Sociedad

PASO DEL NORTE

Villas de Salvárcar, el fantasma que recorre Ciudad Juárez

Han pasado más de seis años de la masacre de Villas de Salvárcar, un episodio que marcó una de las épocas más violentas de Ciudad Juárez. Hoy un escenario similar recuerda el fantasma de la violencia que aún recorre las calles, los vecindarios y las colonias de la que fuera la ciudad más violenta de México.

Aztlán Almodóvar

Corresponsal en Ciudad Juárez, Chihuahua

Viernes 30 de septiembre de 2016 | 12:43

Hoy Ciudad Juárez cuenta con niveles de violencia mucho más bajos que en 2010-2011. Sin embargo, los asesinatos no han terminado. El pasado 28 de septiembre ocurrió un evento similar al de Villas de Salvárcar donde un grupo de sicarios acudió a una vivienda de la colonia Carlos Castillo Peraza para meterse por la fuerza a la casa y acribillar a cinco menores de edad, tres de ellos asesinados en el lugar y dos de ellos quedando mal heridos.

Como siempre sucede, las fuerzas del Estado no acudieron a tiempo al lugar y los asesinos huyeron impunes ante el hecho. Durante las investigaciones preliminares se mencionó que el lugar donde fallecieron los menores "era utilizado para el narcomenudeo", la razón oficialista en este tipo de situaciones.

En 2010, durante una fiesta, sicarios dispararon a los asistentes, en su mayoría menores de edad, dejando un saldo de 15 asesinados. Tras cinco años de lo sucedido en Villas de Salvárcar, el gobierno indemnizó a las 14 familias afectadas con $40,000.00 pesos a cada una de ellas. Un precio muy bajo para una vida humana pero suficiente para los que administran la "justicia" desde el gobierno.

La política de criminalización de la juventud y la supuesta lucha contra el narcotráfico impulsada por el entonces presidente Felipe Calderón, dieron como resultado horribles eventos como este. El móvil de todas las víctimas siempre fue algún presunto nexo con el narcotráfico, justificando con ello matanzas en manos de sicarios sin intervención alguna de las fuerzas del Estado, las policías o el ejército, que en esas épocas se encontraban patrullando las calles.

Este acontecimiento sigue reflejando las políticas del gobierno hacia la juventud. Los jóvenes representan la gran mayoría de la población en México y actualmente muchos de ellos son relegados a la precariedad, a falta de oportunidades de estudio o trabajos que satisfagan sus necesidades básicas. La juventud está orillada a la marginación y la cooptación del crimen organizado ante las falta de posibilidades. Son el chivo expiatorio en una guerra contra el pueblo pobre disfrazada de “lucha contra el narcotráfico”.

El gobierno federal de Calderón impulsó el plan Mérida con el que se subordinó a los Estados Unidos para iniciar una “cruzada contra el narcotráfico”. La venta de armas, inteligencia y tecnología a México favoreció enormemente a los fabricantes de armamento de Estados Unidos a pesar que ello representara una masacre en el país donde los estratos sociales más desprotegidos ponían los muertos todos los días.

Cabe destacar que esta estrategia fue continuada por el actual gobierno de Peña con escenarios que han volcado la violencia hacia el centro y sur del país desde estados como Tamaulipas, hasta Guerrero, Michoacán y el Estado de México.

Dicha postura ha sido avalada por los partidos propatronales del Pacto por México y no se ha aceptado que la estrategia de guerra no termina con el problema de las drogas y es el pueblo pobre e inocente el que muere todos los días en manos de sicarios, paramilitares y el que sufre las consecuencias de la militarización: el despojo, violaciones de derechos humanos, extorsiones, retenes y abusos de poder.






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