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Sindicatos, autoorganización y política revolucionaria

Esteban Rivera

ESCUELA CRT

Sindicatos, autoorganización y política revolucionaria

Esteban Rivera

La situación del movimiento obrero, la lucha contra las burocracias sindicales y la lucha por la autoorganización de la clase trabajadora, a partir de las definiciones del marxismo revolucionario sobre los sindicatos en la época del imperialismo. Este artículo está basado en la ponencia presentada por el autor en la Escuela de Verano Anticapitalista y Revolucionaria de la CRT en Madrid el pasado 26 de junio.

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En este artículo quiero abordar varios elementos para pensar la relación entre sindicatos, autoorganización y política revolucionaria, no solo desde un punto de vista conceptual sino también militante. Más aun teniendo en cuenta que para los marxistas revolucionarios los sindicatos y cómo intervenir en ellos siempre fue una cuestión fundamental, como parte de la pelea estratégica porque la clase trabajadora se transforme en sujeto político. Por eso la reflexión que iniciamos aquí tiene que servir para después podamos abrir el debate y luego también para pensar de conjunto la propia intervención de la CRT en el terreno del movimiento obrero.

Las primeras organizaciones obreras

Para empezar, quisiera partir de una visión histórica de cómo y cuando surgen los sindicatos y como fueron evolucionando. Como sabéis desde el inicio mismo del capitalismo la clase trabajadora tiene la necesidad de defenderse ante los abusos y el despotismo empresarial, e incluso proponerse conseguir conquistas que alivien y mejoren la vida de los explotados.

Los sindicatos surgieron como expresión de eso, de cómo los trabajadores se dan cuenta que la única manera de parar la brutalidad capitalista es peleando los más organizada y unificadamente posible.

En un primer momento en condiciones de absoluta miseria, con jornadas interminables, pobreza generalizada, trabajo infantil, etc., los trabajadores le echan la culpa de su miseria a las maquinas y la tecnología y se tiran contra ellas organizándose para destruirlas literalmente. Este movimiento se conoce como ludismo. Es una de las primeras expresiones del movimiento obrero como tal y se da en Gran Bretaña, el primer país que desarrolla un capitalismo industrial.

Después en este mismo país surge el llamado movimiento Cartista, que tiene ya una lógica mas política de pedir y exigir mejores condiciones a los gobiernos y parlamentos. Después con el paso del artesanado a la industrialización surgen los primeros sindicatos por oficios y con estos los sindicatos por sector, para dar paso finalmente -en un período de muchos años- a las centrales sindicales por ramas, es decir la organización sindical adquiere una dinámica permanente de ir ampliándose. En general hay todo un proceso de prueba y error por parte de la clase obrera en su lucha natural por sobrevivir ante las duras condiciones que le impone la burguesía.

Al mismo tiempo durante todo el siglo XIX y buena parte del XX ser sindicalista era enormemente peligroso y razón para sufrir represiones brutales. Es en medio de estas difíciles condiciones que el movimiento obrero tiene que abrirse camino. Muchas de las conmemoraciones de ahora como el propio 1º de Mayo, son en honor a la lucha de clases de los albores del movimiento obrero y contra la represión despiadada que sufrían los luchadores obreros.

Origen y desarrollo de la burocracia

De esta evolución surgen los primeros sindicatos como tal. Sobre todo, en los países más desarrollados y avanzados, empiezan efectivamente a conseguir grandes conquistas y mejores condiciones, y por esa vía estas organizaciones se vuelven las más importantes del movimiento obrero. Se consigue la jornada de 8 horas, la abolición del trabajo infantil y en algunos países incluso cierta cobertura sanitaria

Este proceso, junto a la colonización descarnada de buena parte del mundo que da margen económico a las burguesías imperialistas, provoca que surjan capas de trabajadores con condiciones notablemente mejores que el de la mayoría de trabajadores de las principales potencias y ni que decir del resto del mundo. Es lo que los marxistas siguiendo a Lenin llamamos la “aristocracia obrera”. Esto la burguesía lo hace para frenar el avance del movimiento obrero y dividir sus filas privilegiando a un sector. Poco a poco los sindicatos empiezan a reflejar los intereses de esos sectores y esto provoca que los sindicatos se vuelvan menos cuestionadores del sistema de conjunto y por esa vía la burguesía logra ya no solo privilegiar sino cooptar directamente a toda una casta del movimiento obrero, que dirigen los sindicatos y los pone a su servicio. Así surge la llamada burocracia sindical. Que apoyándose en los sectores más privilegiados de la clase obrera tiene ya intereses contrapuesto a la misma, incluida a la aristocracia obrera.

