Política México

OPINIÓN

Trump, México y Peña Nieto: fin a la cuenta regresiva

El viernes 20 quedará al frente de la principal potencia imperialista del planeta, el magnate republicano que se hizo famoso por su discurso misógino y xenófobo.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Jueves 19 de enero de 2017

Termina la cuenta regresiva que inició con el triunfo sobre Hillary Clinton. A partir de entonces veremos hasta donde lleva sus promesas de campaña. En particular las propuestas que hicieron cimbrar a México: la renegociación del Tratado de Libre Comercio, la anunciada deportación de millones de mexicanos y un nuevo muro fronterizo.

Trump: presiones proteccionistas

En las últimas semanas, Trump multiplicó sus presiones sobre las trasnacionales estadounidenses, demostrando la voluntad de avanzar en medidas proteccionistas. Ford y Chrysler anunciaron recortes a sus inversiones en México. General Motors anunció una inversión de 1000 millones de dólares en Estados Unidos y el retiro de 450 puestos de trabajo del país. Trump rápidamente tuiteó “Con las nuevas plantas automotrices regresando a nuestro país, y con la reducción de costos que he negociado en las compras militares y más, creo que la gente está viendo una gran cosa”. Al mismo tiempo, la Association for Manufacturing Technology (AMT), que engloba a 30 empresas estadunidenses de alta tecnología, declaró que las inversiones en México son “a largo plazo y bastante robustas”.

Las medidas proteccionistas de Trump complican el panorama de las grandes empresas estadounidenses, cuyas inversiones se beneficiaron con los bajos salarios y las ventajas arancelarias, claves en el entramado de una de las “cadenas de valor” más dinámicas del mundo en las últimas décadas. La renegociación del TLC implicará entonces un panorama complejo fundamentalmente por las contradicciones que puedan surgir respecto a los intereses de las trasnacionales. La incertidumbre flota en el ambiente, y afecta particularmente al gobierno mexicano.

Peña Nieto, tendiendo puentes

En las últimas semanas se multiplicaron los gestos hacia la nueva administración estadounidense. El regreso de Luis Videgaray al gabinete como Secretario de Relaciones Exteriores (SRE), fue saludado por Larry Rubin, el presidente del Partido Republicano en México. Videgaray es el principal puente de Peña Nieto con Donald Trump. Además, Gerónimo Gutiérrez Fernández, cercano al nuevo titular de la SRE, fue nombrado embajador en Washington.

El impacto del ascenso de Trump golpeó fuerte en el terreno financiero con la devaluación de la moneda nacional, en un contexto signado por el bajo crecimiento económico y el crecimiento amenazador de la deuda pública. Sus consecuencias en el terreno de las inversiones y las exportaciones, podrán poner en crisis, en los próximos meses o años, la “gran empresa” de la clase dominante mexicana que se desplegó con la llamada integración económica y el Tratado de Libre Comercio.

Peña Nieto apuesta que Trump, una vez sentado en el salón oval, reformule su plan hacia México. El nombramiento de personajes como Luis Videgaray y Gerónimo Gutiérrez pretende allanar ese camino. Pero la realidad es que los priistas no saben todavía si recibirán algo a cambio de tantos “gestos”. Si Trump modifica de alguna forma su programa, no será por las “presiones” del gobierno mexicano, sino por la negociación con las grandes trasnacionales, con estructura productiva y comercial a ambos lados de la frontera.

El gobierno del PRI se caracterizó, continuando a sus antecesores panistas, por redoblar la subordinación al imperialismo. Aceptó la política migratoria del demócrata Barack Obama, que deportó a 3 millones de connacionales. Con la Ronda 1.4 entregó suculentos campos petrolíferos a las grandes empresas del sector.

Peña Nieto se prepara para arrodillarse ante el nuevo habitante de la Casa Blanca, aunque eso implique ser vapuleado mediáticamente. Muy lejos quedó el trato preferencial que Obama le dio al ejecutivo; su subordinación no tendrá como contrapartida el ser presentado como “socio” privilegiado a los ojos del mundo.

Esto le acarreará costos políticos a Peña Nieto. Cada afrenta de Donald Trump contra los migrantes y el pueblo mexicano golpea sobre la popularidad de un gobierno que, ante millones, aparece como un dócil e inmutable sirviente de Washington. Esto crecerá cuando Trump cumpla su promesa de un nuevo muro y deportaciones masivas.

Los frentes abiertos se acumulan para el presidente: la crisis nacional abierta por el gasolinazo y las movilizaciones populares, el descontento creciente con su administración, se combina con la incertidumbre general que provoca el cambio de gobierno en el poderoso vecino del norte. Y le faltan casi dos años en Los Pinos. Eso, para Peña Nieto, debe ser lo más parecido a una eternidad.

Este 20 de enero asume Trump. Ese día, también se realizarán movilizaciones en Estados Unidos, México y otros países, hermanados por el repudio al nuevo jefe de los bandidos imperialistas. En la Ciudad de México, seamos miles los que marchemos de la embajada de EE.UU. al Zócalo. Salgamos a las calles, bajo la bandera de Fuera Trump y Peña Nieto, Fuera yanquis de América Latina.






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