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Red Internacional

La interna dentro del Frente de Todos, los chispazos en la CGT y la elección en la UOM dejaron abierto un debate. ¿Hay recambios y realineamientos en el sindicalismo peronista? ¿Hasta dónde llegan? Opinan Jorge Duarte (Infogremiales), Nicolás Balinotti (La Nación) y Pablo Maradei (Mundo Gremial).

Lucho Aguilar@Lucho_Aguilar2

Viernes 20 de mayo | Edición del día

En los últimos meses, el mundo gremial se empezó a mover. Por lo menos ese que habitan las conducciones sindicales. El año pasado fue la reunificación de la CGT. Nadie quiso jugarse hasta cuando duraría. Tampoco ahora. Luego vinieron polémicas entre sectores que responden a distintos sectores del peronismo. Los “gordos” siguieron bancando a Alberto, como confirmó el acto de este viernes de la UOCRA. Desde el kirchnerismo aparecieron algunas críticas. Palabras. Los que se identifican con el massismo, fiel a su líder, hicieron equilibrio. Pero en el retorno de las elecciones gremiales, suspendidas por la pandemia, algunos viejos socios se disputaron el trono. Así se fue creando un clima en el que distintos medios comenzaron a hablar sobre “recambios y realineamientos en el sindicalismo peronista”.

Desde La Izquierda Diario, como en otras oportunidades, fuimos a buscar otras opiniones. Entrevistamos a tres periodistas que conocen de cerca el mundo sindical. Jorge Duarte, director de Infogremiales, Nicolás Balinotti, columnista de La Nación y Pablo Maradei, uno de los directores de Mundo Gremial.

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En las notas que acompañan esta columna podrán ver sus opiniones. Solo adelantamos algunas cosas. El debate sobre los “recambios” en el mundo cegetista evidentemente está abierto. Hay quienes ven que el kirchnerismo empieza a “tener más protagonismo sindical”, aunque lo hace cuando está “más en baja” (Duarte). Y quienes opinan que no hay grandes recambios, porque “los realineamientos se darán con el avance del calendario electoral” (Balinotti). ¿O es que “hay intencionalidad de recambio” pero la falta de democracia sindical los impide?” (Maradei).

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La derrota de Caló en la UOM también ha despertado debates. ¿Ahora la dirige el kirchnerismo o la vieja patria metalúrgica, con Brunelli, sigue manejando los hilos? ¿Fue producto de una interna del Frente de Todos o de un malestar “generacional”?

Sin embargo, nuestros colegas dudan que “la sangre llegue al río”. “Por las diferencias de los tiempos del sindicalismo y los tiempos de la política, no veo que la interna entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner pueda tener impacto en alguna interna sindical de peso”, dice Duarte. “Nadie querrá irse de la CGT dejando un espacio vacío que otra facción ocupará” sentencia Maradei. Para Balinotti, “hay una tensión permanente, pero saben que la ruptura ahora no les sirve a ninguno de los sectores en pugna”.

Sabios y prudentes decía el general.

Aunque el tema en debate era el sindicalismo peronista, al final queda abierta una inquietud: esa mezcla de malestar por abajo y tensiones por arriba, ¿abre la posibilidad de que se presenten o surjan otras alternativas que no responden a ellas o “está todo bajo control”? Los entrevistados adelantan una primera impresión. Pero mejor ir directo a las fuentes, acá, acá y acá.

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Sobre la crisis social y política y los procesos en la clase trabajadora

La dinámica del sindicalismo peronista dependerá de distintos hechos. Es cierto que hoy no hay abiertos grandes conflictos y las paritarias vienen siendo acordadas sin convulsiones. En algunos gremios de peso con aumentos que se acercan a la inflación anual. Pero ninguno recupera lo perdido desde 2017. También es cierto que, ante el ajuste de estos dos últimos años, no ha habido muchos “realineamientos” ni “internas”: todos dejaron pasar al ajuste. Nadie saca los pies del plato.

Aun así, hay otros elementos que empujan a una mayor tensión. La crisis social empujada por la inflación, que en el caso de los alimentos preocupa a nivel internacional, echa leña al fuego. Las aspiraciones de recuperar lo perdido en los últimos 5 años también. Porque además están quienes han perdido menos, en parte representados por los grandes sindicatos, y quienes están más golpeados.

Esos datos, junto a la crisis política y del Frente de Todos, obligan a pensar que la situación está totalmente abierta. No se puede negar que comienzan a verse algunos realineamientos y reubicaciones en algunos gremios. Pero nadie se anima a decir hasta dónde llegarán esas tensiones.

Aunque entre amplios sectores de la clase trabajadora hay un rechazo hacia las cúpulas sindicales, que ven como una casta alejada de sus padecimientos y necesidades, ningún trabajador o activista tendría que darle la espalda a esta crisis. En la pelea por recuperar las organizaciones obreras para la lucha se juega buena parte del futuro.

Para terminar esta “introducción”, una aclaración importante. Si bien en la charla con colegas no nos metimos en la situación del sindicalismo combativo y de izquierda, es el otro actor que sin dudas sobrevolará esta etapa. Incluidas las organizaciones de desocupados y piqueteras. Porque como plantea uno de ellos, está por verse si “la crisis de representividad sindical se va a canalizar de manera más ordenada o va a ser más abrupto, más radical”.

Ese es uno de los temas donde La Izquierda Diario siempre busca meterse y encontrar respuestas: ¿puede desarrollarse al calor de la crisis un nuevo “sindicalismo de base”, aunque diferente al que vimos entre 2004 y 2014? ¿Volverán a expresarse los “autoconvocados” como vimos en 2021 en salud, UTA, vitivinícolas, citrus, tercerizados, docentes, donde el activismo de base y la autoorganización protagonizaron dos oleadas de luchas? Los empresarios, funcionarios y sindicatos ya tomaron nota de eso: por eso en 2022 prefirieron las concesiones al conflicto abierto. ¿Y procesos de “nuevas direcciones”, que aunque no sean clasistas no responden a las conducciones burocráticas tradicionales? Es lo que acabamos de ver en controladores aéreos y nos llegan noticias de otros gremios en el interior.

La Izquierda Diario y el Movimiento de Agrupaciones Clasistas (PTS en el FITU) apuestan a que ganen fuerza estas alternativas. Para pelear por el salario, la reducción de la jornada, la unidad de ocupados y desocupados. Pero también para tener más fuerza para dirigirse a los grandes sindicatos. No solo para exigirles, como en esta declaración que acabamos de sacar, un paro general por los reclamos más sentidos. Sino también para construir una fuerte corriente que acompañe la experiencia de millones de trabajadoras y trabajadores con el peronismo y se proponga que el “recambio sindical” sea con las banderas del clasismo.




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