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PRECARIZACIÓN LABORAL

Trabajadores "felices", nuevo paradigma de la explotación laboral

Empresas ofrecen clases a sus trabajadores de "mindfulness", cocina saludable, yoga, hit, cursos para lidiar con la ansiedad y el estrés desde casa, gestión del sueño, "coffee with", entre otros. Buscan que no se cuestione la explotación laboral y así redoblar la productividad.

Viernes 7 de mayo | 20:38

Laura fue despedida en julio del 2020 durante un pico álgido de la pandemia Covid-19, logró colocarse meses después en otro trabajo. Al principio, le pareció una novedad que en este le ofrecieran clases: Mindfulness, cocina saludable, yoga, hit, cursos sobre cómo lidiar con la ansiedad y el estrés desde casa, gestión del sueño, coffee with, entre otros.

“Siempre nos dicen que tenemos que dar mil gracias al equipo de Recursos Humanos por su gran esfuerzo para tener estas actividades’’, comenta Laura.

En su centro de trabajo sienten estas actividades como “escapes” o “respiros” ya que la carga laboral ha aumentado debido a los despidos que se han hecho durante el último año, pues las actividades se reparten ahora entre menos personas. Menciona sarcásticamente la frase del profesor de mindfulness “respira profundo, concéntrate en tus prioridades de la semana”, que ante esta situación son las relacionadas a su trabajo.

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Además, nos relata que por asistir y ser proactivos en estas actividades les ofrecen premios: una taza, una planta; pero -sorprendida- nos comenta que los mejores premios son para quienes se quedan hasta las 10 de la noche o van a trabajar los fines de semana, pues acumulan puntos, aunque a ella dejó de parecerle una novedad este tipo de entornos y prefiere tener una vida afuera del trabajo, nos dice.

Este tipo de actividades se han implementado en algunos centros de trabajo, que con la retórica de estar a la vanguardia utilizan toda la ideología de la psicología positiva para generar un “cambio” en la cultura laboral mediante la implementación de los llamados trabajadores felices (happy workers) y así redoblar la explotación contra las y los trabajadores.

Esta nueva figura de trabajador feliz es producto de la ética neoliberal y posfordista, un individuo con una obsesión interior, que intenta a cada momento un escrutinio para autogestionar sus pensamientos, acciones y emociones, es quien busca el desarrollo personal incesantemente y se muestra ante los otros siempre con una actitud positiva, anulando cualquier emoción aflictiva, es decir, el capital busca una subjetividad laboral que se repliegue en sí misma (hacia su interior), anulando su capacidad crítica, exigencias y organización colectiva, como clase trabajadora.

Recetas fáciles

Estas nuevas herramientas se presentan ante los trabajadores de manera muy sutil y amable, pero sirven para controlar la psique de los individuos y, a través de ellas, les introyectan una ideología capitalista, individualista y social-conformista. Ahora, el individuo tiene que ser capaz de autogestionarse a pesar de las injusticias, los despidos, recortes salariales y malas prácticas que se presentan en los centros laborales o en la misma realidad social.

Mediante el mindfulness (atención plena) y todas las actividades que Laura lleva a cabo, no ha logrado avanzar mucho en el malestar que tiene, pues nos confiesa que estas actividades las percibe muy forzadas, ajenas a su realidad y que en todo momento les impiden explorar alguna emoción como tristeza o frustración, productos de la superexplotación a la que la someten. A pesar de su esfuerzo, se sigue sintiendo incompleta y la salida que les da la empresa es tomar más cursos.

Estos procesos, son parte de la llamada reestructuración productiva, que el capital impuso violentamente a nivel mundial, configurando un nuevo tipo de trabajador: inestable (sin arraigo por el puesto de trabajo), polivalente, flexible, con jornadas de trabajo desreglamentadas; un trabajador precarizado, cuya subjetividad esté comprometida con la empresa.

El objetivo de la empresa es buscar mayores niveles de productividad, lo que no necesariamente conlleva un mayor aumento de salario, como sería el caso de Laura, que ahora tiene mayor carga laboral y el mismo salario.

Para luchar en contra de esta normalización de la explotación, debemos aprender a organizarnos, para mostrar nuestras inconformidades colectivamente, a tomar conciencia de clase y desarrollar nuestro sentido crítico.

Las emociones desagradables son parte de la superexplotación a la que somos sometidos, las cuales no podemos soslayar. Nuestro comportamiento no tiene por que ser moldeado por las empresas capitalistas, tenemos que combatirlas mediante la concientización de nuestra pertenencia de clase y que desde ahí se teja una alternativa a la superexplotación, la cual es, mínimamente, un acto de resistencia ante los métodos de manipulación que usan los patrones para exprimirnos al máximo.






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