía de Star Wars que dio culminación a la totalidad de la saga.

En este caso Driver retrata en el personaje de Charlie Barber a un director de teatro vanguardista de Nueva York, que transita la separación con su esposa, bajo el incisivo cuestionamiento de sus privilegios y los sutiles grados de dominación y manipulación en su relación con Nicole.

A pesar de escenas de cierta violencia dramática como la fuerte discusión en la casa de Charlie en Los Ángeles, el indudable momento de pathos y catarisis en la historia de ambos personajes, no obstante la poética de la paternidad plasmada en la resolución de la película es de una ternura conmovedora.

Las escenas finales son de una sutileza emocional inmejorables, el momento emotivo en que Charlie junto a su hijo leen la carta de su madre, o incluso el simbolismo del último plano de Nicole y Charlie, nos dejan con la sensación de haber vivido la experiencia poética de un drama familiar, profundo y humano.

 
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