Secuestro y desaparición de Cristina Navajas
Cristina Navajas, madre de Daniel Santucho fue secuestrada el 13 de julio de 1976 en la ciudad de Buenos Aires, con un embarazo de dos meses, cuando se encontraba en el departamento de la familia de su pareja, Julio Santucho. Junto a Cristina, se llevaron a su cuñada, Manuela Santucho, y a Alicia D’Ambra, compañera de militancia, que también se encontraba embarazada. En el departamento, quedaron los hijos de Cristina, Camilo y Miguel, como así también, Diego, el hijo de Manuela. Una vecina alertó de lo ocurrido a Nélida Navajas, madre de Cristina, quien fue a buscar a sus nietos y al hijo de Manuela. En la vivienda encontró un diario de su hija donde manifestaba su convicción de estar cursando un embarazo. Más tarde, por testimonio de sobrevivientes, pudo confirmar que el embarazo de Cristina siguió su curso mientras estuvo detenida, en los centros clandestinos Automotores Orletti, Proto Banco y el Pozo de Banfield.
Julio Santucho, se enteró del secuestro de Cristina e inició las gestiones para sacar a sus hijos del país. Camilo y Miguel salieron de nuestro país con dos militantes que simularon ser sus padres para reunirse con Julio. En el caso de Nélida, madre de Cristina Navajas, se unió a las Abuelas de Plaza de Mayo y se dedicó a la búsqueda incesante, representando a las Abuelas en encuentros nacionales e internacionales, de la mano de Jorge, su hijo. Miguel Santucho volvió a la Argentina en el año 1985, radicándose definitivamente en el año 1993. A partir de ese momento, reconstruyó su historia a través de la militancia por la memoria, verdad y justicia, uniéndose a H.I.J.O.S en el año 1995, y luego integrándose a Abuelas de Plaza de Mayo.
Historia de Daniel Santucho y la búsqueda incesante por la verdad
Daniel Santucho, hermano de Miguel, Camilo y Florencia, fue apropiado y anotado como hijo de un miembro de las fuerzas de seguridad y una enfermera. En una entrevista realizada por el Eslabón, Daniel nos explica como empezaron las dudas sobre su verdadera identidad: “una hermana de crianza, 20 años mayor, me pide que vaya a su casa y junto con su marido, me plantean dudas, diciendo que creían que esta pareja no eran mis padres, que me habían mentido siempre” y continúa: “Ella desde muy chica supo la verdad, si bien no eran sus papás biológicos, ella pudo conocer a sus padres biológicos y hermanos. Ella creció con las dos familias y no entendía como no habían hecho lo mismo conmigo”. A pesar de esto, no tenía ninguna prueba, solo eran sospechas y dudas. Al confrontar a su apropiador, le negó todo rotundamente, llegando al punto de “confesarle” que, en realidad, él era hija de un ex amante de su mamá fallecida y que lo anotó como hijo suyo.
Al estar ordenando unos cajones, Daniel encuentra un acta de nacimiento donde sus apropiadores figuraban como sus padres, y que, si bien había nacido en Buenos Aires, estaba anotado en Santiago del Estero. A pesar de esto, las dudas ya estaban sembradas. Esto se debe a que tomó conciencia de que había nacido durante la dictadura y también, acerca del rol que cumplía su apropiador durante la dictadura militar. Respecto a este punto, Daniel dice: “Él fue policía de la provincia de Buenos Aires. Por anécdotas, reconstruyo que él estaba mucho tiempo de civil, se camuflaba, o, por ejemplo, se dejaba la barba y el pelo largo o se ausentaba de la casa por días y meses. Así es que concluí que el pertenecía a los grupos de tareas”. Además, recuerda la ideología imperante en esa casa, donde se reivindicaba la última dictadura militar, insultaba a las madres y abuelas de Plaza de Mayo, y, además, se justificaba el robo de bebés.
Debido a esos claros indicios, Daniel decide acercarse a Abuelas de Plaza de Mayo. Como primera medida, le pidieron que hablara con su hermana de crianza para obtener más datos. Así es como le pide ayuda a una hija de ella para que hablara con algún familiar que le pudiera proporcionar información. A los pocos días, vuelve a contactarlo para comentarle que había hablado con uno de sus tíos, quien tenía 12 años, cuando escuchó una conversación entre el apropiador de Daniel y dos policías que prometían conseguirle un bebé. A esto se le suma una contradicción fundamental en su certificado de bautismo, por un lado, establecía la fecha de nacimiento el día 24 de marzo de 1977 y la de bautismo, el día 19 de marzo de ese mismo año. Otro hecho que lo movilizó a la hora de buscar la verdad, fue el hecho de ser papá, ya que, como sostiene Daniel: “no podía estar seguro de mi identidad, ni la de ellas. Cada vez que algún disparador pasaba por su mente, lo recordaba con dolor y con miedo y culpa, pensando que todo era una mentira, y continúa comentando: “Mis apropiadores se encargaron de que yo fuera así, una persona muy insegura, dependiente de ellos desde muy chico. Ellos fueron muy manipuladores, muy cínicos. se encargaron de que no pueda tener vínculos de amistad sólidos”.
