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Miércoles 21 de Agosto de 2019

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FILOSOFÍA
El arte como epifánica experiencia anticapitalista, Walter Benjamin y el aura
Sergio Abraham Méndez Moissen | México @SergioMoissens

Walter Benjamin escribió sobre el aura de la experiencia estética en "La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica".

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Está claro que esta nota tendrá varios detractores. ¿Cómo es que el arte en tanto experiencia estética es una epifanía anticapitalista?

Walter Benjamin escribió una teoría de la historia en sus famosas "Tesis" de 1940. Para Benjamín el capitalismo es la historia de una serie de acontecimientos catastróficos en el que los desposeídos hemos sufrido duras grandes derrotas: crisis, guerras, contrarrevolciones, genocidios. 

Según las "Tesis", este capitalismo que nos impone la excepción, entendida como la más de las crueles explotaciones para los trabajadores, los individuos y la naturaleza, ha "narcotizado", convencido a quienes vivimos en el sistema dominante con la idea de progreso: la confianza en que el futuro próximo, de acuerdo al desarrollo tecnológico y de la productividad de la sociedad, será más abundante nuestra experiencia de vida.

En otro texto, "Los pasajes de París", Benjamin diría que vivimos en un infierno pero que los capitalistas nos impusieron su ideología (la moda, el ocio, las ciudades museos, la publicidad, el cine, el romanticismo, la industria del entretenimiento) para que los explotados logremos hacer soportable este mundo lleno de suplicios.

Estamos, pues, medio dormidos en el camino del mundo del capital que nos explota; Benjamin definió en muchas ocasiones en que su teoría debía entenderse en una terapia del despertar histórico. El marxismo de Benjamin buscaba que los explotados reconocieran que están adormilados, medio dopados, casi a ciegas en el infierno del capital y de lo que se trataba era de despertar y abrir los ojos.

La historia para Benjamin jugaba un papel muy importante en ese despertar. ¿Cómo no indignarse al saber la historia de cómo los explotadores han ganado? 

El marxismo debía develar la explotación, iluminar la obscura catástrofe del sistema dominante. 

El papel del arte como epifanía anticapitalista

Ni todo el arte es epifánico. Ni todo el arte es anticapitalista. Para Walter Benjamin no todo el arte lograba transgredir las fibras del ser. Llegó a pensar que hay arte que lejos de hacernos despertar del reino del capitalismo hay experiencias estéticas que profundizan el sueño. La publicidad, un tipo de comercio de cosas, es embellecido estratégicamente para fomentar el narcótico de la ley del valor.

Benjamin decía que el arte en el capitalismo va perdiendo su aura: su experiencia epifánica. La epifanía es la aparición, manifestación o fenómeno a partir del cual se revela un asunto importante. La palabra proviene del griego epiphaneia, que significa ’mostrarse’ o ’aparecer por encima’. Es decir, el arte debe mostrar, develar de un modo profundo algo.

"El aura –como apunta Benjamin– está atada a su aquí y ahora" y “su unicidad, es decir, su aura” y es destruida por el capitalismo. La reproducción técnica va destruyendo su experiencia epifánica.

Expliquémonos. En el capitalismo existe el tedio sin fin. El día a día, cotidiano, rutinario, mecánico, agobiante del mundo de todos los días es roto por la experiencia epifánica: única, inexplicable, casi mágica que rompe la gradual percepción del tiempo es rota, cae en pedazos por el arte. El arte aniquila, rompe, hace estallar el día a día cotidiano es por esencia un acontecimiento que transgrede el curso normal de las cosas. Muy pocas obras de arte, como experiencia, rompen el curso cotidiano de las cosas.

Benjamin escribió La obra de arte en la época de la reproducibilidad técnica en 1936 en pleno ascenso del fascismo. Benjamin problematiza, entre muchos aspectos, dos: la destrucción de la experiencia estética y la necesidad de subvertir la técnica capitalista.

Dice Benjamin que lo estético debe entenderse por medio de la categoría aura. Lo bello, según La crítica del juicio de Kant, es una experiencia única, irrepetible, sublime y epifánica. El capitalismo, con la reproducción infinita de la técnica, la producción de mercancías roba, aniquila, destruye el aura la experiencia, de lo bello con la reproducción del arte. En esencia el arte debe sorprender con la reproducción técnica se diluye dicha posibilidad.

¿No sucede que cuando escuchas una canción en un primer instante te fascina, pero al convertirse en moda deja de sorprender? ¿Acaso la reproducción al infinito de la Mona Lisa no hace difícil saber que es lo que tanto sorprendió a los historiadores del arte?

Experiencia anticapitalista

Benjamin se fascinó por autores como Baudalaire, Kafka, los surrealistas, Paul Klee, Goethe y muchos autores más. A su modo el autor de las “Tesis sobre la historia” pensaba que estos autores lograban algo en el espectador: una experiencia única, irrepetible, epifánica convertida en alegoría que develaba una crítica al capitalismo. Pero no lo lograban en lo inmediato: lo hacían de un modo alegórico.

Es clásica la idea del “ángel de la historia”. Para Benjamin ese cuadro de Paúl Klee develaba la catástrofe del mundo capitalista “Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. en lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catastrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.”

En Kafka, Benjamin observa, como señala Michael Lowy “la utopía existente de un modo negativo, como crítica de un modo totalmente desprovisto de libertad, sumido en la lógica absurda y arbitraria en el que triunfa en estado como aparato todo poderoso. Es una crítica del estado de cosas existentes en el que la vida de los hombres ha sido desprovista de sentido”.

Todos estos artistas a su modo lograban a través de una experiencia, ritual, única, irrepetible, epifánica, romper el curso ordinario de las cosas y develar la tragedia del capitalismo reinante. Se trata de romper lo cotidiano e iluminar algún aspecto de la enajenación capitalista de un modo alegórico pero preservando el aura de la experiencia estética.

Que la experiencia estética se convierta en una experiencia única y que rompa el día a día de mi cotidiano es absolutamente anticapitalista. La vida no debe ser una rutina sin fin sino una experiencia genuina, diaria, a cada minuto. Sólo destruyendo el sistema capitalista la vida será arte puro como si se tratara de respirar.

 
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