Con esto la burguesía logra un gran triunfo, que las organizaciones más importantes de la clase trabajadora asuman un rol de contención de la lucha de clases. Este fenómeno que empieza en los países imperialistas se generaliza en todo el mundo y se transforma en el principal método de dominación de los capitalistas sobre los trabajadores. Por eso Trotsky dirá que la burocracia sindical es la columna vertebral del orden burgués. Porque es quien juega el papel de policía dentro del movimiento obrero.

¿Y de qué manera la burocracia sindical contiene a la clase obrera? y ¿por qué decimos que juega el papel de agente de los capitalistas dentro del movimiento obrero? Esto lo hacen no solo traicionando abiertamente los conflictos y no tratando de organizar ampliamente a los trabajadores. Sino principalmente dividiendo las luchas y promoviendo lógicas corporativistas. Y sobre todo tratando de que los trabajadores luchen únicamente por cuestiones económicas y sindicales y no por políticas que cuestionen el régimen burgués.

¿Esto que quiere decir? Que las burocracias sindicales pretenden en el mejor de los casos que la lucha contra la patronal y por mejoras de sus condiciones este desvinculada de la lucha contra el Estado burgués, y por tanto también desvinculada de la idea de que los trabajadores tenemos que construir nuestra propia organización para luchar en el terreno de lo político, no solo contra la patronal de cada empresa sino contra la burguesía como clase. Por poner un ejemplo concreto de los limites de esta falsa conciencia que promueve la burocracia: no se puede luchar contra la temporalidad en los trabajos precarios, que es uno de los grandes elementos con los que la patronal presiona a la baja nuestras condiciones, sin acabar con la reforma laboral. Y no se puede acabar con la reforma laboral sino se activa a sectores amplios de la clase trabajadora que confronten abiertamente con el gobierno y el régimen de conjunto.

Esta adaptación y cooptación de la burocracia sindical, que en el Estado español se refleja con quienes dirigen CCOO y UGT sobre todo, es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. Existen varias expresiones e intentos de respuestas a este problema. Yo voy a nombrar y a explicar solo alguno de ellos y paso a explicar después cual es nuestra visión y como los marxistas revolucionarios abordamos esta cuestión.

Anarcosindicalismo

Empiezo con una de las grandes corrientes dentro del sindicalismo y que en el Estado español es uno de los sitios en donde más fuertemente se expresó: el anarcosindicalismo.

Históricamente esta corriente estuvo representada en el Estado español por la CNT. Durante muchos años fue el principal sindicato y agrupó a la elite de la vanguardia proletaria y a sus sectores más combativos. Sin embargo, la CNT bajo un discurso contra el Estado y el poder, educaba a los trabajadores en el apoliticismo y fue en cada ocasión demostrando que esa lógica desarmaba a los trabajadores. Por eso cuando se da la prueba de fuego para el anarco sindicalismo, que es durante la jornadas revolucionarias de julio de 36 en el que literalmente el poder cae en las manos de la CNT y los comités de obreros dirigidos por ellos en Barcelona, que habían derrotado en un solo día al ejército y a las bandas fascistas, la CNT se niega a tomar el poder.

La situación es tan favorable para los lideres anarquistas que incluso Companys, presidente de la Generalitat y por tanto representante de la burguesía catalana les dice “Habéis vencido y todo está en vuestro poder; si no me necesitáis o no me queréis como presidente de Cataluña, decídmelo ahora, que yo pasaré a ser un soldado más en la lucha contra el fascismo“.

Evidentemente cuando la CNT se niega a tomar el poder permite al Estado burgués recomponerse y de esa manera meses después la Republica burguesa aplastará la revolución en sus plazas fuertes, es decir en Catalunya y Aragón. Y esta vez sí con la CNT con ministros dentro del gobierno que estaba asesinando a sus militantes. Es decir, los dirigentes de la CNT se negaron a tomar el poder y construir un Estado obrero en la zona revolucionaria de la península en julio del 36 con todo el poder en manos de la clase obrera y meses después con la revolución arrinconada ahí sí que terminan aceptando entrar en un gobierno burgués. Esto más allá de la traición de la burocracia de la CNT se trata de la consecuencia lógica de los postulados del anarcosincalismo que ante las pruebas de la realidad terminan siendo cómplices de la derrota de la clase obrera.

