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Red Internacional

Con el nuevo inicio de clases en la UACM, se observan claramente los problemas que recorren la universidad, a los que se han agregado problemáticas nuevas que van en detrimento del derecho y el tipo de educación que los estudiantes y toda la comunidad educativa merecen.

Jueves 31 de agosto | 00:12

Las clases en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) se han reanudado con los problemas que ya padecía la comunidad educativa, pero se le suman nuevos golpes.

Uno de los más graves es la continuidad de la precarización laboral y su respectiva falta de derechos, que afecta a la gran mayoría de las y los trabajadores, aunque l@s más castigad@s somos las y los profesores de asignatura, pues no nos reconocen como parte orgánica de la institución, aunque realizamos funciones sustantivas, ya que sin nuestra labor, que es impartir clases y formar al estudiantado, ésta no podría funcionar, lo cual, termina por afectar nuestras condiciones de vida y la capacidad de desarrollar al máximo nuestra labor de formadores de futur@s profesionales.

Esto, inevitablemente, impacta directamente en los estudiantes, quienes ven la educación que reciben cada vez más degradada, a lo que se agrega el recorte de grupos que ellos mismos han denunciado muchas veces.
Dicha situación, se da en el contexto de los ataques de la rectoría contra el Contrato Colectivo de Trabajo (CCT), ya que, la titular de este órgano Tania Rodríguez, íntimamente ligada a Claudia Sheinbaum, ha intentado pasar las prestaciones de las y los trabajadores de salarios mínimos a UMA´s, lo que implicaría un recorte drástico en esas prestaciones, puesto que la UMA es una unidad creada para que los ingresos no crezcan acorde a la inflación, a diferencia de los salarios mínimos que, en teoría, deben crecer conforme a esta.

En ese mismo sentido, y con la mano en la cintura, la rectora ya ha dicho a las y los trabajadores que… “de ahora en adelante las próximas negociaciones del CCT se harán a la baja”.

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Otros problemas sin resolver

Otro de los problemas que sigue e incluso se acentuó, es el de las cafeterías, que no cubre las necesidades de la comunidad. Por ejemplo, en el plantel Cuautepec, el turno de la tarde ya no ofrece comida para las y los estudiantes, trabajador@s y/o profesor@s. Quedando claro que no existe una intención de la autoridad en solucionar esta situación, ya que en sus informes ni siquiera lo menciona.

Por otro lado, un nuevo y grave problema que aquejan a la UACM, se concentra hoy en las y los estudiantes de posgrado, quienes proyectaron su desarrollo académico contando con que recibirían su beca del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología (CONAHCYT), sin embargo, con la aplicación tramposa de los criterios de la nueva Ley de Humanidades, Ciencia y Tecnología, les han negado ese derecho, a pesar de que les hicieron comprometerse a cursar tiempo completo, lo que les ha implicado rechazar oportunidades de empleo para poder cumplir y acceder a la beca, mientras que, ya iniciadas las clases, les anunciaron de forma arbitraria que no la percibirán.

Pero esta situación no es exclusiva de los posgrados de la UACM, sino que afecta a varios programas a lo largo y ancho del país, y con ello, a decenas de miles de jóvenes profesionales, mostrando la verdadera cara de la “austeridad republicana” y del supuesto “humanismo” de la 4T, en la cual persisten los criterios productivistas dados por estímulos del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), que crean trabajadores de primera y de segunda y perpetúan la precarización laboral. Por lo que, el resultado de esto es la profundización de una política que va en contra del desarrollo de la educación pública y del derecho de las mayorías a acceder a la misma.

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Todos a la organización y a las calles

Frente a este escenario es más necesaria que nunca la autoorganización de las comunidades educativas, en asambleas donde converjamos estudiantes, profesor@s y trabajador@s, para que decidamos de manera democrática el rumbo de las universidades, del desarrollo académico profesional y de la investigación en el país, para que la capacidad profesional esté verdaderamente al servicio del pueblo trabajador y las grandes mayorías. Produciendo conocimiento y tecnología que sirva para curar enfermedades, mejorar la infraestructura, así como atender los problemas sociales de las mayorías trabajadoras para mejorar la calidad de sus vidas, lo que implica también dar final a esta lógica productivista.

Pero, a la vez, la organización en unidad de las comunidades educativas, tendría que trascender los espacios universitarios y salir a las calles, yendo más allá de la obtención de becas o mejoras inmediatas para las instalaciones, que si bien son fundamentales, no son las únicas demandas, pues es necesario pasar al plano político para luchar por la defensa de la educación pública y gratuita; por la eliminación de los filtros en la obtención de becas para profesionalización e investigación; por mayores recursos e infraestructura para ella, contra la precarización de la investigación y la ciencia, y en unidad con otras universidades y sectores de trabajador@s.


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