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Red Internacional

En medio de confusiones sobre Delfina Gómez y los grados escolares, volvemos a las escuelas con salones saturados.

Maestro Arturo Méndez Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Lunes 25 de abril | 19:57

En los últimos días ha circulado el rumor de que Delfina Gómez dejará la Secretaría de Educación Pública (SEP) para postularse como candidata de Morena a las elecciones para gobernar el Estado de México. El rumor fue desmentido por el director general de Materiales Educativos, Marx Arriaga, quien lo atribuyó a una campaña sucia en medios de comunicación para “descarrilar cualquier cambio que se dé en las instituciones”.

Por otro lado, Arriaga anunció que se prepara una modificación total del sistema educativo nacional, cuyos primeros avances se esperan para el ciclo escolar 2022-2023. Los cambios tienen que ver no sólo con los nuevos planes y programas de estudio y los nuevos libros de texto gratuitos, sino con la profesionalización del magisterio, su capacitación, la forma en que se evalúa a docentes y estudiantes y el vínculo del maestro con la comunidad. Todo como parte de aterrizar la Nueva Escuela Mexicana, supuestamente orientada a la revalorización del magisterio, partiendo de un nuevo modelo educativo.

Sobre el nuevo modelo educativo, también en los últimos días diversos medios han publicado la noticia de que se estaría preparando la eliminación de los grados escolares para ser sustituidos por fases de aprendizaje. Se trata de una visión al menos imprecisa, pues en el borrador del nuevo marco curricular se contempla la correspondencia de los grados de educación básica con distintas fases.

La confusión es alimentada desde posiciones más bien conservadoras, como puede leerse en el documento “En defensa de la educación”, en donde los firmantes expresan su preocupación, por ejemplo, porque en el proyecto de la SEP “Se renuncia a la búsqueda de la calidad educativa” (concepto introducido al ámbito educativo desde las concepciones de eficiencia empresarial) y porque “se deja de lado la evaluación, al menos tal y como la conocemos”, cuando dicha evaluación es continuidad de la reforma educativa peñista (salvo porque ya no depende de ella la permanencia en el servicio), que condiciona la posibilidad de incrementar los ingresos docentes y genera una división perversa entre maestros de primera y de segunda.

Sin embargo, la propuesta de la SEP debe ser sometida a la crítica de la base magisterial, empezando por la forma en que se está elaborando.

Como todas las maestras y los maestros sabemos, las “asambleas” realizadas por las autoridades sobre los nuevos planes y programas de estudio fueron nuevamente una simulación, como aquellas realizadas para la elaboración de la reforma educativa de la 4T.

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Lo anterior desmiente la pretendida “revalorización” del magisterio, pues en realidad no se nos toma en cuenta para la toma de las grandes decisiones sobre la educación pública, como hemos visto también con la imposición de las clases presenciales en plena pandemia (sin vacunación de alumnas y alumnos y sin garantizar condiciones de seguridad sanitaria en los planteles), del aforo completo en las escuelas o con la eliminación de las escuelas de tiempo completo. Todo con la complicidad de los charros del SNTE.

Así, sin ninguna revalorización y sin que todavía se vacune a las y los alumnos (aunque ya lo contemple el gobierno), este 25 de abril volvemos a clases en aulas saturadas, sin posibilidad de sana distancia y por supuesto sin condiciones pedagógicas adecuadas, luego de experimentar las ventajas para el proceso de enseñanza-aprendizaje de trabajar con grupos reducidos.

Pero además de los cambios en el sistema educativo nacional, también volvemos con otra promesa, la de incremento salarial, hecha por AMLO antes de la consulta de revocación de mandato y de cara a los próximos procesos electorales. Una medida que, aunque necesaria ante la creciente inflación, busca que el magisterio se mantenga pasivo.

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En este escenario, las y los maestros debemos apostarle a nuestra organización democrática desde las escuelas, a la unidad de nuestras filas, con las madres y padres de familia y con otros sectores de trabajadores, con independencia política del gobierno y la derecha, para luchar por demandas como aumento salarial sustancial, por arriba de la inflación, con incremento automático de acuerdo a la misma y sin que esté condicionado a evaluaciones; formación y capacitación de todo el magisterio dentro del horario laboral o mediante años sabáticos; grupos reducidos; aumento al presupuesto educativo para la construcción de más escuelas, infraestructura, equipamiento escolar y plantillas laborales completas, entre otras.

Desde la agrupación Nuestra Clase consideramos que la CNTE, como principal referente del magisterio democrático pero también como convocante de la Asamblea de las Resistencias, debe romper con la confianza en las mesas de negociación con el gobierno e impulsar esta perspectiva de movilización independiente.




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