MIGRANTES

Todas y todos a las calles por nuestros hermanos que se fueron en busca del “sueño americano”

Cuando mi mamá y hermanos se fueron buscando el sueño americano, no pensé en todo lo que implicaría ese cambio de vida.

Miércoles 26 de abril de 2017 | 16:53

No sólo es no poder verlos cotidianamente, es la preocupación diaria de que no vaya a ser que un día la migra los agarre y los regrese sin nada.

Desde que recuerdo, la cuestión de los migrantes siempre me ha acompañado. Cuando tenía seis años mi abuela y tíos cruzaron por primera vez la frontera. La familia siempre insistía en que nosotros también nos fuéramos y no fue hasta 18 años después que mi mamá decidió irse al otro lado. Las razones siguen siendo las mismas, una mejor vida.

Siempre se habla de las y los miles de hispanos que dejan sus hogares para irse al gigante del norte para tener una mejor paga, ya que en sus países los salarios son míseros y la violencia va en aumento. Pero pocas veces se habla de la vida ya estando al otro lado de la frontera.

Cuando mi mamá y mis hermanos lograron entrar a los Estados Unidos, lo primero que hicieron fue ir a saludar a toda esa familia que hace años no veían y conocer a los que nunca habían visto más que en fotos, e inmediatamente después de la felicidad de al fin poder convivir a los que hace años no veías inicia la búsqueda por un empleo. Si bien hay un montón de trabajo para los inmigrantes indocumentados, éstos son los más desgastantes y más mal pagados.

El primer trabajo que consiguieron fue en una fábrica donde se elaboraban piezas de fibra de vidrio, el picor que ese material te producía era tan molesto que inclusive después de bañarse este no desaparecía. Mi hermano tuvo un accidente pues a pesar del equipo de protección que les dan es insuficiente para que el material en realidad no tenga contacto con tu piel. Tuvieron que aguantar hasta conseguir algo mejor.

El siguiente empleo fue en una fábrica de piezas de plástico, con jornadas de 10 horas, un trabajo que implica estar de pie todo el tiempo. Cargar, empacar y limpiar es lo que nos toca a los migrantes, pues a pesar de que mucha gente entra y sale -es tan desgastante que poca gente aguanta. Sólo a los trabajadores nativos se les enseña a operar los robots.

Seis meses después de que ellos emprendieron el viaje, yo los alcancé entrando a trabajar a la misma fábrica. Quedé impresionada con la pérdida de peso de mi mamá, las varices que ya se habían saltado al estar tantas horas de pie y la emoción que ella tenía al poder hablar conmigo cotidianamente.

Terminada mi primera semana de trabajo, me preguntaba cómo era posible que una mujer de 47 años pudiera cargar tantas cajas, estar de pie tanto tiempo y aún tener fuerza para llegar y ocuparse de las tareas domésticas. Con el tiempo supe que no era que le sobrarán fuerzas, era la motivación de querer que tus hijos tengan una mejor calidad de vida y menos carencias.

La vida de una obrera migrante es el desgaste físico, pasar diez horas frente a la maquinaria haciendo miles de veces la misma tarea, sintiendo el tedio y el cansancio mental, cantas en tu cabeza, recuerdas películas, haces lo posible porque el fastidioso sonido de la maquinaria te deje terminar la jornada.

Cuando termina tu jornada a las 2:30 de la mañana, lo único que quieres es llegar a tu cama y descansar tus pies que parecen que van a explotar por la acumulación de sangre, para que al día siguiente puedas aguantar de nuevo.

Ésta es la realidad no sólo de mi familia, sino de los miles de jóvenes, trabajadores, mujeres que día a día dejan su vida en las fábricas, y que no sólo deben lidiar con el extenuante trabajo. Sino que ahora ante las políticas xenófobas y antimigrantes que impulsa Trump, miles de migrantes se ven envueltos en la incertidumbre de saber si el día de mañana regresarán a su país dejando a sus hijos pequeños del otro lado.

Pero ahora miles de trabajadores migrantes a pesar de los labores desgastantes y el fastidio que conlleva incluso tener dos trabajos, se organizan para decir ya basta a estas condiciones de vida, ya basta a ser tratados como criminales y este Primero de Mayo preparan una gran jornada de lucha, donde pararan sus centros de trabajo y saldrán a las calles.

Por todo eso, este Primero de Mayo debemos ser miles en las calles, no solo en Estados Unidos sino del otro lado de la frontera. Te invitamos a marchar junto al Movimiento de los Trabajadores Socialistas y Pan y Rosas.






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