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Red Internacional

El gobierno del Morena da continuidad a proyectos de muerte, miente y calumnia si es necesario, presentando sus otros datos que son insostenibles, mientras que la comunidad científica que le hace la crítica argumenta con investigaciones serias, refutando al presidente.

Viernes 14 de agosto de 2020 | 21:18

Las advertencias de los efectos que el Tren Maya podría tener sobre el ambiente, los ecosistemas, los pueblos originarios y la clase trabajadora se han expresado de múltiples maneras, por múltiples voces, que van desde los afectados hasta la comunidad científica, sin embargo, el gobierno del Morena encabezado por el presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se niega categóricamente a escuchar.

Y es que hace menos de un mes 85 investigadores de varias universidades nacionales y extranjeras lanzaron un llamado público donde se exhorta a no construir el mega proyecto, por los efectos que este puede tener sobre el conjunto de la región donde pretende ser edificado. Devastando reservas naturales, zonas arqueológicas y con una amenaza terrible hacia los campesinos con el peligro de empobrecerlos enormemente si se les deja a merced del mercado, arrastrándolos a convertirse en trabajadores depauperizados.

Estas prácticas que se supone no deberían existir, porque oficialmente el neoliberalismo se encuentra abolido, se perpetúan de la mano de los gobiernos de la 4T, quien a pesar de la narrativa que nos presenta del final del antiguo régimen, en realidad es una continuación, por lo que ese régimen no es antiguo sino actual. Lo que implica el enriquecimiento desmedido de una élite empresarial cercana al presidente, como Carlos Slim, quien no sólo tiene concesiones con el Tren Maya, ahora las tiene hasta para producir la futura vacuna contra el Covid-19.

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Alerta de contaminación

Y es que expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lanzaron una aleta de contaminación de la zona por donde cruce el susodicho tren, cuyas emisiones se compararían con las que generan 139 mil 461 automóviles circulando en la Ciudad de México, es decir casi 431 millones de CO2 al año. Ya que resulta que este transporte funciona con diésel, el cual es un combustible altamente contaminante, su funcionamiento en la península puede producir hasta el 8% de la contaminación que existe en la capital del país.

Lo cual contradice, con muchos argumentos, las declaraciones hechas por el propio AMLO en febrero de este año, donde afirmó que: “No se afecta nada, no se abre una montaña, no se tiran árboles, no se despoja a nadie de sus tierras, no hay contaminación, es solo oposición por oposición, sin causa, o si con causa, pero para enfrentarnos".

Una cantidad importante de especialistas sostienen lo contrario y están dispuestos a demostrarlo, al grado que llevaron su investigación a la Secretaría de Medio Ambiente, pero López Obrador no se detuvo ahí, también afirmó que: “Es ganas de afectarnos, de no aceptar que nuestro gobierno cumpla con sus compromisos y que haya progreso y justicia para la gente, así es el conservadurismo, aunque se disfracen de izquierdas o de ambientalistas, los conozco".

Como siempre el presidente tiene otros datos, los que parecen salir únicamente de su cabeza y pretende hacerlos pasar por verdaderos sólo por ser enunciados en una conferencia de prensa diaria, conocida como la mañanera, pero el Observatorio Latinoamericano de Geopolítica del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, tiene una investigación que arroja otra cosa, esta indagación está plasmada en un informe, titulado “Observaciones a la Manifestación de Impacto Ambiental - Tren Maya".

¿Será que todos esos científicos, académicos, investigadores, ambientalistas y luchadores sociales son conservadores encubiertos y que los verdaderos especialistas no han abierto la boca sólo para poyar al presidente? Esa versión se ve un poco dudosa, ya que, aunque el jefe del Estado mexicano afirme que no se afecta el medio ambiente porque “no es lo mismo el transporte de ferrocarril como lo que contamina el transporte en camiones de carga, o en camiones de pasajeros. Estamos hablando de una reducción de más del 50% de contaminación”, la realidad es diferente.

Según las investigaciones de Ana Esther Ceceña, Violeta Núñez, Josué García y Sandy Ramírez, se ha dado a conocer que la elección de usar el diésel como combustible del Tren Maya fue de carácter económico y no ambiental, puesto que: "las emisiones de carbono de los trenes diésel pueden ser del doble que los eléctricos: algunas locomotoras diésel emiten más de 90 gramos de CO2 por pasajero en una milla (1.6 km), en comparación con aproximadamente 45 gramos para un Intercity 225 eléctrico (tren eléctrico de alta velocidad)".

Es decir, el diésel contamina más, pero al parecer se escogió ese energético por encima de otro para beneficiar a algún concesionario, algo de lo que podemos sospechar, ya que no existe claridad de dónde se van a poner las estaciones para surtir al tren del combustible y de quién lo va a hacer.

Primero... ¿Los pobres?

Aunque la administración actual se pinte de ser un gobierno popular, la realidad es que no lo es, sino todo lo contrario, es un gobierno que defienden los intereses empresariales por encima de todo y de todos, blandiendo una retórica que pretende ser de izquierda y que no resultar ser más que demagogia.

Si fuera mínimamente anti neoliberal (cuando menos y sin llegar a ser realmente de izquierda), tendría que suspender estos proyectos de muerte, destrucción y despojo, iniciar una planificación de construcción de infraestructura que tomara en cuenta la opinión de los de abajo.

Es cada vez más claro que esto no es así, por el contrario, el Morena se cuida fervorosamente de los intereses de los sectores de por sí ya muy poderosos y enriquecidos con el neoliberalismo, mientras que aparenta beneficiar a los trabajadores, campesinos, indígenas, mujeres, estudiantes, comunidad LGBTTT+, lo cual es pura apariencia ya que hace lo opuesto. Ahora nos abocamos al Tren Maya pero hay múltiples aspectos que podrán señalarse los cuales exhiben las contradicciones de AMLO y su partido.




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