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SUPLEMENTO

Un virus que polariza la escena política nacional

Mario Caballero

Un virus que polariza la escena política nacional

Mario Caballero

A partir del cimbronazo mundial de un virus que altera el sistema nervioso del capitalismo, sus repercusiones desatan fuertes contradicciones en los países dependientes, provocando entre los estados y actores políticos —retomando en el lenguaje militar que están usando las potencias— batallas y maniobras para debilitar al adversario.

Aunque la pandemia del COVID 19 está causando alta mortandad en el mundo (50 mil fallecimientos y 1 millón de infectados hasta ahora), así como tendencias xenófobas, autoritarismo de los gobiernos, reforzamiento del individualismo, histeria colectiva, estrés, y los padecimientos de los trabajadores por la inhumana voracidad de los patrones que los mantienen trabajando sin protección o los despiden, la preocupación de los capitalistas es otra.

La defensa de las ganancias de las empresas y los bancos, es la respuesta natural de los que deciden el rumbo de la economía y las finanzas por encima de todas las cosas. Eso y no otra cosa en la reconversión —todavía muy limitada— de algunas empresas, ante la recesión, produciendo insumos para el sistema sanitario en estos momentos de crisis, con lo que no dejan de obtener ganancias.

Como en cada crisis, la burguesía tiene planes para salir adelante, en donde la defensa de la producción (las cadenas de valor) son las fortalezas a defender. Así, mientras las grandes potencias pueden destinar partidas millonarias para atenuar la crisis económica —como el Senado de los Estados Unidos que aprobó un paquete de ayuda por 2 billones de dólares de los cuales 864 millones serán para empresas— y reactivar la economía y el consumo interno, otros países saldrán de esta pandemia muy debilitados.

Y es que, los países dependientes y con rasgos semicolonales, están subordinados a los vaivenes de la economía de las grandes potencias y de las imposiciones de los organismos financieros internacionales. Por ejemplo, el endeudamiento de las economías dependientes aumentará drásticamente al final de esta crisis, afectando su Producto Interno Bruto.

Por eso son los más desprotegidos los que más mueren y quedan en la miseria en cada crisis económica o de desastres naturales, como lo muestran hoy las terribles escenas en Ecuador.

Las consecuencias de esta pandemia mundial que amenaza destruir las fuerzas productivas vía la recesión o una eventual depresión que varios analistas no descartan, está preanunciando, para un largo periodo, una reconfiguración de las relaciones económicas y políticas entre las naciones. Al mismo tiempo que la profundización de los roces interestatales, en el marco de la pérdida de hegemonía de los Estados Unidos, como entre este país y China.

Esto implicará depreciación de las monedas emergentes y, por lo mismo, encarecimiento de los insumos de importación, caída de las materias primas y un salto en el costo real del pago de la deuda pública. De igual forma, supondrá un aumento del desempleo y la mano de obra barata; el ejército industrial de reserva que en base a la baja salarial actúa como parte fundamental de la acumulación capitalista.

En la época imperialista, ante una profunda crisis como la actual, la masa central de este ejército de desocupados no cuenta con la posibilidad de volver a ocuparse como en épocas pasadas, dando lugar a una desocupación estructural y permanente que profundiza la miseria y la desigualdad en el mundo; afectando también a las llamadas clases medias cada vez más pauperizadas; en ese sentido, el reciente informe de la CEPAL estima que el número de latinoamericanos en pobreza extrema pasaría de los 67,5 millones actuales a 82 millones.

Es sobre esta desigualdad que los capitalistas buscarán recomponerse de los efectos económicos que está produciendo esta pandemia mundial. Estamos pues, ante el intento de un salto reaccionario en la relación de fuerzas entre las clases, donde ya de por sí la burguesía venía siendo favorecida en las últimas décadas por los cambios que el neoliberalismo impuso en las leyes laborales, arrancando conquistas históricas a la clase trabajadora.

La burguesía nacional polariza para presionar a la 4T

En México, los efectos sociales y económicos de esta crisis sanitaria mundial han provocado roces entre el gobierno y las grandes patronales en torno a cómo enfrentar la recesión. Por un lado, hay resistencia de los empresarios a acatar los llamados a suspender actividades no esenciales manteniendo los salarios. A la par, está la posición del frente empresarial —camuflado como “ciudadano”— que con motivo del decreto que dio fin a la construcción de la cervecera trasnacional Constellation Brand en Mexicali, Baja California, publicó un desplegado muy confrontativo donde se demanda la renuncia de López Obrador a la presidencia de la República.

Sin embargo, esta exigencia carece de apoyo pues no expresa al empresariado nacional, ni encontró eco en sectores de trabajadores “desplazados” de su fuente de empleo al impedirse la producción de cervezas presentadas como “mexicanas” como la Corona y Modelo Especial. Y es que desde 2012 el grupo Modelo fue vendido la multinacional de origen belga Anheuser-Busch, productora de Budweiser y Stella Artois entre otras marcas, tal como lo demuestra Luis Villoro en el Diario Reforma del 27 de marzo de este año.