En la actualidad los herederos del anarcosindicalismo son la CNT y sobre todo la CGT. Como sabéis la CGT es el principal sindicato de la izquierda sindical. Debe tener alrededor de 100 mil afiliados. Comparados con el millón de afiliados que tiene CCOO y UGT, cada uno, y en general con el conjunto de la población obrera CGT representa a una porción minúscula de la clase trabajadora

Aunque en la CGT conviven distintas corrientes -hay de hecho muchas y muchos militantes de distintas organizaciones políticas que son afiliados a la CGT-, el sindicato sigue manteniendo ese apoliticismo heredado de la antigua CNT. Esto, por ejemplo, se expresa en una actitud eminentemente conciliadora con el actual Gobierno, con algunas críticas parciales de vez en cuando, pero sin hacer una delimitación fundamental. Pero no hay una disposición abierta y planificada de armar contra un Gobierno que en el último año ha sido profundamente antiobrero y ajustador a pesar del discurso progresista.

Al mismo tiempo al igual que la antigua CNT, la CGT abdica de hacer política hacia los grandes sindicatos y tratar de romper la influencia que tiene sobre el movimiento obrero. Con esto no decimos que no sea crítico, porque la CGT es profundamente crítica con CCOO UGT, más aún teniendo en cuenta que son sus competidores. Lo que decimos es que la CGT no trata de tener una política no solo de denuncia sino de exigencia a las direcciones de los sindicatos mayoritarios que busque la unidad de acción en la lucha. No se puede derrotar sindical y políticamente a la burocracia sindical diciendo lo traidores que son; hay que demostrar esto y convencer a la mayoría de la clase trabajadora que aún confía en estas direcciones.

Este sectarismo si ya era un error profundo en la CNT de los años 30, que los llevo a desperdiciar enormes oportunidades de ganar influencia e inclinar la balanza a favor de la revolución, para la actual CGT es aun más pernicioso, porque tiene infinitamente menos influencia y está más aislada que la CNT de esa época. Además no solo en número sino también en calidad. La CNT histórica, a pesar de las diferencias que podemos tener y que he explicado, comparado con la CGT actual era enormemente combativa y heroica. Muy lejos está la CGT que incluso en conflictos en los que ellos dirigen absolutamente como el de Airbus el otro día no fueron ni 100 personas de la propia CGT a la mani en Madrid, cuando podría ser el conflicto más importante de todo el Estado

Evidentemente esto no le podemos exigir a la CGT cuando no tiene oportunidad, pero si cuando tiene influencia decisiva, como por ejemplo en conflictos como Nissan, en donde actuó como un sindicato corporativo más y vendió el cierre de la fábrica como una victoria en lugar de jugarse a desarrollar la autoorganización y la movilización. Cuando además había las condiciones para eso, porque la plantilla mostraba predisposición de lucha.

También lo vimos en la manera en la que convocó la huelga general en Madrid, el pasado otoño. Sin preparar nada, sin exigirle que CCOO y UGT también convocasen, y de manera unilateral sin buscar aliados y por tanto dinamitando cualquier posibilidad de ser un polo de lucha más amplio que la propia CGT. Y que evidentemente termino siendo un fracaso y atentando contra la moral de sus propios afiliados. Podríamos poner más ejemplos, pero lo podemos dejar para el debate posterior.

Sindicatos Rojos

Por otro lado, también está la línea que siguen muchos grupos de la extrema izquierda y que también tiene multitud de ejemplos históricos, que es la de crear pequeños sindicatos aparte de los mayoritarios, sin casi influencia y totalmente apartados de la realidad. Es lo que llamamos “sindicatos rojos”.

Históricamente esta política fue promovida por los partidos comunistas estalinizados durante la etapa ultraizquierdista llamada del “tercer periodo”. En esta etapa el estalinismo tiene la lógica de considerar a todos los militantes obreros que no eran comunistas como “fascistas”, incluida la socialdemocracia y los sindicatos dirigidos por ellos. De esta manera construían sus propios aparatos sindicales, con infinitamente menos influencia que los tradicionales y por tanto aislados de la mayoría de la clase obrera.

La consecuencia más nefasta de esta política fue facilitarle la llegada al poder a los nazis. La línea de construir sindicatos rojos y no tratar de influenciar a las masas dirigidas por el Partido Socialdemócrata alemán, sin impulsar el frente único en la lucha de clases -ni el frente político en el terreno electoral- permitió la llegada “pacífica” de Hitler al poder, que inmediatamente procedió pulverizar a las organizaciones obreras, abriendo el camino a la derrota más deshonrosa de la clase obrera en el siglo XX y todos los eventos dramáticos que conocemos con la Segunda Guerra Mundial.

