Política México

OPINIÓN

Un escenario impredecible presiona a la Cuarta Transformación

La crisis del covid-19 dio un manotazo al equilibrio que mantuvo la Cuarta Transformación de AMLO. La realidad económica, social y política está cambiando, y no se ve que el gobierno piense en términos estratégicos como enfrentar esta situación.

Martes 31 de marzo de 2020 | 13:03

Cuando Andrés Manuel López Obrador llegó al gobierno, pese a que las profundas contradicciones estructurales no se cerraban, el consenso social lo blindó ante los ataques de sectores empresariales y de la “clase política”. En lo económico, había confianza en un presupuesto austero que procuraba evitar el déficit fiscal. Daba tranquilidad a los “mercados”, y permitía cierto margen para negociar el nuevo Tratado México Estados Unidos Canadá (T-MEC), bajo las condiciones de Donald Trump.

En otro plano, la legitimidad de su gobierno se fortaleció con los programas asistenciales, con los que pretendía mitigar la desigualdad social bajo un “capitalismo con rostro humano”. Buscaba mantener la estabilidad política, basado en una “austeridad republicana”, lo que implicó recorte de programas y miles de despidos.

A su favor contó también que la oposición parlamentaria estaba golpeada por su fracaso electoral del 2018, lo que se profundizaba con la crisis interna de estos partidos. Bajo esta relación de fuerzas favorable a sus planes, AMLO contaba con imponer la estabilidad política y social, que demandaba el gobierno de los Estados Unidos y el mundo de las finanzas.

Pero el azar, que se presentó como crisis sanitaria (covid-19), alteró su visión exitista. Hoy estamos ante un nuevo escenario en el país, de pronóstico impredecible, que pega en el centro de gravedad de la 4-T.

En el marco de una crisis de salud que no solamente cobra miles de vidas, sino que acelera las tendencias recesivas a nivel mundial que se pronosticaban en un mundo globalizado que no se reponía de la gran recesión del 2008-2009, el fantasma de la depresión toca las puertas de la economía.

Con ello muestra las contradicciones del capitalismo donde las principales potencias entran en disputas y negociaciones geopolíticas, que lleva a los principales Bancos Centrales -como los de Estados Unidos, China y la Unión Europea- a bajar sus tasas de interés para alentar la inversión y el consumo.

La inicial negación: ¿un bumerán contra la 4T?

Cuando era ya una pandemia mundial, la lenta reacción de López Obrador ignoraba el pánico de las grandes potencias imperialistas, que veían colapsados sus sistemas de salud, con miles de muertos, y la caída de las principales Bolsa de Valores.

Su forma chabacana de abordar los grandes problemas mostró a un gobierno incapaz e irresponsable ante una crisis de tal magnitud.

Es decir, que no contempló los probables escenarios catastróficos que toda gran crisis plantea. Desestimó incluso las medidas de higiene más elementales que en el mundo se estaban adoptando.

Esta falta de sensibilidad y la falta de una visión estratégica ante una pandemia de tal magnitud, sorprendió a varios gobernantes y analistas del mundo. Justo cuando tenía que pensar en un escenario de guerra que lo llevara a presentar un plan acorde con dicha empresa.

Probablemente la historia le cobrará caro esta irresponsabilidad al presidente -quien ha tenido uno de los más altos niveles de legitimidad en la vida política nacional-, afectando la hegemonía ganada ante la crisis de representación de los demás partidos del régimen.

Es un gobierno que, sin reconocerlo, está objetivamente a la defensiva, por lo que el lunes 30 de marzo, se vio obligado a cambiar su política, al declarar el estado de emergencia sanitaria; abriendo la posibilidad de que, de no acatarse, estas medidas podrían imponerse aún en contra de la voluntad de la población.

Este es un reconocimiento implícito de una estrategia fallida e irresponsable ante la pandemia mundial y sus repercusiones en nuestro país.

¿Hacia una tercera fase con serias repercusiones sociales?

La tardía aceptación de la fase 2 del covid-19 puede provocar que, al declararse la fase 3 de “transmisión generalizada”, que oficialmente podría ser a finales de mayo, lleve a una elevada mortandad, dadas las limitaciones del sistema de salud y los problemas de desabasto. Por lo que no podemos descartar que se extienda el pánico y la indefensión social en los sectores más desprotegidos de la población, superior al vivido con los sismos de 1985.

Muy pronto en los hogares se resentirá la falta de empleo, como lo muestra el cierre de varias plantas automotrices y también afectará duramente al mayoritario sector informal. A esto se sumaría una sensación de impotencia y frustración en sectores de masas. Habría que preguntarnos si la politización de la sociedad, que llevó al poder a López Obrador y al Morena, no dará un giro, alterando la actual relación entre gobernantes y gobernados, empezando a romper con las expectativas en la 4-T.

Esto, en el marco del rol canalla que desempeña la burocracia sindical, la cual se hace cómplice de los patrones en los despidos de miles de trabajadores o con las reducciones salariales. Mostrando que bajo la 4T, los sindicatos charrificados y priistas forman parte de la superestructura política en que se basa el gobierno del Morena.

Los llamados del gobierno a que los patrones no violen los derechos de los trabajadores, son parte de un pacto no escrito de gobernabilidad. Esto muestra la falsedad del discurso de “primero los pobres” y el carácter de este gobierno que intenta pasar como progresista mientras no afecta los intereses de los patrones.

Los primeros saqueos a supermercados (más allá de si detrás de los mismos está o no la “delincuencia organizada”), pueden adelantar la crisis social que una larga cuarentena pueda provocar. Sin saber los reales alcances de esta pandemia y cómo superarla, un eventual salto en la descomposición social impactaría en los planes de la 4T.

Aunque el gobierno entró a esta situación con cierta fortaleza, su legitimidad quedará probablemente cuestionada. En un “escenario de “guerra” como la pandemia mundial, ningún “general” sale ileso. Sin llegar al derrumbe y el caos que los sectores de derecha dan ya como un hecho a través de los medios, el gobierno puede sufrir un fuerte golpe.

No podemos desdeñar las protestas de los trabajadores de la salud ante la falta de insumos y de medidas para su seguridad: se trata de quienes están más expuestos a los contagios. Son muy importantes los primeros brotes de descontento en la frontera norte por los “descansos obligatorios” y sin cobro de sueldo en las maquiladoras.

Se abre la posibilidad que aparezcan nuevos escenarios políticos que trastoquen el equilibrio político logrado hasta hoy por AMLO. En esto actuará, junto al impacto de la estrategia del gobierno, la situación de la economía y el rol que se le dé a la Guardia Nacional y el conjunto de las Fuerzas Armadas ante una escalada del descontento.

Lo que está por verse en los próximos meses es si el gobierno para controlar la situación pasa del consenso al dominio social mostrando sus rasgos más autoritarios.






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