Además, esta cervecera enfrentó la oposición de la población (organizada en el movimiento “Mexicali Resiste”) dada la escasez de agua en Baja California que atraviesa su mayor sequía en 20 años.

Por lo que la consulta ordenada por López obrador —donde se votó la parte la pertenencia o no de instalar esta empresa—, fue vista como una medida democrática (plebiscitaria) de un gobierno que atendía a un reclamo popular, lo que abona al carácter supuestamente “progresista” de la 4T.

Al mismo tiempo empresarios y banqueros exigen facilidades fiscales del gobierno, así como subsidios para costear las ganancias que dejaría de percibir por la crisis económica. Esto, al tiempo que chantajean con que los perjudicados serían los trabajadores, al pararse las cadenas de producción o el comercio.
Bajo esta ofensiva mediática —que no responde a la relación de fuerzas entre los patrones y el gobierno de la 4T— se esconde la idea de que el Estado neoliberal que impera hace 4 décadas, retome su carácter intervencionista, y asuman los costos que le corresponden a los patrones.
Es decir, que piden un rescate económico y financiero como el hecho a los concesionarios carreteros que costó a los mexicanos en 1997, entre 135 mil y 165 mil millones de pesos, o el del Fobaproa, el rescate de las instituciones financieras que costó el 14% del PIB haciéndolo deuda pública que se sigue pagando hasta ahora.

Con esto, los empresarios pretenden que el Estado solvente los sueldos de los trabajadores hoteleros, de líneas aéreas, de camiones, comercios y restaurantes, etc., a su servicio, a muchos de los cuales, por lo pronto, están despidiendo o bajándoles el sueldo.

A su vez, los bancos, en acuerdo con la Secretaría de Hacienda, lejos de condonar deudas a comerciantes o pequeños deudores, ofrecen “ayuda” a sus clientes difiriendo el pago de sus créditos por un período de 4 meses. En tanto, los intereses (no moratorios) seguirán corriendo, endeudando más todavía a aquellos que queden afectados por recesión o los despidos.

Así, los grandes capitales no verían tan afectadas sus ganancias. Tan sólo el programa que demanda este “Consejo Consultivo” tiene un costo del 2.6 por ciento del PIB.

Pero dada la escasa fuerza de los partidos de oposición que siguen en la lona ante su crisis de legitimidad, son los empresarios —y sus intelectuales orgánicos— quienes surgen protagónicos presentándose como “sociedad civil” para que la crisis la paguen el Estado y los trabajadores, y no aquellos que con base en la fuerza de trabajo de sus empleados han acumulado grandes fortunas.

Tal pareciera que la clase dominante estaría abjurando del neoliberalismo, pero nada más lejano de la verdad. No renuncian a la expansión de los mercados financieros y de divisas —cuyo poder está por encima de los estados, impidiendo que éstos regulen sus propias economías—, ni a la contención de los déficits fiscales, limitando la intervención del Estado al control de los precios mediante la lucha contra la inflación a través de duras políticas monetarias, ni a la fuga de sus cuantiosas ganancias a paraísos fiscales o países que les garanticen una mayor seguridad y rentabilidad, como ya está sucediendo..

En realidad, el Estado neoliberal no ha existido en su forma “pura” ni se ha hecho a un lado totalmente. Entró al salvataje de los capitalistas cada vez que surge una crisis económica o financiera, transfiriendo sus adeudos a la población trabajadora.
Por eso, ante los cierres de empresas (cuyos dueños han acumulado fortunas durante años a costa de sus trabajadores), los barones de los negocios deben asumir los costos pagándole a los trabajadores sus salarios íntegros, permitiéndoles quedarse en sus casas para resguardarse del COVID19.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, buscando mantener la estabilidad, viene negociando con los empresarios acuerdos donde en primera instancia habría apoyos fiscales y económicos a los medianos y pequeños empresarios. Pero la reunión del Consejo Mexicano de Negocios, la Asociación de Bancos de México y otras cámaras con AMLO puede significar ciertas concesiones a los patrones para que no se estanque más la economía, toda vez que el año pasado hubo cero crecimiento y se pronostica una caída del PIB en cerca de 5-6 por ciento.
Podemos decir que este es el punto fuerte a favor de la patronal desde el que busca presionar al gobierno, aunque sabe que las reglas del juego cambiaron, tal como lo anuncia AMLO cada vez que hace una declaración.

¿La hegemonía de la 4T bajo fuego?

Es evidente en el panorama nacional una baja en la popularidad de López Obrador, tanto por el estancamiento económico como por las medidas que han afectado a los trabajadores y sectores populares, y que puede ser agravada por los resultados que tenga se estrategia de combate al COVID 19.

Sin embargo, pese a esto, el gobierno la 4T mantiene aún el equilibrio social en tanto continúa siendo hegemónico, e impone su política ante la escasa presencia de la oposición parlamentaria, y la debilidad de los sectores más conservadores de la sociedad.

Pero ¿por qué entonces hay una campaña muy ofensiva desde los medios —y también de un sector de gobernadores— donde todos los días se critican sus medidas y su visión de los problemas nacionales?

