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Red Internacional

La UE activa la directiva de protección internacional ante el aumento de refugiadas ucranianas, que huyen de la guerra en su país; se contemplan 4 millones de desplazadas si se prolonga el ataque ruso.

Diana Bruja PalaciosMaestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Martes 5 de abril | 00:11

A cinco meses de la escalada del conflicto y a seis semanas del inicio de la invasión rusa en Ucrania, este fin de semana pasado, la Comisión Europea desde el jueves pasado propuso y, luego el domingo, ratificó la activación de una norma que permite la entrada en sus territorios de “un número ilimitado de personas que huyan de alguna catástrofe”.

Esta decisión contempla la llegada de cientos de miles ucranianas, principalmente mujeres y niños, asediadas por la guerra, ya que a los hombres no se les permite abandonar el país; pero, también está pensada para que puedan permanecer en la UE por, al menos, un año con plazo renovable de hasta tres en caso de ser necesario. La norma obliga a los Estados de acogida a garantizar derechos políticos y sociales para todas las personas que busquen refugio; como educación a niños, niñas y adolescentes, vivienda digna, trabajo y atención médica.

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La aprobación de la norma propuesta por la Comisión no ha sido bien recibida por varios países del centro y este de Europa, que han puesto en riesgo la activación de la directiva; entre los que destacan Polonia, Eslovaquia, Lituania, Rumania, República Checa y Hungría, quienes pidieron más tiempo para analizar la propuesta.

Cabe destacar que dicha norma ha estado vigente desde hace más de 20 años, pero el Parlamento Europeo nunca la había aplicado pese a las graves crisis migratorias causadas por los conflictos regionales –como es el caso de Siria, Afganistán o Irak– o por la pandemia que profundizó la crisis económica en algunos países dependientes.

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Al contrario de la política antimigratoria en 2015, cuando la vergonzosa negativa de algunos Estados para reubicar a los más de 2 millones de desplazados, se anexó la firma por parte de la UE de un reprochable acuerdo con Turquía para incorporar el control de los flujos migratorios, que consistía en expulsar a todas las personas que llegaran a las islas griegas fueran expulsadas a Turquía; situación que hoy es similar a las expulsiones que EE. UU. le impone a México por las migraciones que llegan a sus fronteras desde Centroamérica, Sudamérica y El Caribe.

El negocio de la guerra

A pesar de la crisis económica actual, los fondos para armamento de la UE son de millones de euros en la medida en que la guerra continúa en Ucrania. Si bien las potencias imperialistas europeas han evitado un enfrentamiento militar directo con Rusia, por otra parte, los países de la OTAN están enviando millones de euros en armas al gobierno subordinado de Zelensky como parte de su injerencia y estrategia política para reforzar su alianza política en Ucrania.

Tan sólo en España, Estado-frontera inequívoco de las políticas imperialistas antimigratorias, se destinaron 4 mil 581 millones de euros a armamentos, lo que supone un incremento de 7.5 % respecto al año anterior. De este presupuesto, 2 mil 848 millones de euros están destinados al pago de deudas contraídas con empresas fabricantes de armas y, el resto, a inversiones ordinarias en I+D militar, infraestructuras e instalaciones militares.

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Una posición por izquierda

Lejos de aportar al bienestar de la población que se vio muy afectada en estos dos años de pandemia con más explotación, precarización laboral y recortes presupuestales en sectores públicos importantes como el educativo y el de salud, los incrementos de presupuesto guerrerista y la ayuda militar al gobierno ucraniano son la expresión de una política imperialista e injerencista de los imperialismos europeos que va en contra evidentemente de los pueblos trabajadores de la región.

Como socialistas, antiimperialistas y anticapitalistas, nos oponemos a la invasión reaccionaria de Putin, pero también estamos en contra de la injerencia de la OTAN, así como del rearme militar de las potencias europeas, y no apoyamos al gobierno de Volodymyr Zelensky, peón de los intereses imperialistas.

Por eso, al mismo tiempo que decimos "No a la guerra!", impulsamos una política obrera independiente para la clase trabajadora y las masas ucranianas, tanto del gobierno de Zelensky como de la OTAN. Es necesario impulsar la solidaridad internacionalista y la independencia respecto a las potencias regionales e imperialistas, como ya nos dieron claro ejemplo los trabajadores ferroviarios griegos quienes bloquearon el envío de tanques estadounidenses a la frontera de Ucrania.

¡Alto a la guerra, contra la agresión rusa y el rearme imperialista! ¡Fronteras abiertas y paso libre a todos los migrantes del mundo!




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