Esto por sí solo es un ejemplo inmenso de la importancia que tiene la cuestión de los sindicatos para los revolucionarios y como afecta a que el péndulo de la historia gire para un lado u otro.

En la actualidad, aunque en una escala mucho menos, podemos encontrar multitud de ejemplos de esta política sectaria y oportunista a la vez. De hecho, casi toda la Izquierda sindical tiene esa misma lógica: tratar de pelear contra la burocracia sindical creando sus propios mini aparatos sindicales ultra minoritarios. Por ejemplo, CoBas, que es un pequeño sindicato orientado y creado por una organización política que se llama Corriente Roja. Son muy combativos y con ellos se agrupan valiosos compañeros y compañeras, pero evidentemente su capacidad de influencia es mínima y eso limita enormemente su capacidad de aportar a la reorganización de la clase trabajadora que es lo que necesitamos. También esta Solidaridad Obrera o la actual CNT, que de alguna manera obedecen a la misma lógica.

La politica centrista de adaptación a los aparatos burocráticos

Una tercera manera de intervenir en los sindicatos es la de muchos grupos centristas. Para aclarar, nosotros llamamos centristas a los grupos o corrientes políticas que oscilan entre posiciones revolucionarias y reformistas. Por ejemplo, para nosotros Anticapitalistas, Izquierda Revolucionaria o Corriente Roja son grupos centristas, algunas más de izquierda y otros más de derecha, pero con esta oscilación típica en sus posiciones.

Muchos de estos grupos actúan de forma acrítica en los principales sindicatos sin plantear ningún tipo de cuestionamiento e incluso diluidos en su aparato y burocracia. Es el caso por ejemplo de Izquierda Revolucionaria el grupo que impulsa el Sindicato de Estudiantes, que llevan décadas en CCOO y UGT adaptados a sus aparatos. O también es el caso de Anticapitalistas en CGT, que como lo hacen en el resto de movimientos sociales, actúan de manera diluida sin levantar una posición propia.

Nuestra política: fracciones revolucionarias

Por nuestra parte, como dije al principio, la cuestión de los sindicatos es fundamental. Por varias razones: por un lado, porque forma parte del combate contra uno de los principales instrumentos de dominación de la burguesía, la burocracia sindical. Por otro, también es la vía con la que entramos en contacto con sectores amplios del movimiento obrero en sus propios centros de trabajo.

Como decía Trotsky, vivimos una época en la que los sindicatos no pueden ser neutrales. Es decir, los sindicatos no pueden dedicarse a simplemente servir a las necesidades cotidianas de la clase obrera e ignorar la influencia decisiva del Estado burgués.

Esto se expresa en la creciente dependencia material de los sindicatos hacia el Estado. En concreto en el Estado español esto se hace a través de cursos de formación, financiación directa e incluso con la participación directa en entidades empresariales y financieras. Por ejemplo, solo este año, y a pesar del constante retroceso de afiliación de los sindicatos mayoritarios, el gobierno aumento un 56 por ciento la partida presupuestaria destinada a CCOO y UGT. Desde luego esa gente sabe a quién le tiene que tener lealtad y no es a la clase obrera sino a quien les da de comer.

Entonces la pregunta pertinente sería, ¿por qué actuamos en los sindicatos, si en realidad sus direcciones están cooptadas por la burguesía? En primer lugar, hay que partir del hecho que nosotros definamos que los sindicatos no puedan ser neutrales no significan que necesariamente tengan que ser dirigidos por burocracias corruptas con intereses opuestos de la clase trabajadora. También pueden ser recuperados por la clase trabajadora y sus elementos más conscientes y ponerlos a disposición del combate contra el Estado y la burguesía como clase.

Pero para que eso suceda pasa por pelear por sindicatos militantes en donde haya una clara disposición en poner las fuerzas y recursos del sindicato en función de la autoorganización democrática y la movilización de los sectores los más ampliamente posible de la clase trabajadora.

Para resumirlo nuestra intervención en los sindicatos pasa inicialmente por pelear porque estos sean totalmente independientes del Estado burgués y para que su régimen interno este basado en la democracia obrera.

Para conseguir eso nosotros planteamos que la clave de la intervención en los sindicatos es la creación de fracciones revolucionarias en su interior. Es decir, de agrupamientos lo más amplios posibles que permitan disputarle el control a la burocracia en base a un programa que ayude a los obreros a llegar a la conclusión que la única salida para resolver los principales padecimientos es la conquista del poder por parte de la clase trabajadora.