¿Es que hay una recomposición de sectores de la derecha partidaria y empresarial que pueden capitalizar a su favor las consecuencias que trae la actual crisis sanitaria?

Incluso a pesar de la depreciación del peso ante el dólar que catapulta la deuda pública y afecta los programas sociales —obligando a López Obrador a utilizar recursos no previstos—, el presidente mantiene su fortaleza.

El objetivo de los sectores patronales y partidistas antigobierno (más allá del exabrupto del desplegado “México no es su imperio”, “DIMITA”), no es tanto para ir a una guerra frontal con el presidente, sino para erosionar la hegemonía de la 4T, aprovechando la coyuntura crítica de la pandemia del COVID 19.

El llamado a mantenerse en cuarentena casera durante todo un mes, con cierto tono enérgico que muchos interpretaron como autoritario, hasta ahora no parece ser una medida igual a la adoptada por otros países, o incluso en algunos estados del país.
Sin embargo, esto no niega que si durante la Fase 3 los contagios y las muertes aumentan de manera exponencial, la legitimidad de la 4T —basada en el consenso social— pueda ser usada para imponer medidas de corte autoritario, incluso hasta usando para ello a la Guardia Nacional.

Esto no está descartado, pues nunca el consenso social —que en el caso de la 4T lo expresa la legitimidad en las elecciones del 2018— está separado totalmente de la expresión de ciertos rasgos de fuerza (lo que Gramsci llama consenso coercitivo). Por lo que si hubieran brotes de descontento —como se ha visto en el sector salud, en las maquiladoras y sectores populares, el uso de la fuerza podría salir a relucir.

El día después…de la crisis

La pandemia mundial del coronavirus trastocó el equilibrio inestable del llamado nuevo orden mundial. La recesión de la economía mundial no será un dulce paseo para el capitalismo, y la recuperación —en el marco de las necesidades que demanda la globalización— será traumática.

Con esto no estamos haciendo catastrofismo ni negamos que, después de una recuperación, el capital puede pasar a la ofensiva con duros ataques contra las masas, sentando las bases reaccionarias para una eventual recuperación. Así lo hizo después de las dos grandes guerras mundiales, y de la crisis que atravesó el mundo en los años 70 y que dio lugar posteriormente a la fase del capitalismo llamada neoliberalismo.

Sin embargo, las tensiones entre las potencias imperialistas por recomponer su “espacio vital”, y la formación de los bloques económicos y políticos que buscan reconfigurar el mapa geopolítico mundial, anuncian escenarios de mayora inestabilidad e incertidumbre.

Tampoco está descartado que, al igual que sucedió después de la Primera Guerra Mundial, surja una nueva subjetividad del movimiento obrero y de masas, con la participación también de las clases medias afectadas por las consecuencias económicas de la pandemia. De esto ya dio cuenta el movimiento de los “chalecos amarillos”.

Y es que las direcciones políticas y sindicales que se pusieron del lado del capital mostrando su rol reaccionario, en un escenario de barbarie donde los más pobres están siendo los más afectados, sufran un mayor desgaste y cuestionamiento. Las huelgas en Francia contra la política del gobierno ante la crisis del coronavirus (precedidas por varias huelgas generales contra reforma de Macron a las pensiones), la huelga general del 25 de marzo en Italia y las valerosas luchas de las enfermeras y los trabajadores de Amazon en Nueva York, son un ejemplo de ello.

En este contexto, en México, las nuevas formas de pensar que echaron a la basura a los partidos tradicionales en las urnas, dando legitimidad al gobierno de López Obrador ¿no podrán llevar a que sectores de las bases del Morena giren a izquierda?
Hasta ahora, la crisis sanitaria hizo a un lado momentáneamente las pugnas entre el partido de gobierno.

Pero una vez que la parte más crítica de esta contingencia se haya superado y se aceleren los tiempos de las elecciones intermedias del 2021, es muy probable que estos roces se expresen como una crisis interna de magnitud. Ya los desencuentros y desatinos del gabinete ante la pandemia (donde la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México se adelantó a aplicar medidas preventivas que AMLO venía desestimando), han desplazado algunos secretarios de Estado de la escena política.
La centralización de la política anticrisis por Marcelo Ebrard, muestra los reacomodos que en el gobierno se están dando, así como de los grupos al interior del Morena.

Con esto, estamos planteando la posibilidad de que, en el nuevo escenario, la hegemonía de la 4T empiece a erosionarse. Para ello será determinante la forma en que ALMO salga de esta coyuntura de crisis sanitaria, económica y social. Y eso abrirá el panorama para la emergencia de nuevas luchas de los trabajadores, las mujeres y la juventud. Pero también puede mostrar aun más la necesidad de construir, desde estos sectores, una alternativa política independiente, anticapitalista y revolucionaria, con un programa para que la crisis la paguen los de arriba y no los trabajadores.

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Mario Caballero

Nació en Veracruz, en 1949. Es fundador del Movimiento de Trabajadores Socialistas de México.
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