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Red Internacional

El diputado electo del Frente de Todos utilizó una comparación para "ilustrar" el peso de la deuda contraída por el gobierno macrista. En el fondo, la frase revela que, de ser por el Gobierno, las consecuencias de pagarle al FMI recaerá sobre todas las familias del país que no llegaron a ver ni un centavo de ese dinero, que financió la fuga de capitales.

Martes 30 de noviembre de 2021 | Edición del día

Este lunes en C5N el diputado electo Leandro Santoro hizo una afirmación que, si bien puede haber pasado desapercibida, encierra una sutil naturalización de una “verdad” que es totalmente cuestionable, al tiempo que sienta una posición sobre el futuro de su propia acción política y la de la coalición a la que representa.

Hablando de la deuda contraída por el gobierno de Mauricio Macri con el FMI, Santoro buscó un ejemplo que pinta de cuerpo entero lo que piensa. “Para que la gente que está en casa se dé cuenta, olvidate de la deuda con los acreedores privados (que ya renegociamos y son casi U$S 60 mil millones), los U$S 44 mil millones que tomamos con el Fondo Monetario Internacional equivalen a que cada argentino le debe al FMI U$S 1.000. Cada uno de los que estamos acá, viendo la televisión, más los que están viendo otros canales, todos los argentinos le debemos U$S 1.000 al Fondo Monetario Internacional”.

Claro que a renglón seguido, recordó quiénes fueron los que contrajeron esa deuda, “los mismos que hoy se hacen los zonzos en relación a cómo lo tenemos que resolver”. Sin embargo, la definición respecto a que esos miles de millones de dólares los tomamos “todos los argentinos” es una maniobra que muestra no solo el origen de la deuda sino el destino final que pretende el Gobierno: que las consecuencias de cerrar un nuevo acuerdo con el FMI y sus exigencias de ajuste recaerán sobre las mayorías populares que nunca vieron un centavo de ese dinero.

Santoro y el Gobierno quieren acordar con el FMI, lo que implica que los millones de laburantes que no llegan a fin de mes, que siguen cayendo bajo la línea de la pobreza, que buscan trabajo y no lo encuentran, que muchas veces no tienen ni para poner un plato de comida en la mesa familia van a ser, en consecuencia, quienes devuelvan esos "U$S 1.000 por cabeza".

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Lo de Santoro no es ninguna metáfora. Es la asunción lisa y llana de que cualquier gobierno puede atentar contra la población, consumando un saqueo económico con trágicas consecuencias sociales, sin pagar mayores costos. A lo que le sigue la adjudicación de esa hipoteca a toda la población, que deberá (según su visión) hacerse cargo de devolverle a los usureros multinacionales lo que se fugó un grupo de parásitos capitalistas.

Santoro legitima que Macri y sus secuaces hayan acordado endeudar al Estado por U$S 44 mil millones sin ningún tipo de consulta a la propia población. El Gobierno honra una deuda fraudulenta y se naturaliza las cadenas (nada naturales) que atan a Argentina y otros paises del mundo a los designios de los organismos financieros dirigidos por las potencias imperialistas.

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Según Santoro, la Argentina “no puede estabilizar su moneda ni pensar en un modelo de desarrollo económico si no resuelve el conflicto” con el FMI. Pero para él las alternativas no son muchas: pagar, pagar y no dejar de pagar. Pero es imposible sostener los pagos de deuda sin atacar al pueblo trabajador. Todos los gobiernos patronales pagan todo lo que pueden apelando al ajuste, y cuando eso ya no es suficiente, se reestructura la deuda para seguir pagando. De esta manera, la deuda se perpetúa en el tiempo.

Siendo un radical de pura sepa, no es extraño que Santoro piense así. Menos si se reivindica “alfonsinista”, teniendo en cuenta que el radicalismo de los años 80 fue un precursor en asumir sin chistar “herencias” nocivas para el país, como lo fue la deuda externa aumentada exponencialmente por los genocidas entre 1976 y 1983.

El sábado 11 de diciembre en la Plaza de Mayo y otras plazas del país sonará bien fuerte el grito de “¡No al FMI y al pago de la deuda!”. La convocatoria la hace en forma unitaria un amplio arco de organizaciones de trabajadores, sociales y la izquierda. Nada que entusiasme Santoro y sus compañeros-correligionarios, obviamente.




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