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Red Internacional

Derechos laborales.Repartidores, rostro de la juventud precarizada en México

El próximo 3 de noviembre miles de repartidores en México paramos para exigir el reconocimiento laboral y plenos derechos por parte de empresas como Uber, DiDi y Rappi quienes han sumado millonarias ganancias durante la pandemia. En diversos países esta convocatoria será retomada por millones de repartidores que hoy no cuentan con derechos laborales producto de la flexibilización laboral que avanzó décadas atrás.

Jueves 7 de octubre | 14:34

En México y en el mundo millones de jóvenes se enfrentan a las precarias condiciones de trabajo que posibilitó la flexibilización laboral. Call Centers, cadenas como Wal-Mart, las grandes cadenas de comida rápida, organizaciones no gubernamentales que recaudan fondos, se han beneficiado de las pésimas condiciones laborales que ofrecen.

Los repartidores somos uno de los sectores en el que se expresa más crudamente la falta de derechos laborales, con la llamada uberización del trabajo que ha posibilitado que las empresas Delivery en el mundo obtengan cuantiosas ganancias a partir de nuestro trabajo. Ganancias que encuentran su sostén en la flexibilización y precarización laboral de miles de jóvenes a nivel nacional.

Contra la flexibilidad laboral y la precarización de la vida

La flexibilidad laboral frecuentemente se relaciona a la idea de que puedes ser tu propio jefe y decidir cuantas horas y días trabajar. Esto hasta cierto punto es cierto. Pero ¿estas son verdaderas ventajas o se trata más bien de violaciones a nuestros derechos laborales?

En sentido estricto la flexibilización se refiere a las medidas que atentan contra los derechos laborales y conquistas de millones de trabajadores no solo en México, sino en el mundo.

En las apps de reparto la flexibilidad se pone frente a nosotros desde el momento en que no existen contratos y nos llaman socios para no reconocer la relación laboral.

Cuando tenemos que esperar horas a fuera de la plaza hasta que caiga algún viaje en el que recorremos largas distancias por 20, 30 o 40 pesos para que al final de mes apenas alcancemos los 6 mil.

Tampoco contamos con derecho a la salud gratuita, importante en la actual pandemia o ante los accidentes que son muy comunes entre ciclistas y motociclistas, pues no solo es cosa de atención médica oportuna, sino lo que implica la recuperación, medicamentos, rehabilitación o tener algún ingreso mientras estamos incapacitados. O simplemente que nuestros familiares reciban atención médica si lo necesitan.

A esto hay que sumarle que no tenemos aguinaldo, vacaciones pagadas, servicios de salud gratuitos, el pago de horas extra o el derecho a la organización sindical.

Por la vuelta de nuestros derechos laborales

En décadas pasadas, el mundo del trabajo se vio afectado por la aplicación de reformas económicas, políticas y sociales a nivel mundial. Estas reformas empeoraron las condiciones de vida para un sector importante de la población en el mundo. La ONU estima que para 2021 habrá 1500 millones de pobres en el mundo.

En México, la ofensiva a las conquistas sociales, en particular a los derechos laborales, vienen de años atrás. En 2012 la reforma laboral de Enrique Peña Nieto hizo posible la subcontratación. Aunque en el último periodo en México se han hecho regulaciones al outsourcing, estas no tocan en forma alguna a las empresas delivery.

Aunado a esto, el incremento del desempleo afectó a una parte importante de la juventud -para 2020, más de 400 mil jóvenes perdieron su empleo-, misma que tuvo que dejar sus estudios para dedicarse a trabajar.

Esto posibilitó que empresas como Rappi, Uber y DiDi, fueran una de las alternativas de empleo para miles de jóvenes. Estas aplicaciones aprovecharon los supuestos beneficios de la flexibilización para ofrecer precarias condiciones de empleo.

Nuestras vidas valen más que sus ganancias

Durante la pandemia demostramos que nuestra labor es esencial para el confinamiento de millones en el mundo. Desde la mañana hasta la noche, llevamos alimentos, despensa y medicamentos a toda la población, enfrentando las condiciones climatológicas, las deficiencias de la infraestructura vial, los accidentes, los asaltos, así como la extorsión y represión por parte de la policía.

Uber Eats, Rappi y DiDi Food, hicieron millonarias ganancias con la pandemia. Tan solo en México, en lo que va de 2021, estas aplicaciones registran dividendos por más 200 mil millones de dólares.

Por eso este 3 de noviembre paramos y nos movilizamos por el pleno reconocimiento laboral, por un salario base acorde al costo de la canasta básica, jornada laboral de 6 horas, 5 días a la semana, con pago de horas extra, por acceso a la salud y seguridad social.

Pero para conquistar esto, en primer lugar, es importante echar atrás el outsourcing como forma de subcontratación de millones en este país.

Una perspectiva realista para conquistar la ilegalización del outsourcing debe tener en cuenta la unidad de los más 350 mil repartidores que se calculan que existen actualmente, junto a los miles de jóvenes que trabajan en las grandes cadenas de comida rápida, de supermercados, los call center y los trabajadores de ONGs que recaudan fondos, para pelear por derechos que nuestras madres y abuelos conquistaron tras de décadas de lucha.

A este llamado tienen que asistir los trabajadores de las Centrales Sindicales que se reclaman democráticas como la Unión Nacional de Trabajadores y la Nueva Central de Trabajadores para hacer efectivo el llamado a paro, sumándose al mismo a partir de convocar a las bases trabajadoras a la lucha.

El paro y la lucha por nuestros derechos hay que organizarlo desde abajo, con asambleas democráticas que construyan un plan de lucha y llamen a la más amplia movilización.




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