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3 de junio de 2026 Twitter Faceboock

"El zar de las fronteras"
Tom Homan y la política cruel antimigratoria de separación de familias
Diana Palacios

Las políticas crueles de separación de familias impulsadas por Homan y otras autoridades estadounidenses durante el mandato trumpista tuvieron efectos devastadores en los niños migrantes, clasificadas incluso como tortura por organizaciones de derechos humanos.
Diana Palacios

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Tom Homan, el reaccionario a cargo de la política cruel de separación familiar que causó grandes daños en las infancias migrantes, toma hoy el control de las deportaciones masivas y redadas contra el conjunto de inmigrantes.

Durante su tiempo como Director Interino del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Tom Homan se convirtió en una de las figuras más prominentes en la implementación de políticas de inmigración de línea dura bajo la administración de Donald Trump. En 2018, Homan supervisó y llevó adelante la implementación de la política de “tolerancia cero”, que resultó en la separación de miles de familias en la frontera sur de Estados Unidos, la cual provocó que muchos niños, niñas y adolescentes (NNA) fueran separados de sus padres o tutores y puestos bajo custodia federal.

La separación de las familias, que fue una de las decisiones más repudiadas de la administración Trump, dejó una marca traumática indeleble en los NNA migrantes, quienes se enfrentaron a condiciones extremadamente difíciles, tanto en las instalaciones de detención como en las oficinas militares donde fueron retenidos. Esta política migratoria de separar a los NNA de sus padres no fue otra cosa que tortura.

Ante la mirada atónita del mundo, vimos cómo los NNA eran arrancados de los brazos de sus madres y padres y aterrorizados para llevarlos a los centros de detención hacinados para encerrarlos en lo que no eran ni más ni menos que jaulas. El gran sufrimiento mental que las autoridades estadounidenses infligieron deliberadamente a estas familias para coaccionarlas no es otra cosa más que tortura, definida tanto en la propia legislación yanqui como en el derecho internacional. Esta política también pretendía servir para aleccionar a otras familias que apenas iban llegando o en camino a cumplir el sueño americano de no buscar protección en Estados Unidos.

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Consecuencias graves para los menores

Las crueles imágenes de los NNA separados de sus padres y encerrados en jaulas, dormidos en pisos cubiertos con simple aluminio y llevados a cuarteles, como consecuencia de la política de “tolerancia cero” en EE. UU., del fiscal general Jeff Sessions y ante la cual Tom Homan colaboró, dejó una marca imborrable en la reputación de por sí en decadencia de ese país.

Las consecuencias de la separación familiar fueron devastadoras para los NNA involucrados. Diversos estudios y organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, señalaron que los niños experimentaron trastornos psicológicos graves, incluidos trastornos de ansiedad, depresión, estrés postraumático e, incluso, un aumento en los intentos de suicidio. La separación forzada de sus padres, junto con el aislamiento en condiciones de detención, afectó profundamente el bienestar emocional y físico de estos menores, quienes a menudo pasaron meses sin contacto con sus padres.

La Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia de EE. UU. reportó que más de 2700 NNA fueron separados de sus familias durante el primer mes de la política, de abril a mayo de 2018. Además, según la American Civil Liberties Union (ACLU), más de 5400 NNA fueron separados de sus padres entre abril y junio de 2018 durante la implementación de la política de “tolerancia cero”. A partir de este número, se conocieron más separaciones que no fueron documentadas de inmediato.

A pesar de los intentos del gobierno de Trump de minimizar el impacto de estas políticas, las consecuencias fueron claras. Los niños fueron sometidos a condiciones infrahumanas de detención inadecuadas, incluyendo hacinamiento y falta de acceso a servicios médicos adecuados. En algunos casos, las familias fueron separadas de manera indefinida, lo que agravó aún más el sufrimiento de los menores constituyendo una violación flagrante de los derechos humanos de esos niños, niñas, adolescentes, padres y madres, así como también supuso una violación en las obligaciones de EE. UU. sobre los derechos de los refugiados.

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Oficinas militares como centros de detención

A medida que aumentaron las separaciones, el gobierno estadounidense recurrió a diversas instalaciones, incluidas oficinas militares, para albergar a los menores migrantes. Estas instalaciones, que no estaban diseñadas para el alojamiento de niños, se convirtieron en puntos de detención masivos. Las condiciones dentro de las oficinas militares fueron objeto de críticas internacionales, ya que muchos de los menores quedaron hacinados, sin suficiente supervisión y sin las condiciones básicas para su bienestar.

En estos centros, la falta de atención psicológica adecuada y la insuficiencia de actividades recreativas contribuyeron a un entorno de desorientación y angustia para los niños, quienes se encontraban alejados de sus padres y, en muchos casos, sin un lugar seguro al que llamar hogar. Las interrupciones en su desarrollo emocional y social debido a la detención en estos centros continuaron siendo un tema central de debate entre defensores de los derechos humanos.

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La crítica a las políticas de Homan

La implementación de estas políticas bajo la supervisión de Homan y su defensa pública de la separación familiar recibieron una feroz oposición tanto a nivel nacional como internacional. Organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la ACLU, denunciaron el trato inhumano hacia los migrantes y, particularmente, hacia los niños y las niñas. Estas organizaciones subrayaron que las políticas de separación violaban los derechos fundamentales de los NNA, incluidos el derecho a la unidad familiar y a un trato digno.

La crítica a las decisiones de Homan no sólo se limitó a las organizaciones de derechos humanos, sino que también hubo oposición dentro de EE. UU., incluyendo figuras políticas y ciudadanos preocupados por las consecuencias a largo plazo para las generaciones futuras de migrantes. Organizaciones políticas y sociales entre las que se encuentran el Movimiento de los Trabajadores Socialistas desde La Izquierda Diario y Left Voice, también nos hemos pronunciando en ese sentido.

Hoy, el legado de la separación de familias sigue siendo un tema candente. Mientras que las políticas de Trump y la figura de Homan intentaron ser justificadas por su enfoque en la seguridad fronteriza, las consecuencias humanas de estas decisiones son innegables. El trauma y el terror vivido por miles de niños sigue siendo una marca indeleble en el debate sobre la política migratoria en Estados Unidos.

La administración de Trump, con Homan a la cabeza del ICE, ya demostró que las políticas migratorias de línea dura tienen consecuencias mucho más allá de las fronteras. La destrucción de familias, especialmente la de los más vulnerables, los niños, es uno de los puntos más oscuros de su legado.

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