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Red Internacional

La violencia y la inseguridad incrementan día a día. La respuesta del gobierno de la 4T es la militarización del país. Mientras las medidas represivas aumentan las maestras y maestros nos preguntamos ¿cómo enfrentar la violencia que se expresa en las escuelas?

En su campaña electoral rumbo a la presidencia en 2018, López Obrador decía que la forma de combatir la violencia, la delincuencia y la inseguridad era atacando las causas. Tal parece que olvidó ese discurso, pues las causas continúan en aumento: enfrentamos la inflación más alta desde hace décadas y el desempleo y la precarización laboral son el día a día de miles de trabajadores y trabajadoras. Para este año, se calcula que los pobres en México serán 58.1 millones, o sea, 2 y medio millones más que hace dos años y 6,1 millones más que al principio del sexenio.

Hoy, al igual que cuando se lanzó la guerra contra el narco en el gobierno del PAN, la excusa perfecta para aumentar y extender la militarización del país, es la creciente violencia -en particular la violencia generada por el narcotráfico y la delincuencia organizada-.

Sin embargo, como explicamos aquí, las maestras y maestros, conocemos bien las consecuencias de la militarización.

Niñes y adolescentes: derechos vulnerados

Contrario al sentido común de algunos docentes y autoridades educativas que afirman que las niñas, niños y adolescente "gozan de muchos derechos y privilegios”, la realidad es que son el sector de la población más vulnerable.

Según cifras de la organización Save the children, en el 2021 “se registraron más de 27,772 delitos en contra de niñas, niños y adolescentes, entre los que se encuentran: 2,450 homicidios, es decir, 7 homicidios diarios; también, más de 107 feminicidios de niñas y adolescentes, en promedio 9 feminicidios mensuales, y 13,758 lesiones. Asimismo, se registraron 233,978 reportes de violencia familiar, lo que representa un aumento del 83.62% con respecto al 2015 y en materia de violación, los casos aumentaron de 12,619 denuncias en 2015 a más de 19,484 en 2021. Y esto, sin contar los casos que no son denunciados.”

Aunado a esto, el riesgo de reclutamiento de niñas, niños y adolescentes por parte de grupos delictivos y del crimen organizado aumenta cada año.

Bajo este panorama, las y los docentes de todo el país, somos quienes vemos cómo se refleja está realidad en aulas y escuelas, ya que son los espacios donde las niñas, niños y adolescentes (NNA) pasan gran parte de sus días y dónde pueden expresar crudamente y de múltiples formas, esta realidad que les ha tocado vivir.

Más castigos, más represión ¿son la respuesta?

Para miles de maestras y maestros, el aumento de la violencia en las aulas, de lo que es parte el profundo rezago educativo, ha implicado un desgaste físico y emocional muy importante. Al no contar con psicólogos, personal de educación especial, orientadores educativos, médicos, prefectos y personal de apoyo, las y los docentes cargan en sus espaldas con toda la responsabilidad que implica, por un lado, la contención emocional de cada caso, y por el otro, el desarrollo de nuestra propia tarea de educadores bajo condiciones muy adversas, en las que nuestro alto desempeño y rendimiento, no bastan para sacar adelante a nuestros alumnos y alumnas que requieren, en estos difíciles casos, de un apoyo superior de distintas áreas profesionales con las que no contamos.

Ante esta realidad, es sabido que, algunos maestros y maestras exigen a las autoridades educativas que tengan “mano dura” con lxs NNA para mejorar su conducta, sin contemplar en absoluto la integridad de lxs seres humanos en el desarrollo de sus distintas etapas; una concepción que el mismo estado alimenta, no solo en la educación sino también en las cuestiones de salud, donde se intenta atacar la consecuencia sin partir de los factores que lo causan. Sin embargo, esta salida facilista, al igual que la militarización del país, no ataca las causas estructurales del aumento de la violencia, sino por el contrario, las profundizan, tal como vemos en las cifras que compartimos en párrafos anteriores.

¿Cómo atacar realmente los problemas de violencia y educación?

Las y los docentes debemos evitar a toda costa responsabilizar a los más vulnerables, y necesitamos enfocarnos en atacar los problemas de raíz, pues ¿qué hay más violento que niñas y niños deban trabajar como adultos para solventar sus estudios? ¿o que acudan a las escuelas sin desayunar ni cenar la noche anterior? ¿o qué no cuenten con los recursos mínimos indispensables para tener una vida digna? ¿o que sus derechos sean reales y no papel mojado para la gran mayoría?

¿Qué hay más violento que esperar que 40 niños y niñas hacinados en un pequeño salón más de 8 horas diarias, aprendan contenidos que poco o nada tienen que ver con su realidad cotidiana?

En principio, es nuestro deber lograr que se les garanticen espacios óptimos para su desarrollo integral en cada etapa y para lograrlo, debemos luchar por un aumento al presupuesto educativo que garantice:

*la construcción de más y mejores escuelas, para que ninguna familia dude por ningún motivo o adversidad, en enviarles a estudiar, pues no queremos que nuestros niños y niñas sean usados como ejemplo de sacrificios porque viajan por horas cruzando montes y ríos para estudiar, mientras otros miles deben resignar el estudio por no contar con centros de estudio cercanos.

*la contratación del personal necesario y suficiente con plenos derechos laborales, para que la educación de las y los NNA deje de ser tomada como un proceso individual en el desarrollo de la niñez y adolescencia, y haya equipos de profesionales que puedan desarrollar integralmente esa enorme tarea.

*la dotación a todos los centros de estudio del país, ya sea en las ciudades como en las zonas rurales, de todos los servicios y materiales educativos necesarios, desde los básicos como luz, agua y gas, hasta aquellos que se requieren para el aprendizaje diario como internet y equipos de cómputos.

A 4 años transcurridos de este gobierno, el cual había prometido poner sus ojos en la educación, dignificando al magisterio con el que se estaba en deuda, y poniendo a las niñas y niños primero, nos encontramos con una realidad muy distinta. No solo no se nos dignificó desde ningún punto de vista, siendo que, la reforma educativa neoliberal contra la que peleamos y fuimos duramente reprimidos y en muchos casos asesinados, prácticamente sigue intacta; sino que, las niñas, niños y adolescentes, como se puede ver en las estadísticas enumeradas más arriba, siguen siendo los más afectados y vulnerados, tanto por la violencia creciente como por la degradación de su educación.

Junto con padres y madres de familia, las maestras y maestros, pues ha quedado claro que, somos nosotras y nosotros las y los únicos interesados en el desarrollo óptimo e integral de nuestras niñas, niños y adolescentes; debemos exigir que el dinero que hoy se destina a la militarización del país -que tampoco ha resuelto el tema de la violencia y la delincuencia-, se destine a la educación y la salud -física y mental-, de la mano de exigir impuestos progresivos a las grandes fortunas como la de Slim o Salinas Pliego y que se deje de pagar la deuda externa.

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