Esta lógica es con la que Lenin educó a los cuadros que construyeron el Partido bolchevique. En esta concepción el partido revolucionario debía organizar corrientes propias al interior de las organizaciones de masas junto con los sectores más conscientes. Y debía hacerlo para enfrentar con éxito a la fuerza material de las burocracias sindicales y contribuir a desarrollar los elementos más progresivos de la lucha de clases. O sea, sin una fuerza material de combate que pueda enfrentar no solo al Estado, sino también a la burocracia al interior de las organizaciones de masas, es imposible desarrollar las tendencias más progresivas de la situación. Esta máxima leninista tiene para nosotros plena vigencia.

Frente Único Obrero

El impulso de fracciones revolucionarias en los sindicatos tiene entonces el objetivo de formar los volúmenes de fuerza para poder desarrollar la lucha de clases en un sentido progresivo. Esto implicar la necesidad de unir las filas de la clase trabajadora que las burocracias políticas y sindicales dividen. En ese sentido uno de los planteos claves por parte de los revolucionarios gira alrededor de como efectivamente conquistar esa unidad amplia de trabajadores que tiendan a superar a los propios sindicatos. Es el debate alrededor del Frente Único Obrero.

Estos debates forman parte importante de la reflexión de los revolucionarios durante los cuatro primeros congresos de la III Internacional, durante su etapa revolucionaria antes de que la digiera la burocracia de Stalin. Y después siguieron siendo desarrollados por Trotsky durante los años 30 como política defensiva que permitiese parar el ascenso de Hitler y los nazis en Alemania.

El planteamiento del Frente Único parte de la situación en la que los revolucionarios somos minoría dentro del movimiento obrero y las grandes organizaciones de masas, sindicatos, partidos y demás están dirigidas por direcciones traidoras y reformistas. Como por otra parte efectivamente sucede actualmente en el Estado español y el resto del mundo, de ahí la pertinencia de esta cuestión.

El objetivo del Frente Único es tratar de ganar influencia sobre esos sectores y no esperar a que la clase trabajadora haga multitud de experiencias para ahí hacerse más revolucionaria. Sino que nosotros tengamos iniciativas que faciliten y aceleren ese proceso.

En concreto consiste en plantear abiertamente la unidad a todas las organizaciones obreras, por arriba y abajo, sean traidoras o no como he dicho antes, para resistir juntos la ofensiva del capital en relación a alguna cuestión concreta que el capitalismo este desarrollando en ese momento.

Por ejemplo, en relación a Alemania en los años 30, Trotsky insistía en que la política del Partido Comunista tenía que, por muchas diferencias que tuviesen y distintas perspectivas, ser la de intentar formar un frente único de las organizaciones obreras, especialmente con la socialdemocracia para luchar contra los nazis.

Esto era posible de conseguirse porque precisamente lo que les unía a todo el movimiento obrero era la necesidad de enfrentar al fascismo. Porque Hitler se disponía a reducir a polvo histórico no solo las organizaciones dirigidas por los comunistas sino también las reformistas y las del conjunto de la clase obrera, utilizando para ello métodos de guerra civil y terror contra la población. Esto es lo que hizo de hecho. Por tanto, era pertinente tener una accionar común con los reformistas porque a estos también les interesaba pararles los pies a los nazis.

Si esto se conseguía se conquistaba una mejor situación para desarrollar la lucha de clases y en una experiencia que permita poner blanco sobre negro quien estaba dispuesto verdaderamente a llevar la lucha hasta el final y quien no. Por otra parte, si la burocracia que dirigen los sindicatos y los partidos obreros se niegan es más fácil denunciar y explicar porque consideramos que son unos traidores y eventualmente también avanzar en nuestra influencia.

Evidentemente para que eso no sea mero propagandismo se necesita tener cierta fuerza material y militante para verdaderamente forzar o ponerle un apriete a quienes dirigen esas organizaciones. El Partido Comunista alemán disponía de esa fuerza, pero se negó y como dije antes las consecuencias fueron catastróficas.

La CRT aun no tiene esa fuerza material, en ello estamos. Pero en la medida de nuestras modestas fuerzas hemos siempre tenido esa lógica. Por ejemplo, la tuvimos en las huelgas y movilizaciones de Telepizza, donde conseguimos que la UGT apoyara la huelga de 2019. Pero eso lo conseguimos porque previamente habíamos ganado peso y prestigio en la empresa. Entonces cuando les lanzamos la propuesta de que apoyen la huelga era más difícil para ellos negarse.

