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Red Internacional

Con más de 12 años trabajando por el cuidado, mantenimiento, reforestación y defensa de los espacios naturales en Yucatán, las Chelemeras buscan expandir su alcance para salvar los manglares, devastados por la explotación ambiental.

Jueves 7 de julio | 22:30

En una entrevista al periódico “desinformémonos”, las trabajadoras Chelemeras, llamadas así porque son mujeres nativas de la región del puerto de Chelem en la península de Yucatán, compartieron sus experiencias, dificultades y avances en la tarea de conservar los manglares.

La península de Yucatán, cuya extensión comprende a los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, es una región importante porque en esta se encuentra la mayor concentración de manglares del país, los cuales cumplen muchas tareas importantes en el funcionamiento de los ecosistemas del sureste, pues, además de albergar flora y fauna en peligro de extinción, ayuda a que los huracanes y tormentas, cada vez más frecuentes y violentos por el cambio climático, no afecten a la población de la península.

Desde hace varios años, el crecimiento de las zonas hoteleras, la construcción de autopistas, el desarrollo industrial y urbano, han provocado fuertes alteraciones en estos ecosistemas, además de que gran parte de estas zonas naturales carecen de medidas de conservación y protección. Si bien la Ley General de Vida Silvestre prohíbe cualquier actividad que afecte a los manglares, lo cierto es que no se es suficiente para evitar la contaminación de estos espacios, pues el cambio de uso de suelo, una política que ayuda al crecimiento industrial de la extracción de materias primas, ha promovido el avance de las empresas en su conquista de más territorios vírgenes y abundantes de recursos como agua y tierra fértil.

En este contexto tan adverso, las Chelemeras han entregado su fuerza de trabajo para recuperar y reforestar los manglares, que hasta ahora suman hasta 50 hectáreas en el puerto de “Yucalpetén” y en el puerto “Progreso”. Esto es apenas la mitad de toda la zona natural de Chelem.

Ellas dicen que han visto cambios importantes desde que trabajan en la conservación de manglares. A grandes rasgos, el trabajo consiste en la limpieza de vías fluviales y canales para que el agua pueda abastecer a la flora degradada; crean viveros con corrales para cuidar las plántulas y se puedan desarrollar en vez de sólo ser arrastradas por la corriente.

Ellas empezaron con esta labor al ser contratadas por investigadores, principalmente de la Escuela Nacional de Estudios Superiores de Mérida, que les propusieron una serie de actividades, entre ellas la creación de zanjas de hasta 60 metros de profundidad. En un principio sólo concebían estas actividades como otra forma de tener ingresos económicos, hasta que se dieron cuenta de que este trabajo es de vital importancia y así profesionalizarse en este mundo.

Llegaron a tal especialización, que ahora participan y aportan en las decisiones al mismo nivel que los propios investigadores. Sin embargo, sufren la precariedad de lo eventual, puesto que sólo trabajan en algunos periodos del año en que hay becas y financiamiento de organismos, instituciones y universidades, es por ello que las Chelemeras dependen de otros trabajos de tiempo completo para poder mantener a sus familias.

Las mujeres trabajadoras Chelemeras han demostrado que existen formas para ayudar a menguar las afectaciones de “desastres naturales” potenciados por el cambio climático por medio de una reforestación especializada y por medio del cuidado y recuperación de ecosistemas. Por ello es necesaria una política del Estado que se dedique a salvar estos espacios por medio de la contratación y especialización de trabajadorxs como las Chlemeras. Dicho financiamiento estatal también tendría que garantizar la estabilidad laboral a lxs trabajadorxs (salarios que cubran la canasta básica, seguridad social, pensiones, etc), pues la eventualidad no garantiza los avances en la conservación. Por otro lado, las Chelemeras sólo se dedican a que las zonas afectadas vuelvan a ser manglares, por ello también es necesaria la contratación de más personas que trabajen los viveros, cuiden la fauna y otras actividades importantes.

El avance de la industria turística, que amenaza a casi todo el sur mexicano, hoy día está más acelerado y más inminente. Megaproyectos, tanto privados, que sólo ven por el bienestar de las familias más ricas del país, y estatales como el “Tren Maya” por ejemplo que se ha demostrado que implica afectaciones a la flora y fauna de la zona en la que pretende construirse, son ejemplos de que el capitalismo tiende a la destrucción del medio ambiente.

Abrazamos la consigna “Si el capitalismo destruye al planeta, destruyamos al capitalismo” porque pensamos que la lógica de producción, consumo, ganancia y explotación de este sistema está destruyendo lo poco que nos queda del planeta. Además de la implementación de trabajos como el de las Chelemeras, es necesario arrancar de raíz el sistema capitalista para frenar el avance de la catástrofe ambiental, en perspectiva de la construcción de un mundo en beneficio de las grandes mayorías y en armonía con la naturaleza.




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