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Red Internacional

Textiles. Sindicatos de Haití anuncian nuevas protestas tras miserable aumento salarial

El sindicato de trabajadores textiles, el principal parque industrial de Puerto Príncipe, anunció tres jornadas de protesta a lo largo de la semana. Fue después de conocer que el aumento propuesto por el Gobierno era de solo 1,85 dólares (de 5 a 6,85) por jornada laboral.

Lunes 21 de febrero | Edición del día

El Gobierno de Haití anunció este lunes una subida del salario mínimo tras una serie de protestas organizadas por los trabajadores de las fábricas textiles, pero tras conocer el valor del alza, los sindicatos convocaron nuevas manifestaciones.

El salario de los trabajadores de las industrias textiles pasó de 500 a 685 gourdes (de 5 a 6,85 dólares) por jornada laboral; una cifra insuficiente para los sindicatos, que reclamaban un salario mínimo de 1.500 gourdes (unos 15 dólares).

También se reajustó el salario mínimo de otros sectores, con un rango que oscila entre los 350 gourdes (3,5 dólares) por jornada, que percibirán las empleadas domésticas; hasta los 770 gourdes (7,70 dólares), para los trabajadores de supermercados, profesores y empleados del sector servicios.

En respuesta al anuncio del Gobierno, el sindicalista Pierre Télémaque, uno de los representantes de los trabajadores de las plantas textiles del SONEPI, el principal parque industrial de Puerto Príncipe, anunció este lunes la organización de tres jornadas de protesta a lo largo de la semana.

En las últimas semanas, los trabajadores del SONEPI se han manifestado en varias ocasiones para reclamar la subida del salario a 1.500 gourdes.

Las manifestaciones han congregado en ocasiones a miles de personas y por lo general han sido reprimidos por la Policía con gases lacrimógenos y con disparos de munición real.

El salario de 500 gourdes por jornada, que estaba en vigor hasta este domingo, alcanzaba para pagar dos platos de comida en un comedor popular.

Los trabajadores reclamaban que la inflación, que acumula un alza de cerca del 24 % interanual, ha socavado su poder adquisitivo.

Haití atraviesa una profunda crisis económica, en combinación con una fuerte inestabilidad política que se agudizó con el asesinato del presidente Jovenel Moise, en julio del año pasado, junto la recurrente injerencia imperialista estadounidense tanto en el plano militar como el políitco y económico, que ha empobrecido al país hasta el extremo de que el 43 % de la población requiere ayuda humanitaria, según cálculos de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés).

El sector textil, mayoritario entre la clase obrera haitiana, es predominantemente femenino y se dedica a la fabricación y el montaje de prendas para exportar a gigantes de la confección como Levi Strauss, Gap y Nike. El sector ya viene de una huelga con movilización que fue reprimida por la policía con gases lacrimógenos y arrestos, cuando marchaban haciala residencia del primer ministro Ariel Henry. Sin embargo, los manifestantes se reagruparon para continuar la lucha por el salario mínimo, y las manifestaciones crecieron en magnitud.

La huelga inicial el 9 de febrero fue organizada desde el Parc Industriel Métropolitain, una de las "zonas francas de ensamblaje" (o maquilas) de Haití (centros de producción libres de impuestos para multinacionales como Gap, Old Navy, H&M, JCPenney y Zara), cuyos bajos precios se basan en la explotación legalizada de la mano de obra haitiana.

Como señala un artículo publicado en el sitio Left Voice: "Los salarios de pobreza que se pagan a los trabajadores textiles y de ensamblaje en Haití no son casuales: tienen raíces profundas en la injerencia imperialista sobre el país. Aunque los trabajadores textiles en Haití en realidad se encuentran dentro del nivel más alto de protección del salario mínimo, a las empresas que contratan trabajo a destajo específicamente para la exportación se les permite pagar a los trabajadores un 10% menos. Este es un legado de las leyes HOPE y HOPE II, aprobadas por el Congreso de EE. UU. en 2006 y 2008, durante períodos anteriores de inestabilidad laboral en Haití. Para adelantarse a los intentos del congreso haitiano de aumentar el salario mínimo, los tratados HOPE impusieron un paquete de liberalización comercial respaldado por Estados Unidos, que permitió aumentos graduales y extremadamente modestos en el salario mínimo a cambio de la exportación de textiles libres de impuestos. Una filtración de documentos muestra cómo el Departamento de Estado de Hillary Clinton y la Embajada de los Estados Unidos se apoyaron directamente en el gobierno haitiano para presionar para mantener muy bajos los salarios mínimos y beneficiar a las empresas estadounidenses que se basan en mano de obra barata de Haití".

Es por esto que los trabajadores textiles y de ensamblaje de Haití conocen los frutos de la desigualdad imperialista mejor que la mayoría. La lucha que estan llevando adelante los y las enfrenta no solo al Gobierno local sino a las propias imposiciones de empresarios y leyes de EEUU, por lo que su resolución tiene una importante significación para todos los trabajadores y el pueblo de Haití.




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