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Red Internacional

No debemos olvidar que la salud del planeta y la salud humana están íntimamente relacionadas, proteger la naturaleza y garantizar el uso sustentable de los recursos naturales podría ayudar a prevenir la próxima pandemia.

Miércoles 22 de abril de 2020 | Edición del día

A medida que la expansión de la pandemia del nuevo SARS-CoV-2 ha puesto a al menos un tercio de la humanidad bajo confinamiento social, se sienten los efectos de la reducción de las actividades industriales y la baja en las emisiones de gases de efecto invernaderos (GEI). Se estima que entre febrero y marzo China redujo sus emisiones de CO2 entre un 18-25% acorde a los datos del NASA Earth Observatory,

Es decir, que para el punto máximo de la cuarentena, China dejó de emitir la misma cantidad de lo que países como México produce en todo un año, lo mismo ha sucedido con grandes potencias emisoras, como la Unión Europea y Estados Unidos. Las imágenes de la mejoría de la calidad del aire en las grandes urbes han circulado en redes sociales durante varias semanas.

En específico esto es una consecuencia de la paralización de industrias como la energética, el transporte, manufactura y construcción, pese a que muchos capitalistas aún se niegan a frenar la producción, exponiendo a millones de trabajadores al virus, pero que viene a poner en la mesa el debate sobre que ramas de la producción sol realmente necesarias para las sociedades.

Sin embargo estas reducciones en las emisiones son pasajeras, pues se corre el riesgo de sufrir un “efecto rebote” después de la pandemia, pues las medidas que los gobiernos capitalistas querrán adoptar para “salvar la economía” se reflejarían en mayor presión en los ecosistemas.

Para Alberto Sanz Cobeña, Profesor e investigador en el Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Ambientales, Universidad Politécnica de Madrid (UPM), el repunte de emisiones podría incluso compensar la reducción registrada durante la etapa de confinamiento.

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En el mundo Post pandemia sin duda nos espera una crisis económica y social similar o peor que en 1929, donde empresas y gobiernos con el fin de acelerar el crecimiento económico, adoptarán modelos de producción costo-eficientes, desplazando cualquier posibilidad de innovar y acelerar la descarbonización de nuestras economías o incentivar la eficiencia en el uso de recursos.

Después de que el pico de contagios pase, el mundo habrá de enfrentarse todavía a otro reto mucho mayor: aplanar la curva del cambio climático. Pero esto no será posible si no se cuestionan profundamente las relaciones y modelos de producción capitalistas que les dan origen.

Este sistema irracional basado el lucro de unos pocos frente a la miseria de millones no puede dejar más que lo mismo para la naturaleza, durante décadas, tanto empresas como gobiernos nos han demostrado su incompetencia para frenar la crisis que ellos mismos originaron. La lucha contra la crisis climática no puede darse de la mano de aquellos que anteponen sus beneficios económicos particulares.

Del diagnóstico a la cura: tomar acciones ya

Si hay algo que recordar de las movilizaciones masivas contra el cambio climático, de las que millones formamos parte el año pasado, es que urge un cambio de sistema para frenar la degradación ambiental, misma que viene siendo advertida por cientos de científicos desde hace varias décadas.

Lejos de ver a la pandemia como un respiro al medio ambiente, esto es una llamada de atención sobre un peligro que pocos gobiernos han tomado en cuenta: el nexo entre las enfermedades emergentes y la degradación ambiental. En los últimos 50 años estas enfermedades se han cuadruplicado debido a la fragmentación del hábitat, el uso de la tierra y el cambio climático.

La contaminación ambiental, la pérdida de áreas naturales por la tala, la minería, la agricultura y la urbanización, acercan a las personas a las especies animales. Sin olvidar los mercados informales como fue el caso del Covid-19. Es muy probable que surjan enfermedades debido a la mayor proximidad entre las personas, la vida silvestre, el ganado y las mascotas. El cambio climático también ha acelerado los patrones de transmisión de enfermedades infecciosas como la malaria.

No debemos olvidar que la salud del planeta y la salud humana están íntimamente relacionadas, proteger la naturaleza y garantizar el uso sustentable de los recursos naturales podría ayudar a prevenir la próxima pandemia. La combinación correcta de proteger la naturaleza, el uso sostenible de los recursos naturales, así como fuertes inversiones a la sanidad y a la investigación científica, son cruciales si queremos ver beneficios colaterales para las personas, la biodiversidad y el clima.

Así como la pandemia ha expuesto en forma contundente que quienes son verdaderamente esenciales son los y las trabajadoras, mientras que las clases capitalistas buscan proteger sus ganancias a costa de nuestras vidas y nuestro planeta.

Proteger el medio ambiente también implica proteger nuestra propia salud, otros modos de relacionarnos con la naturaleza son posibles, en el mundo post pandemia no hay que olvidar que el reto principal para los próximos años sigue ahí: frenar la curva del colapso ambiental.

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