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Red Internacional

En plena pandemia, autoridades de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México imponen la continuidad de las clases en línea y la certificación, sin tomar en cuenta las condiciones materiales de las y los estudiantes frente a la crisis sanitaria.

Jueves 23 de abril de 2020 | 17:52

México enfrenta las consecuencias derivadas de la contingencia sanitaria y del Covid-19; a días de entrar en la fase 3 del plan de emergencia, el destino de la educación superior es incierto, en particular del ciclo escolar en la UACM.

A pesar de que las autoridades de la Universidad se empecinen en reanudar las clases el 20 de abril, así como de llevar a cabo la certificación en junio (ambas en línea) la realidad es que la situación del país no permite el desempeño escolar normal o cotidiano que, ya de por sí, tenía muchas fallas y desigualdades.

Las autoridades universitarias han seguido actuando como si la crisis sanitaria fuera un inconveniente común, continúan avanzando en un programa escolar que una minoría de la comunidad podrá seguir, dejando al resto en la incertidumbre y, en los casos en que no certifiquen al menos tres materias, perderían su beca.

Sin embargo, es necesario señalar elementos que están generando desigualdades, que acrecientan aún más la brecha, pues están quienes no cuentan con las condiciones materiales básicas, por ejemplo, si son de los más de trescientos mil despedidos desde que comenzó la cuarentena; aunque ya había muchos que no tenían ingresos fijos y ahora la comida en sus hogares escasea y las tensiones familiares se hacen presentes; y muchxs cuyos entornos violentos se exacerban a raíz del confinamiento; todos ellos quedarán excluidos de la certificación del ciclo escolar que tampoco es garante del avance en sus aprendizajes.

Quizá sea sensato que las autoridades educativas, miren el perfil de los diferentes sectores que componen la comunidad estudiantil de educación pública para crear una estrategia escolar que evite las desigualdades y la discriminación.

Cabe señalar que la situación que estamos atravesado no es normal, la mayoría de la población se encuentra en una encrucijada sin precedentes; la falta de seguridad social, la proliferación en empleos precarios, el desempleo, la informalidad, las tremendas desigualdades preexistentes (en México tenemos 47 millones de pobres), así como la violencia que se ha recalcitrado con el confinamiento, entorpece, aún más, la “normalidad” con la que se pretende continuar el ciclo escolar.

Los estudiantes se enfrentan a las exigencias que sólo un puñado de autoridades impone a la mayoría de la comunidad universitaria: la continuidad escolar como si no estuviera pasando nada.

Lo real es que sí está pasando y mucho. La crisis económica y sanitaria ya está presente, y se recrudecerá conforme la pandemia continúe activa; esta crisis trae consigo despidos masivos, y ante esto, es evidente la ineficacia del Estado para garantizar el acceso a la salud y el ingreso que asegure la canasta básica para todos los mexicanos.

En la UACM, así como en la mayoría de las escuelas públicas del país, nuestros estudiantes son parte de sectores vulnerables sin muchas posibilidades de que sus familias solventen esta crisis económica o la enfermedad; ¿cómo "salvar" el semestre en estas condiciones? ¿Qué importancia tiene la escuela cuando no hay trabajo, ni qué comer, ni salud?

La educación es un derecho humano, pero también es evidente que, sin salud, sin alimento, la escuela dejará de ser prioritaria y eso lo hemos visto durante décadas con la aguda deserción escolar que se ve en ellas.

Las y los docentes no debemos permitir un rezago aún mayor, ni que en medio del riesgo sanitario que significa esta pandemia para todas y todos, nuestros estudiantes sean sometidos a una medida arbitraria e ineficaz. Si la urgencia de “aprobar” es lo que importa, que sean aprobados de manera automática.

Si esa medida es inconcebible para las autoridades, entonces que se olvide el año lectivo, porque la prioridad es la vida y la salud.

Después de todo, esta lógica de prisa escolar obedece a un sistema de producción que precisa que nuestros estudiantes se conviertan en “seres productivos” para ese sistema, no a un interés neutro por tener una sociedad educada.

Nuestra labor docente implica el desarrollo de un pensamiento crítico, mientras que los estudiantes deben pensar en nuevas formas de organización, de aprendizaje situado en problemas reales y, ahora, en la toma de decisiones que transforme la educación en el mundo post-pandemia al que nos enfrentaremos en unos meses.
La tarea de la comunidad universitaria (estudiantes, docentes y trabajadores), es exigir y tomar las condiciones que salvaguarden los derechos a la educación, a la vida digna, los derechos laborales en beneficio de la mayoría.

Las cuestiones primordiales son la suspensión de las clases debido a que la mayoría no tiene condiciones materiales para ello, al mismo tiempo se exija que se libere Internet y se suspenda el cobro de servicios básicos, otorgamiento de becas universales, solución inmediata de las demandas de la Asamblea de Profesores de Asignatura de la UACM en Lucha, la basificación de todas y todos los docentes de asignatura y la suspensión de las actividades con goce de sueldo para todas y todos los trabajadores.

Conoce a la Asamblea de Profesores de Asignatura de la UACM:

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