Nosotros militamos mayoritariamente en distintos sindicatos de la izquierda sindical, pero lo hacemos enfrentando el sectarismo tanto de la línea anarco sindicalista como la de los “sindicatos rojos”. Por ello defendemos la política de construir un sindicato único de toda la izquierda sindical y que esto a su vez permita generar mejores condiciones para pelear por el frente único y por recuperar las organizaciones obreras llamadas “mayoritarias” de las manos de la burocracia sindical y tratar por esa vía de conquistar un gran sindicato unificado

Autoorganización

En definitiva, lo que pensamos es que es necesario desarrollar diversos métodos de lucha que permitan forjar una vanguardia obrera que a su vez se disponga a unir las filas de la clase obrera y sobre todo a organizar a los sectores más explotados y reventados. Que por cierto son los que en su inmensa mayoría no están sindicalizados. Pero para precisamente atraer al grueso de esos sectores es necesario forjar organismos de autoorganización amplios que superen a los propios sindicatos.

Por eso nosotros queremos recuperar los sindicatos para ponerlo al servicio de esa tarea, de ayudar a promover la autoorganización de la inmensa mayoría de la clase obrera, sobre todo los sectores mas precarizados que no la organiza nadie y que la burocracia sindical desprecia y nunca ha hecho nada por ella. Nosotros tenemos que empezar por distintas vías, no solo la sindical a jugarnos a organizar a todos eso sectores. Lo estamos haciendo, todavía modestamente, pero con experiencias muy valiosas, con la Red de precarios. Y lo hacemos porque tenemos la perspectiva de que cuando surjan procesos más intensos de la lucha de clases estos no se expresen de forma desorganizada, sino que se jueguen coordinarse y sean el germen de verdaderos frentes únicos en clave soviética. Es decir, consejos obreros de las masas en lucha que se coordinan y organizan democráticamente y que, desde la Revolución rusa a esta parte a lo largo de la historia del movimiento obrero han mostrado que tienen la capacidad de ser la base de un poder alternativo al de la burguesía.

Conclusión

Para terminar, para nosotros, como ya he mencionado varias veces, la cuestión de intervenir en los sindicatos es fundamental, pero no hacemos fetiche de ellos. Es fundamental porque es el primer nivel de organización de los obreros conscientes. Y nosotros queremos llegar a ellos. Pero no para que sigan siendo sindicalistas sino para que tengan una visión superadora, y quieran organizarse en un partido revolucionario que se juegue no solo a conseguir mejoras y pelear con su propia patronal sino a ajustar cuentas con el conjunto de los capitalistas.

Sabemos que van venir momentos más agudos de la lucha de clases, lo estamos viendo de alguna manera en muchos sitios en Colombia, en Chile, en Túnez ahora. Nuevamente como hace más de diez años las cifras de crisis económica se convierten cifras de auténtica catástrofe para la mayoría de la población. Este es el germen de las futuras rebeliones. Pero todos estos procesos, que abren multitud de oportunidades para los revolucionarios tienen muchas veces formas de revueltas populares y en donde la clase obrera actúa de forma diluida. Y esto es un límite para esos procesos.

Preparar la irrupción de la clase obrera en estas movilizaciones es una tarea estratégica para nosotros. Esto quiere decir que no se trata de si va haber o no revueltas, movilizaciones y lucha de clases en general, eso lo genera el propio sistema. La cuestión es cómo llegamos a esos momentos. Si tenemos peso en sectores clave del movimiento obrero, si hemos organizado secciones, comités de empresa e incluso recuperado sindicatos. Si llegamos con toda una camada de militantes obreros forjados en la lucha de clases que llegado el momento sean la punta de lanza de una política revolucionaria que busque superar los momentos “revueltísticos” para plantear una estrategia de hegemonía obrera. Eso de forma concreta lo que significa decir que preparar las condiciones para que la clase obrera pueda irrumpir en la vida política con todo su peso social es una tarea estratégica.

Nosotros somos una corriente política profundamente optimista en ese sentido. Incluso en los años más duros con toda la reacción neoliberal en curso nunca le perdimos la confianza a nuestra clase. Porque sabemos que tarde o temprano la clase obrera acudirá a su cita con la historia. Y ese espíritu es el motor de nuestro entusiasmo y de nuestra intervención política. También en los sindicatos.


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Madrid
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