Vivió y creció en una sociedad que criminaliza y patologiza las disidencias sexuales, era un Chile profundamente conservador, donde los modelos familiares, de género, y de afecto eran estrechamente vigilados.
Durante décadas, su amor, sus pasiones, su vida verdadera fueron ocultadas o tergiversados. Su poesía, aunque nunca fue explícita respecto de su identidad, refleja las múltiples formas de amor que escapan de las normas.
Su silenciamiento no fue casual. Fue parte de un sistema que castiga toda desviación de las normas de género y sexualidad impuestas por la burguesía, a través del Estado, la Iglesia y el sistema educativo, que imponen una moral heteronormada que logre sostener la familia tradicional, siendo una estrategia histórica que preserva el modelo de la explotación tanto de clases como de género. Por esta razón, es que se invisibiliza , margina y persigue a quienes no encajan con su moral conservadora. Al despojarla de su disidencia, la integran como un ícono aceptable dentro del orden establecido.
Sin embargo, debemos reconocer que ser parte de la diversidad sexual, en sí mismo, no siempre implica una postura revolucionaria.
Cada día vemos que con el avance de la ultraderecha en América Latina y el mundo, se promueven y aceptan discursos de odio contra las mujeres, contra la disidencias sexuales, de género y quienes incluso tienen que migrar en busca de mejores oportunidades, arrebatando nuestros derechos y violentándonos.
Pero a su vez, existen otros sectores ligados a la ultraderecha conservadora que intentan de alguna manera “utilizar” las demandas de la diversidad sin cuestionar las bases del sistema capitalista ni desigualdad de clase, apropiándose de las banderas de la diversidad. La presencia de figuras políticas LGBTIQ+ de ultraderecha, demuestra que la orientación sexual no define de forma automática su conciencia de clase, escondiendo al sistema capitalista y neoliberal que se esconde bajo una fachada de “falso progreso”, mientras se nos sigue reprimiendo.
Nuestra tarea es unir fuerzas y enfocarnos en articular la lucha por la diversidad sexual con la lucha de clases, para re-conquistar juntes aquellas demandas y derechos que en el algún momento nos dijeron que estaban “garantizados”, y que nos lo han negado. No podemos seguir permitiendo el retroceso de las luchas por la igualdad de género e identidad sexual, debemos seguir luchando por nuestra libertad y un futuro sin opresión.
Es por esto, que al reivindicar la identidad lésbica de Gabriela Mistral, debe ser más que un acto de memoria: debemos de construir una acción política que vincule las luchas actuales contra todas las formas de represión.
Recordemos que Lucila fue una mujer feminista y de izquierda, que creía que la educación era el arma para liberal a los pueblos de la opresión frente al imperialismo y desafió una idea de “familia tradicional”, rompiendo a través de la poesía, las estructuras del amor y la moral conservadora.
Por el Día Internacional de la Visibilizacion Lésbica, celebrado el pasado sábado 26 de abril, recordamos que Gabriela Mistral fue lesbiana, pero también fue rebeldía.
¡Por un mundo donde amar no es un delito, sino un derecho conquistado! |