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Red Internacional

Expropiación laboral.Spotify se hace viral, CEO se ha hecho billonario pagando una miseria a artistas

Se estima que Spotify paga a los artistas 0.003 dólares por reproducción, los cuales, para ganar un dólar, necesitan más de 300 reproducciones. Sin embargo, este abuso no es la única fuente de la fortuna de su director ejecutivo (CEO), Daniel Ek.

Viernes 3 de septiembre | 16:28

En 2019 circuló en redes una publicación sobre Spotify que a la fecha sigue siendo viral. En ella se pone en evidencia que detrás de la enorme fortuna que ha hecho su fundador, Daniel Ek, se encuentra la miseria que les paga a los artistas.

Mientras medios globalistas como la BBC catalogan a Ek como un niño prodigio que revolucionó la industria de la música y cuentan su idílica historia para hacerse de una inmensa fortuna, que según la revista Forbes alcanza los 4.6 mil millones de dólares, diversos músicos y compositores reconocidos a nivel internacional han denunciado la miseria que reciben en su plataforma.

Se estima que Spotify paga 0.003 dólares por reproducción, esto implica que para ganar un dólar se necesitan más de 300 reproducciones. Xipé Totéc, rapero y artista visual, nos dice que en México para alcanzar este monto se requieren hasta 1000 reproducciones:

"Y no se queda ahí, cuando quieres retirar tus regalías tienes que hacerlo a través de redes como PayPal, que aparte se llevan un 20% de comisión de lo que ganes."

De las denuncias que se han hecho, uno de las contradicciones más visibles fue realizada por Patrick Carney, baterista del grupo Black Keys, el cual arremetió contra el fundador de Spotify en una entrevista de 2014:

… es más rico que Paul McCartney, tiene 30 años y nunca ha escrito una canción.

No es el único que ha lanzado críticas a este tipo de plataformas que consiguen expropiar las obras de los creadores para lucrar con ellas sin tener que retribuirlos por ello. Roger Waters, David Gilmour y Nick Mason, de Pink Floyd, en 2013 denunciaron a Pandora, otro sitio que presenta una situación similar.

Si bien estos artistas están posicionados en la escena musical y sus ingresos son inmensos, como el caso de Thom Yorke de Radiohead que en el reciente año reportó ganancias de 58 millones de dólares, no están de acuerdo que se lucre con sus obras sin recibir la mayor parte de las ganancias que se obtiene por difundir su música en estos medios.

Estos acaudalados artistas experimentan un aspecto estructural y legal de la explotación capitalista: les expropian una fracción de sus obras que producen como gremio, en conjunto, sin que se les retribuya por su venta, de la cual se apropia un tercero (he ahí el origen de una parte de la fortuna de Daniel Ek); en su caso -por supuesto- en esta expropiación están ausentes las terribles consecuencias de tener un salario miserable que apenas alcance para vivir, sin derechos laborales plenos y lo que implica, como carecer de acceso a la salud y vivienda digna o no contar con jubilación.

Ahora bien, si en este lado de la moneda encontramos disputas entre multimillonarios; en el otro lado encontramos a miles de artistas que buscan destacar en la música, pero que lejos de obtener alguna retribución digna por esta labor, al contrario, tienen que invertir dinero para darse a conocer, desde pagar publicidad en redes hasta cubrir con los costos de un estudio de grabación.

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Por ejemplo, Flox Noé, musico independiente que recién está iniciando el proyecto Tardígrado (tardigrado_arteycultura), nos cuenta que para sostenerse en el medio, se suele dar clases.

“La verdad son muy precarias las condiciones, ¿en qué sentido? Para empezar no toda la gente tiene los recursos para pagar, esto se ve super limitado para gente que no tiene el dinero, que no tiene los recursos para pagar una clase de 300 pesos la hora […] Si tú no eres el dueño o no eres parte de los directivos de una escuela o de un estudio de grabación, te pagan una miseria, definitivamente no alcanza para subsistir pero ni de broma. La mayoría de los que estamos en esto o damos muchísimas clases, o de plano nos dedicamos a otra cosa y buscamos otro trabajo.”

Por su parte, Ada Castro, guitarrista, cantante e intérprete de la música popular latinoamericana, además de ser compositora, nos dice que siendo independiente todos los gastos han corrido por su cuenta. Ella considera que "el mercado de la música está siendo ya muy diferente a antes" y agrega:

"Sin embargo, de la misma manera en que ya hay tanta oportunidad para distribuir tu música en las redes sociales y en las plataformas digitales, pues la competencia es cada vez más y la forma de remunerar es menos"

Si antes las disqueras ejercían un ritmo monopólico en la industria, ahora la difusión se diversifica, sin que ello implique en absoluto la desaparición de la explotación y expropiación en este sector de la cultura, como lo prueba el caso de Spotify o YouTube.

Las fantasías del capitalismo

Es una fantasía pensar que todos los músicos puedan ganar como Thom Yorke, ya que si este (y otros) logra semejantes ingresos, es porque están sustentados en la carga de trabajo que recae en toda la inmensa cadena cooperativa de trabajadores involucrados en la industria de la música, que hacen posible tanto los conciertos masivos, el mantenimiento de sitios en internet que albergan millones de contenidos para el consumo masivo, el trabajo en los estudios de grabación, así como otros tantos centros de trabajo que posibilitan este mercado cultural.

La perspectiva del pensar individualista, propio de la modernidad capitalista, se deshace de esta complejidad real, basta una visión de robinsones que de un lado ve a un visionario y del otro a una celebridad como oportunidad para emprender y generar ingresos millonarios, como si el dinero naciera de los árboles a la espera de ser recogido por prodigios.

Así, las y los trabajadores de la industria cultural son invisibilizados para mantener esta romántica visión del éxito, evitando mostrar que las implacables leyes expoliativas del capital son la base de semejantes fortunas.

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Ante estas desigualdades, la mayoría de los músicos y compositores de abajo, han detectado parte de la problemática que les impide avanzar en la dignificación de su vida, así lo expresa Ada:

Desde mi perspectiva tiene que ver mucho con el presupuesto que se le da al arte y la cultura en nuestro país, en México, que es muy muy muy poco y cada vez tiene más recortes.


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