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Red Internacional

UNAM. Tiangucci FES Aragón: una respuesta a la precariedad

Ante la carestía de la vida y la falta de becas, los estudiantes de FES Aragón organizan el Tiangucci FES Aragón como forma de recuperar espacios y hacer frente a la precarización que agudizó la pandemia.

Martes 20 de septiembre | 12:47

Con el regreso a la presencialidad, el comercio informal en la UNAM aumentó significativamente. Se trata de un fenómeno cotidiano en la institución desde antes del confinamiento, que respondía (y responde) a la necesidad de los jóvenes para pagar sus estudios.

Durante la pandemia, las familias de la clase trabajadora fueron las más afectadas. No pocas vieron morir a sus seres queridos y perdieron sus empleos, siendo arrojadas al sector informal. Muchos jóvenes abandonaron sus estudios para trabajar y aportar a sus familias, y otros tantos al no poder costear los materiales para las clases en línea. Quienes ahora regresan a la presencialidad, lo hacen terriblemente precarizados.

En tales circunstancias, el aumento del comercio informal era más que previsible y comprensible. Sin embargo, las autoridades (las mismas que toleran el acoso y los feminicidios de una manera insultante) reaccionaron con toda su fuerza para despojar a sus alumnos de sus mercancías, haciendo gala de brutalidad y amedrentamiento.

Dichas acciones fueron respondidas por los estudiantes de diferentes facultades con la convocatoria de tianguis masivos en espacios abiertos y explanadas. En la FES Aragón, desde el mes de mayo se convoca cada semana al Tiangucci FES Aragón, donde los estudiantes se dan cita para comprar y vender diferentes artículos.

En el Tiangucci se pueden encontrar desde dulces, postres y comida, hasta ropa, libros, juguetes sexuales e incluso servicios como sesiones de fotos o lecturas de tarot. No se trata de ninguna actividad cuestionable o dañina que se pueda o deba criminalizar, solo de estudiantes que necesitan costear sus estudios y sus vidas.

Ajena a la problemática, la dirección de la UNAM espera resolver la situación con sus programas de becas, que han resultado totalmente insuficientes. En 2021, la UNAM festejaba en su gaceta [1] que de 360 mil estudiantes matriculados, 210 mil recibían una beca (1 de cada 2). Esta cifra, si bien impresionante a primera vista, poco nos dice de los montos que otorgan las becas, y menos aún de que tipo son las que reciben los alumnos.

El monto más alto que puede recibir un estudiante son los $1,000 mensuales de la “Beca de Excelencia”, reservada a aquellos con promedio de 8.5 o superior. Una más accesible es la de “Manutención UNAM”, que otorga un apoyo de $3,600 en pago único para todo un semestre ($600 al mes). La primera apenas y cubre los más de $800 pesos de la canasta básica, mientras que la segunda se queda corta [2].

Por otro lado, existen becas como la Beca Tablet que sólo dan un apoyo puntual (como una tablet) y sirven aún menos para ayudar a los jóvenes a costear sus estudios, pero que en las cifras, y de forma totalmente engañosa, se igualan con los apoyos monetarios.

En tales circunstancias y con un apoyo insuficiente, iniciativas como el tianguis y el comercio informal son inevitables y se seguirán practicando en tanto no se garantice el derecho a la educación de todos los matriculados. Hacen falta becas iguales a la canasta básica para todos los alumnos, apoyos para los estudiantes foráneos que necesiten pagar las rentas de donde se hospedan, comedores subsidiados, centros de salud y guarderías para quienes tienen hijos, así como un transporte seguro y gratuito desde todos los planteles hacia puntos comunes y recurrentes de la CDMX y el Estado de México.

Recordando el actuar histórico de la dirección (no olvidemos el ataque porril con que la rectoría respondió a las protestas de 2018), hará falta una amplia movilización para conquistar estas medidas, una que exija, además, la democratización de la universidad.

Basta ya de la elección discrecional de las autoridades, sólo un gobierno tripartito, libremente electo por y entre estudiantes, académicos y trabajadores podrá garantizar que el presupuesto se utilice en beneficio de la comunidad universitaria.

Así mismo, es importante luchar por más presupuesto a la educación. Hace falta también una infraestructura digna y de calidad en las escuelas, así como salarios dignos para académicos y trabajadores. Justo ahora, los estudiantes del IPN han salido a las calles denunciando la falta de mantenimiento de las instalaciones, y de infraestructura para atender a nuevas generaciones cada vez más numerosas, junto al manejo discrecional del presupuesto. Se trata de una lucha en común.

Sólo la unidad del movimiento estudiantil, apoyado en la lucha de académicos y trabajadores por mejores condiciones de trabajo y de vida, puede garantizarnos a toda la juventud el derecho a la educación, con escuelas dignas y de calidad para todos, rompiendo con el proyecto de elitización que sistemáticamente excluye a la juventud de la clase trabajadora.






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