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"Soñaba Federico en nardo y cera": Poesía a 83 años del asesinato de Lorca

Este 18 de agosto se cumple un año más del asesinato de Federico García Lorca. A continuación presentamos un fragmento del "España: poema en cuatro angustias y una esperanza" de Nicolás Guillén, un sentido homenaje del poeta cubano a Lorca.

Domingo 18 de agosto | 21:12

Imagen: Federico García Lorca en grafitti de Raúl Ruiz (1977)

Durante su estancia en México en 1937, el poeta cubano Nicolás Guillén escribió "España. Poema en cuatro angustias y una esperanza", que sería publicado posteriormente como parte de la compilación "España. Poemas y crónicas sobre una guerra antifascista", en donde fueron reunidos distintos trabajos del poeta.

Nicolás Guillén, Juan Marinello, Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez y Leopoldo Fernández Sánchez conformaron la delegación cubana en el Segundo Congreso Internacional de Escritores.

El texto, al tiempo de dar cuenta de la participación de Cuba en la Guerra Civil española, rinde un homenaje al poeta español Federico García Lorca, cuyo asesinato, ocurrido el 18 de agosto de 1936, conmocionó profundamente al artista.

«Angustia cuarta»
Federico
 
Toco a la puerta de un romance.
– ¿No anda por aquí Federico?
Un papagayo me contesta:
– Ha salido.
 
Toco a una puerta de cristal.
– ¿No anda por aquí Federico?
Viene una mano y me señala:
– Está en el río.
 
Toco a la puerta de un gitano.
– ¿No anda por aquí Federico?
Nadie responde, no habla nadie…
– ¡Federico! ¡Federico!
 
La casa oscura, vacía;
negro musgo en las paredes;
brocal de pozo sin cubo,
jardín de lagartos verdes.
 
Sobre la tierra mullida
caracoles que se mueven,
y el rojo viento de julio
entre las ruinas, meciéndose.
 
¡Federico!
¿Dónde el gitano se muere?
¿Dónde sus ojos se enfrían?
¡Dónde estará, que no viene!
 
(Una canción)
 
«Salió el domingo, de noche,
salió el domingo, y no vuelve.
Llevaba en la mano un lirio,
llevaba en los ojos fiebre;
el lirio se tornó sangre,
la sangre tornóse muerte».
 
(Momento en García Lorca)
 
Soñaba Federico en nardo y cera,
y aceituna y clavel y luna fría.
Federico, Granada y Primavera.
 
En afilada soledad dormía,
al pie de sus ambiguos limoneros,
echado musical junto a la vía.
 
Alta la noche, ardiente de luceros,
arrastraba su cola transparente
por todos los caminos carreteros.
 
«¡Federico!», gritaron de repente,
con las manos inmóviles, atadas,
gitanos que pasaban lentamente.
 
¡Qué voz la de sus venas desangradas!
¡Qué ardor el de sus cuerpos ateridos!
¡Qué suaves sus pisadas, sus pisadas!
 
Iban verdes, recién anochecidos;
en el duro camino invertebrado
caminaban descalzos los sentidos.
 
Alzóse Federico, en luz bañado.
Federico, Granada y Primavera.
y con luna y clavel y nardo y cera,
los siguió por el monte perfumado.

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