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Red Internacional

En México ser defensor o defensora de la naturaleza, el medio ambiente y el territorio es una actividad de alto riesgo. En los último años se han documentado decenas de agresiones y asesinatos contra activistas, y el caso de Samir Flores es tristemente paradigmático.

Martes 22 de febrero | 15:00

Los ataques contra defensoras y defensores no se pueden entender sí no se ubica a América Latina y México como regiones “mega diversas”, es decir, en sus territorios alberga una enorme diversidad de flora y fauna, que, en muchos casos, es endémica. Asimismo, estas geografías se encuentran habitadas desde hace siglos y en algunos casos milenios, por comunidades originarias y/o campesinas que han desarrollado su cultura alrededor de su entorno.

Lo que debería ser un motivo de festejo, se convirtió en una maldición, porque estos territorios cayeron en la mira de grandes transnacionales depredadoras y sus gobiernos que en lo único en lo que están interesados es en la ganancia. Un ejemplo de esto es el Proyecto Integral Morelos, el cual despojó a las comunidades del agua, además de impulsar otros mega proyectos que devastan enormes extensiones de terreno, aniquilan formas de vida y expulsan a los habitantes de sus tierras.

Ante esta brutal situación empezaron a organizarse las comunidades y sus pobladores para defender sus territorios y culturas. Samir Flores fue expresión de esto. Él, junto a miles de personas, se opuso a que las empresas destruyeran el medio ambiente y extrajeran los recursos naturales sin ningún tipo de consideración por la naturaleza y las generaciones futuras.

Trágicamente Samir fue asesinado el 20 de febrero de 2019. Su muerte tuvo repercusiones inmediatas, los pronunciamientos de repudio y movilizaciones no se hicieron esperar. El homicidio no fue un caso aislado, por el contrario, es una estrategia metódicamente preparada para quitar de en medio a todo aquel que luche contra el despojo de los grandes capitalistas y sus gobiernos.

A 3 años del crimen, el gobierno de la 4T no ha procurado justicia y garantía de no repetición del daño. Muy por el contrario, los atentados contra la integridad y vida de los defensores de la naturaleza no se han detenido. Asimismo, la explotación irracional de los recursos naturales se ha intensificado con inusitada rapidez, así como la represión contra los defensores de la vida y sus pueblos, como lo muestra el reciente asesinato de Francisco Vázquez, también opositor al Proyecto Integral Morelos.

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¿Cómo proteger a la naturaleza y a los defensores?

Es imperioso exigir el cese a los ataques contra toda y todo defensor del medio ambiente como a los pueblos originarios, porque estos últimos son uno de los pilares que sostienen la batalla contra la expoliación capitalista de la naturaleza.

También se revela la necesidad de que todas y todos los trabajadores abracen la demanda de la defensa del territorio y la vida de los que lo protegen. Lo anterior se basa en que sólo la clase trabajadora tiene la fuerza para detener los engranajes de la producción, distribución y consumo, es decir, si los obreros que manejan la maquinaria que extrae los minerales del subsuelo, declararan una huelga por mejores condiciones de trabajo y un uso racional de los recursos, los empresarios y sus ambiciones serían paradas en seco.

Además, aunque parezca obvio decirlo, la protección del planeta en que vivimos es un tema que a todas y todos nos concierne, porque si la destrucción ambiental y el calentamiento global no se detienen antes del 2030 (según el cálculo de diversos científicos) el daño será irreparable y la vida en la tierra para la humanidad se volverá cada vez más difícil hasta tornarse insostenible.

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