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Resiliencia y gestión de emociones: términos empresariales para el regreso a clases presenciales

Delfina Gómez afirma, en vídeo para la 6a. sesión de CTE, que regresaremos con semáforo en verde, docentes y personal administrativo vacunados y por acuerdo “voluntario”.

Diana Bruja Palacios

Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Miércoles 21 de abril | 17:35

Las autoridades federales pretenden aprovechar las conmociones y tensiones generadas por el distanciamiento social para reconfigurar la vida y muerte de millones de familias mexicanas a través de nuestras hijas e hijos en edad escolar, llamando al regreso a clases con un discurso progre, pero que está lleno de términos empresariales como “resiliencia” y “gestión de emociones”, so pretexto de garantizar el derecho a la educación. Pero ¿tenemos condiciones para el regreso a clases seguro? La respuesta está a la vista de todos.

Los dos primeros puntos de la sexta sesión del Consejo Técnico Escolar (CTE) para el regreso a clases presenciales tratan sobre hacerlo en semáforo verde, aunque el gobierno federal planteó que podía ser en semáforo amarillo, así como que docentes y personal administrativo estemos vacunados. Deja de lado que la reapertura de las escuelas no es segura sin que toda la población seamos vacunados; pues esos miles de niños, niñas y adolescentes que acudan a las aulas podrían contagiarse, ser transmisores del virus e infectar no sólo a sus familias, sino a toda aquella persona con la que tengan contacto: trabajadores informales de papelerías, fondas o negocios de comida, en el transporte público, entre otros.

El otro punto que menciona son cursos de “gestión de las emociones”, a través de plataformas cibernéticas y de manera voluntaria; cargando, nuevamente, la responsabilidad a nuestras espaldas y salarios precarios, siendo que muchos no pueden siquiera acceder a las clases virtuales por falta de internet y aparatos electrónicos suficientes en sus hogares o porque, aun teniéndolos, las familias no pueden pagar los excesivos recibos de la luz eléctrica.

¿Resiliencia a la explotación y muerte?

La resiliencia está en marcha toda la vida, pero los primeros años son muy importantes; no es igual cuando no sabemos hablar, cuando somos niños y ya sabemos hablar, que de jóvenes o adultos; siempre podemos poner en juego las acciones que nos permitan desarrollar los vínculos socioafectivos, tejiendo canales de comunicación que permitan un lazo cada vez más fuerte, generando situaciones donde las personas se sientan seguras y logren salir adelante de verdaderas tragedias o situaciones difíciles, pero este proceso lleva años de práctica y de comprensión. Además, se requiere de condiciones suficientes, socioeconómicas libres de explotación y opresión. ¿Acaso las autoridades federales se han encargado de que tengamos estas condiciones necesarias para la resiliencia?

Pero las autoridades no hablan de esta resiliencia, sino que la piensan en el sentido de buscar que las y los trabajadores soporten la crisis que se viene. Quieren que volvamos a la “normalidad”, porque este sistema se sustenta en la acumulación del capital y les urge seguir acumulando ganancias, ¡qué mejor manera de hacerlo que con el regreso a clases presenciales!; pues es la juventud, niños, niñas y adolescentes quienes mueven sectores importantísimos de la economía –tanto formales como informales– de cualquier país.

Si a las autoridades les importara gestionar las emociones y la resiliencia, se hubieran apostado a realizar testeos masivos, hubieran dejado de pagar la deuda externa para inyectar mayor presupuesto a la ciencia, educación y cultura para contrarrestar los efectos del distanciamiento social o que todos los hogares contaran con insumos suficientes e indispensables.

Hoy, con cientos de miles fallecidos por Covid-19, ante la crisis sanitaria y la profundización de la crisis económica, las autoridades federales, en realidad pactaron con organismos internacionales y los empresarios, como Salinas Pliego, quien no permitió el resguardo a sus empleados con derechos plenos, causando más contagios y muertes.

En lugar de todo esto que hemos denunciado con anterioridad, la realidad es que la profundización de la crisis económica, la cargaron –y siguen cargando– a espaldas de los millones de trabajadores a costa de nuestra propia vida, como ahora quieren hacer sobre la de nuestros estudiantes a quienes ni siquiera se les contempla en el programa de vacunación.

¿De qué hablan las autoridades cuando afirman que debemos ser resilientes?

Este lunes, en el CTE, la SEP con Delfina Gómez al frente, pide que seamos el pueblo quienes pongamos la integridad y la economía, toda vez que habla del regreso a clases presenciales “seguro” con un modelo híbrido, con aulas abarrotadas de hasta 40 alumnos, sin posibilidad a la sana distancia, sin infraestructura, pero también con salarios precarios, desempleo, pobreza y más violencia. Ante esto no es posible tener “resiliencia”, pues estos problemas sociales que corresponde al Estado solucionar, no se resuelven desde lo individual con “actitud positiva” y, mucho menos, con aceptación y autorregulación.

La resiliencia consiste en reforzar vínculos desde edad temprana, por eso que no nos extrañe si nuestros planes y programas de estudio de nivel básico, desde preescolar, están plagados de estos términos con jerga empresarial para aceptar la miseria en que nos mantiene el capitalismo. Si se educa desde pequeños a “aceptar” que se es pobre, sin una educación que desarrolle el pensamiento crítico y científico, difícilmente luchará de grande por derechos plenos.

La resiliencia que debemos fomentar es la que privilegie la vida por encima de cualquier regreso a clases, pero no cualquier tipo de vida, sino una que sea digna y en libertad, lejos de la opresión y la explotación que conlleva al enriquecimiento de algunos y la pobreza de millones.

Te invitamos a que te unas a nuestro justo reclamo por un alto al regreso a clases inseguro, firmes la petición en Change aquí y dejes tu testimonio a través de nuestras redes sociales.






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