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Red Internacional

Con el anuncio del Corona Capital para los próximos 18, 19 y 20 de noviembre, usuarios en redes sociales expresaron su frustración ante el agotamiento de los boletos y el alto precio por parte de la plataforma Ticketmaster.

Lunes 13 de junio | 22:59

En redes sociales se volvió tendencia el hecho de que Ticketmaster, al ser el distribuidor de los boletos del Corona Capital (a celebrarse en el Autódromo Hermanos Rodríguez al oriente de la Ciudad de México entre el 18 y 20 de noviembre), tenía precios elevados.

En cuestión de horas, miles reportaron estar en la fila virtual esperando ingresar al sistema para poder comprar los boletos para asistir al evento musical, el cual este año trae a diversos artistas como My Chemical Romance, Gorillaz, Arctic Monkeys, Miley Cyrus, The Story So Far, Bright Eyes, y varios más.

El precio de los boletos ronda, entre las distintas "fases" que ofrece Ticketmaster, en los $3900 hasta los casi $8000. En el esquema llegan a participar empresas bancarias como Citibanamex, que ofrece a sus clientes dichos precios elevados.

Esta colusión entre Ticketmaster como virtual empresa monopólica de boletos, junto a empresas que van desde bancos, tarjetas de crédito, sedes y centros culturales, así como a veces los mismos artistas, hace que el precio de los boletos no sólo se infle, sino que llegue a duplicarse el precio debido a las cuotas que Ticketmaster "cubre" junto a las demás compañías.

A esto se suman los revendedores de distinta índole (entre los que llegan a estar los artistas que tocarán en los festivales), los cuales consisten en un gran porcentaje de quienes acaparan los boletos, muchos de los cuales hacen uso de bots para facilitar la compra en masa de boletos. De hecho, para lugares de amplia capacidad de espectadores, como lo son el Autódromo Hermanos Rodríguez y el Foro Sol, así como el Madison Square Garden en Nueva York o el Estadio Wembley de Inglaterra, los boletos que se "agotan" en realidad son sólo una pequeña fracción en comparación con los esquemas ya mencionados de revendedores y tarjetas bancarias.

Este fenómeno de especulación es lo que empuja hacia arriba —y de manera artificial, cabe aclarar, puesto que en venta general prácticamente no queda ninguno— los precios de los boletos, provocando que quienes sean los verdaderos perdedores sean los espectadores, elitizando con ello el acceso a la cultura y restringiéndola a sectores acomodados de la sociedad. En algunos casos, ese incremento llega a ser de más del 5,000%.

En un país como México, el cual figura entre los países de la OCDE como el que más horas de trabajo tiene y el que menos días de descanso ofrece, con una juventud condenada a la precariedad (producto tanto de las empresas que ofrecen empleo como de las políticas del gobierno que aprueban el outsourcing), el poder asistir a conciertos y festivales se ha vuelto cada vez más un lujo.

Lujo que, sumado a la carestía de la vida que es causada por fenómenos como la inflación, la crisis económico-sanitaria, la guerra en Ucrania y un salario mínimo que está por debajo de la canasta básica, orilla a que la juventud no pueda disfrutar del poco tiempo libre que el capitalismo nos deja.

Es necesario organizarnos para acabar con él y dar pie a uno que ponga las necesidades de la sociedad por encima de la sed de ganancia —por ejemplo, mediante un salario mínimo acorde a la canasta básica, ajustado a la inflación y con una escala móvil de horas de trabajo entre ocupados y desocupados— y dé pie a que tengamos más tiempo libre para dedicarlo al disfrute de la vida, la música, los conciertos, festivales culturales y en general el ocio creativo que tanto detestan los capitalistas.




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