El reencuentro de Daniel con su familia: cuando el amor vence al odio
Mientras esperaba el resultado de ADN, Daniel se aferró a sus hijas. Ellas fueron la razón fundamental por la cual comenzó a reconstruir su historia, ya que no quería que su niñez y adolescencia transcurriera en la mentira, como fue su caso. Por otro lado, el camino para conocer el resultado no fue fácil, ya que días antes, le habían hackeado el celular y tuvo que cambiar el número, mail y otros, lo que impidió que se comunicaran desde Abuelas. Es así como Manuel Gonçalves Granada, integrante del CONADI y nieto de Abuelas de Plaza de Mayo quien lo buscó personalmente un 25 de julio de 2023. Luego de intentar localizarlo sin éxito en la casa donde vivían sus hijas y en la de su apropiador, Manuel se dirigió hasta el mayorista donde trabajaba Daniel. “Me dijo que venía que por un trámite que había hecho. No entendía de que se trababa, al principio pensé que era por el tema del hackeo del celular. Cuando terminó de trabajar fue a su encuentro, y allí le comentó que venía del CONADI y que ya tenía los resultados del examen de ADN, pero para poder dárselos, tenían que ir a la oficina en Capital. Daniel le contestó que no iba a ser posible, ya que ese día era el cumpleaños de su hija más chica y que le había prometido llevar la torta, por lo que no iba a llegar a tiempo.
Al otro día, Daniel es recibido en Abuelas por Manuel y Claudia, la hija de Estela de Carlotto. Con mucha alegría, le dijeron que el resultado había dado positivo y que no había margen de error, porque habían comparado su sangre con la de su papá, Julio Santucho. En ese instante, Daniel sintió paz al dejar atrás la pesada carga de la incertidumbre sobre su identidad. Enseguida le mostraron el resultado y le empezaron a mostrar las fotos de su mamá, Cristina Navajas. También le dijeron que tenía un papá con vida y tres hermanos: Camilo, Miguel y Florencia. Daniel todavía recuerda lo que sintió ese día: “Fue un momento de mucha felicidad, emoción, mucho llanto, saber que me estuvieron buscando toda la vida es algo hermoso. Se dio que fue una búsqueda de las dos partes, tanto mía como de mi familia. Ahí mismo me enteré que conocían a uno de mis hermanos, el Tano, quien después de la muerte de mi abuela me siguió buscando. A partir de ahí fue establecer un vínculo, querer conocerlos, a la semana las chicas conocieron al tío y a su abuelo. Ahora después de más de dos años de todo esto, es saber que es algo atípico que por lo general los casos no se dan tan rápido, que cuesta mucho, pero sé que, si a los 21 años hubiera llegado la verdad, no hubiera tenido las herramientas para enfrentarlo y me hubiese costado muchísimo. Si bien hay algo que nos conecta con todos los nietos, que es haber atravesado por el mismo dolor, cada uno resuelve en la forma y en los tiempos que puede”.
Hoy en día, Daniel recorre incansablemente el país contando su historia, dialogando con militantes, estudiantes, docentes, sindicalistas y con todos aquellos que deseen recordar con memoria activa. Le preguntamos si notó un avance del negacionismo en este último tiempo. Respecto a eso nos comenta que él ve muchísima gente comprometida con la verdad, memoria y justicia. Si bien es consciente que en algunas escuelas el tema de la dictadura no se toca, y que también, llegan a la universidad desconociendo esa parte de la historia. Por último, concluye afirmando lo siguiente: “El negacionismo está, pero, yo te diría que es minoría. Se que a veces a lugares donde voy, hay gente negacionista o chicos que están absorbiendo eso y por eso es importante plantear el hecho de que no es mi testimonio o lo que yo pueda decir, sino hechos. Son realidades que están en nuestra historia, los juicios, condenas, que es algo que está comprobado. Entonces contra eso no hay negacionismo, ni mentira, ni nada que lo sostenga. Es un trabajo que no lo inventé yo, hace décadas que se viene trabajando y hay que seguir trabajando con las nuevas generaciones”. |