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Red Internacional

Estados Unidos. Wilbur Ross y las contradicciones del imperialismo en la era Trump

Wilbur Ross, accionista mayoritario de varias empresas trasnacionales, estará al frente de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en mayo próximo.

Foto: Expansión.mx

Ross, un multimillonario de 79 años, cuya fortuna se calcula en 3,000 millones de dólares, es fundador y accionista de fábricas autopartistas, que desde hace 13 años han trasladado más de 2,700 empleos de Estados Unidos a México, mediante inversiones en los estados de Coahuila, Sonora, Puebla y el Estado de México, según informó El Universal.

Así, los intereses del empresario y ahora miembro del gabinete de Trump, podrían verse afectados por las políticas proteccionistas impulsadas por el presidente de Estados Unidos, quien ha amenazado a empresas automotrices con cobrarles un arancel de entre 20 y 35% a sus exportaciones desde México hacia la Unión Americana.

Las autopartistas de Ross son operadas por el International Automotive Component Group (IAC Group), cuyos principales clientes son BMW, Ford, General Motors, Nissan, Toyota y Honda.

No se sabe hasta el momento si Wilbur Ross ha cedido o vendido sus acciones en IAC Group, o al menos la mayoría, para evitar un conflicto de intereses. Sin embargo, el fondo de inversiones WL Ross & Co, propietario de IAC Group, fue vendido por el empresario en 2006, aunque éste se mantiene como accionista mayoritario.

Pero Wilbur no está solo, The Wall Street Journal informó que al menos siete empresas estadounidenses: Rexnor, Caterpillar, Nucor, Manitowoc Foodservice, CTS Corp, e incluso las automotrices Ford y General Motors, mantienen vigentes sus planes de trasladar operaciones hacia México.

Dentro del grupo de 28 líderes empresariales y laborales creado por Trump para asesorarlo, figuran los directivos de Caterpillar y Nucor.

Se muestran así las profundas contradicciones entre las políticas proteccionistas de Trump y los intereses de la gran burguesía estadounidense, incluso al interior del propio gabinete presidencial, pues la mano de obra barata en México es la base de las altas ganancias de las transnacionales de Estados Unidos.

Producto del Tratado de Libre Comercio, que entró en vigor en 1994, México es el segundo socio comercial de Estados Unidos y las economías de ambos países están profundamente interconectadas (en términos de subordinación del primero al segundo).

Firma del TLC

Por eso la pretensión de relocalizar la industria hacia el vecino del norte y de renegociar el TLCAN en términos proteccionistas, imponiendo aranceles a las importaciones mexicanas, tiene como grandes límites las afectaciones tanto a las grandes empresas estadounidenses, como a las medianas y pequeñas que dependen del comercio con México.

Querer revertir la globalización tiene todo el contenido reaccionario de querer echar atrás la rueda de la historia. La solución al problema del desempleo, el trabajo precario y los bajos salarios en Estados Unidos y México, no vendrá de la mano ni de Trump ni de Peña Nieto, quien se prepara para profundizar más la subordinación de nuestro país al imperialismo, sino de la unidad internacionalista y antiimperialista de los trabajadores y los oprimidos a ambos lados de la frontera para enfrentar a ambos gobiernos.


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