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Red Internacional

En reunión a puerta cerrada, Yovana Karina Limón Ruíz, coordinadora de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, sede Huixtla, amedrentó a estudiantes para que dejaran de apoyar a los profesores despedidos: “No se involucren en un pleito que no les corresponde” insistió en varias ocasiones.

Viernes 13 de agosto | 18:59

El pasado 2 de agosto, en la sede Huixtla de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) se realizó una reunión a puertas cerradas con estudiantes. Antes de comenzar la reunión, Zully López y López “solicitó” a los asistentes dejaran sus celulares, es decir, les retiraron sus teléfonos a sabiendas de lo que ocurriría después.

Durante los siguientes 40 minutos, Yovana Karina Limón Ruíz, coordinadora de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), sede Huixtla, se dedicó a amedrentar, intimidar, manipular y chantajear a los estudiantes, pues varios de ellos han mostrado su apoyo a los profesores recientemente despedidos por exigir derechos laborales. Cabe mencionar que profesores denuncian que Limón Ruíz no cuenta con el perfil para el cargo, pero fue impuesta por su amigo el exrector Calvo Fonseca.

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El largo sermón de Limón Ruiz deja ver las infinitas injusticias laborales y humanas con que las autoridades de la Universidad han normalizado la tragedia del trabajo y de la vida en la sociedad contemporánea. Es inconmensurable la violencia verbal e institucional que Limón Ruiz sutilmente ejerció durante toda la reunión para doblegar la subjetividad y sensibilidad de los asistentes ante las injusticias que para nada le son ajenas. Solo por señalar un elemento, las condiciones laborales de las y los profesores ahora despedidos, es parecido al futuro que les espera a los estudiantes.

El sustento del amedrentamiento contra los estudiantes por apoyar a los cincuenta profesores despedidos, radicó en apelar a la normatividad que rige en la Universidad. Es decir, Limón Ruíz consciente o inconscientemente ocupa una de las máximas que rigen la vida en la modernidad capitalista: “Entre derechos iguales decide la fuerza” (Marx, K.) o, en otras palabras, la violencia que el derecho ejerce sobre las y los trabajadores radica en la correlación de fuerzas existente.

Así lo expresó este personaje:

“Entonces ¿qué pasa con este grupo de maestros? Si a mí me contratan, me pagan en tiempo y forma, en nómina, me pagan mi aguinaldo en tiempo y forma, entonces, la parte patronal puede exigirles que suban las calificaciones que es algo que no hicieron.”

Resulta que, para las autoridades, en voz de la coordinadora, el despido de los cincuenta profesores es legal y legítimo, pues estos no cumplieron con la normatividad de la Universidad. Afirmó que:

“Hace más de dos años no suben calificaciones, están de brazos caídos, no están cumpliendo con cosas académicas.”

Por lo que, las violaciones a sus derechos laborales (que narramos en una nota anterior) están por debajo del derecho de la Universidad. Pero esta subordinación de derechos sólo se logra aplastando la organización de las y los profesores y administrativos que ahora luchan. Es por eso que se amedrentó a los estudiantes, para que la correlación de fuerzas no crezca a favor de las y los trabajadores, sino que favorezca a las autoridades y puedan seguir implementando la violencia de la normatividad contra los derechos laborales y humanos.

Es por ello que, en su soberbia, Limón Ruíz puede hacer afirmaciones de este tipo:

“Entonces, como alumnos de la licenciatura, como docentes, como coordinadora, yo tengo un reglamento que seguir. Estos docentes, o estas personas, tienen un reglamento que seguir, si bien tienen problemas sindicales que no me competen a mí, que no le competen a cada uno de ustedes, son problemas sindicales, fuera de la universidad.”

En toda la reunión no se cansó de señalar a los estudiantes:

No se involucren en cosas que no les competen, así de simple.

Añadiendo, ya al final, que bajaran las publicaciones de apoyo que hicieron en sus perfiles de Facebook: “y si publicaron, les daré tiempo de borrar la publicación”. Como coordinadora, varias veces insistió que a su alcance están calificaciones y los cortes para recibir la beca Benito Juárez a quien tiene buen promedio.

“Espérense que les toquen su beca y ahí sí cada uno van a saltar. ‘Quiero que me suban mis ubes, cuándo se va a subir, cuándo va a estar la carga académica, cuándo, ya quiero mi beca’”

Intentó manipular varias veces a los estudiantes en tono soberbio y prepotente. Enfatizó su papel de coordinadora e incluso hasta insinuó lo agradecidos que debieran estar con ella:

“No se involucren en un pleito que no les corresponde, porque, así como yo -como coordinadora- no los involucré cuando ellos los estaban afectando a ustedes, porque ustedes ni se enteraron, ni por aquí les paso. Ahorita que vengan las becas vamos a ver, yo no tuve vacaciones ¿por qué? Por andar subiendo toda la información de ustedes, para que cuando venga la beca, pueda hacer el corte.”

Para rematar, no podía faltar la monumental normalización que autoridades, patronales y gobierno hacen del trabajo inestable, precario:

Aquí no se despide a nadie, quiero que entre en su cabeza […] Nosotros firmamos un contrato que se vence cada seis meses […] está en la universidad contratarnos o no, va a ver un momento en que a mí ya no me van a contratar, pero es el riesgo que yo corro al aceptarlo, o ¿ustedes firman contrato en su trabajo toda la vida?

Es por ello importante que la comunidad estudiantil no se deje amedrentar por este tipo de personajes putrefactos, que, en su irracionalidad, cometen miles de atropellos contra trabajadores y estudiantes. Sin la unidad de la comunidad universitaria, las autoridades van a seguir agudizando la violencia de clase, recubierta con la “civilidad” del derecho. Ante esta violencia sistemática y estructural, tenemos derecho a la huelga, al paro, a la toma, a la organización y resistencia de los de abajo.

Desde la Campaña Queremos Trabajo Digno, hacemos un llamado, en esta ocasión, a los estudiantes, a que también se organicen con las y los profesores que hoy luchan por mejores condiciones laborales y contra la corrupción que impera en la UNICACH.




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