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Red Internacional

Tribuna abierta. Un fantasma ronda la Ciudad de México

Texto leído durante la segunda emisión del Torneo De Batl contra la Ciudad Mercancía del pasado 20 de noviembre.

Miércoles 23 de noviembre | 12:54

Reproducimos una participación hecha este 20 de noviembre en el marco de la segunda emisión del Torneo De-Batl contra la ciudad mercancía.

Con todo agradecimiento para los pueblos y barrios originarios de la Ciudad de México.

Un fantasma ronda la Ciudad de México: el fantasma de los pueblos y barrios del Anáhuac. Todos los cómplices del cartel inmobiliario se han confabulado en santa jauría para consolidar el etnocidio de estos pueblos y para afianzar sus riquezas basadas en el robo de tierras, que matizamos llamando despojo o extractivismo: Taboada, Mancera, Peña Nieto, Calderón, Sheinbaum, López Obrador y todos aquellos que disfrazan sus intimas intenciones en un discurso que llaman de izquierda y que esconde la continuidad de políticas neoliberales que perpetúan el enriquecimiento de la élite nacional, pero en mayor medida de las empresas extranjeras que se benefician del robo de tierras, aguas y mano de obra.

Ese cartel inmobiliario que el propio gobierno cínico y mal llamado de izquierda, apoya y al mismo tiempo denuncia, concesiona en privado y criminaliza en público, ese cartel inmobiliario es la manifestación actual del enemigo eterno que, con diferentes caras, en diversos momentos de la historia, ha asediado a los pueblos originarios. Hoy son Xoco, Santa Úrsula Coapa, Santa Isabel Tola, La Magdalena Atlitic, La Piedad Ahuehuetlán, San Luis Tlaxialtemalco, San Gregorio Atlapulco y varios más luchando.

En Xoco, se enfrentan a este agresivo monumento al etnocidio que gustan de llamar Mitikah, cuyo irónico significado es “ciudad viva”, y requirió una inversión que ascendió a los mil millones de dólares. Se trata de un diseño arquitectónico con un modo de vida propio que, por demás, es ajeno a la cultura mexicana y al poder adquisitivo del grueso de su población. Finalmente, desconocemos la procedencia de los 600 afortunados habitantes que se bañarán con el agua que le está siendo robada al pueblo de Xoco.

En Santa Isabel Tola, sus habitantes se enfrentan a los grandes proyectos de infraestructura urbana que sólo benefician a la expansión espacial del capitalismo. En la Magdalena Atlitic también son despojados de sus recursos hídricos. En San Luis Tlaxialtemalco y San Gregorio Atlapulco el gobierno prefirió amenazar el último humedal de la Ciudad de México para crear una medida fallida de mitigación del tránsito vehicular, dando así preferencia al automóvil por sobre el ajolote endémico o los pelicanos del lugar.

Los ejemplos no terminan, ahora, el enemigo histórico de los pueblos y barrios del Anáhuac se manifiesta en obras de infraestructura urbana, en megaproyectos, en grandes centros comerciales, en múltiples conjuntos habitacionales, todos yendo en contra a los modos de vida alternativos que ofrecen las diversas cosmovisiones de los pueblos de esta ciudad. Transgrediendo así, entre otros aspectos, sus formas de representación política tradicionales, cuyos orígenes remiten a un glorioso pasado prehispánico en el cual, la diversidad cultural y política era la columna vertebral de su organización social.

Pero dicha forma de representación política, cuya base se conforma por los derechos a la libre determinación, al autogobierno y a la autonomía, choca con la racionalidad capitalista, eterna dependiente del territorio de los pueblos originarios. Por ello, las luchas por autonomía que ahora nos plantean los eternos guardianes de esta ciudad, hacen posible pensar en alternativas de vida, aún en ambientes urbanos, creando ciudades en las que no haya más espacio para los gigantes de concreto y se privilegie a la vida.

Hoy, siendo aniversario de la Revolución Mexicana, recordemos la deuda histórica que ésta tiene para con los pueblos y barrios originarios del Anáhuac, quitándoles la posibilidad de conservar sus formas tradicionales de gobierno, siempre tendientes a la autonomía. La Revolución Mexicana sería un proyecto de nación mestizo, como ya lo ha señalado Bonfil Batalla, en el que “el indio” sólo tenía cabida si respetaba y si se adaptaba a ese modelo homogéneo de Nación.

El movimiento por la Independencia de México también dejó varias deudas con estos pueblos. Su opresor sólo cambió de nombre, de español peninsular, a español criollo. Así, durante el primer siglo de independencia de la Nación, los pueblos gozaron de forma parcial e intermitente de su derecho ancestral de autonomía, siempre tratados como extranjeros en su propia tierra.

Curiosamente, durante la invasión española, a estos pueblos se les “permitió” continuar ejerciendo sus autonomías y autogobiernos, sin embargo, esto tendría de trasfondo una perversa estrategia política y económica que hacía posible seguir explotando los bienes naturales comunes y la fuerza de trabajo de estos pueblos, al tiempo que mantenía las relaciones en paz, puesto que los españoles sabían la importancia que tenía la autonomía política y la religiosidad popular para los originarios.

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Incluso, durante el mayor esplendor del que los españoles nombraron como el Imperio Azteca, porque su imaginación les impedía imaginar un régimen político que no fuera monárquico, ni imperial, siempre se privilegió la existencia de territorios con autogobiernos que contaban con cierto grado de autonomía económica, a pesar del pago de tributo.

Con este breve recuento, sólo quería que recordáramos que la autonomía y el autogobierno de los pueblos y barrios de la Ciudad de México son parte de su esencia, de la raíz de sus culturas, pues, así como vemos un pueblo o un barrio originario, así existen formas de organización política, económica, cultural y social.

Tengamos presente que, desde el año 1919, la administración de las parcialidades de Tlatelolco y de Tenochtitlán dejaron de existir, el autogobierno y la autonomía en la Ciudad de México habían desaparecido. Pero, en los años recientes, algunos pueblos de esta urbe vienen a recordarnos que siguen en pie de lucha, pueblos como San Luis Tlaxialtemalco, San Andrés Totoltepec, y La Piedad Ahuehuetlán, cuentan ya con Consejos de Gobierno Autónomos, siempre acosados, perseguidos, discriminados, negados, cuestionados en sus existencias y regalados por las cabezas de esa medusa llamada capitalismo.

La urbanización industrial capitalista, la Revolución Mexicana, la Independencia y la colonización han mellado en los intereses de los pueblos y barrios originarios de esta ciudad históricamente. Todas estas transformaciones y movimientos sociales se han dado bajo el engaño a estos pueblos, la urbanización les prometería un desarrollo a través del concreto (sea lo que sea que signifique), la Revolución Mexicana les prometía restitución de tierras si peleaban con sus cuerpos campesinos, la independencia les prometía equidad, el acceso a la “ciudadanía”, y la liberación del tributo, en tanto que, la colonización les ofrecía la paz eterna a través de una fe que siempre les había resultado ajena.

Todas ellas se erigieron como falsas promesas con el único objetivo de culminar siglos de etnocidio para disponer el territorio y los bienes naturales comunes que resguardan sus eternos guardianes, los pueblos y barrios de esta ciudad. Es su tiempo, es tiempo de escuchar a los pueblos de esta ciudad, es tiempo de aprender de ellos, nos acercamos al punto sin retorno.

¡Por un mundo donde quepamos todos!
¡Por los pueblos y barrios originarios de esta ciudad!
¡Zapata vive!
¡La Lucha sigue!


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