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Red Internacional

Negocio redondo. Reemerge la pandemia con la variante Ómicron, y los laboratorios siguen amasando fortunas

Mientras las vacunas sean consideradas una mercancía de la industria farmacéutica y no un bien global, la humanidad seguirá sufriendo muertes evitables. Liberar las patentes salva vidas, pero los laboratorios no quieren arriesgar su negocio y los Estados capitalistas los protegen.

Lunes 29 de noviembre de 2021 | Edición del día

Hay una forma de enfrentar seriamente la crisis humanitaria que generó la pandemia: vacunar a todo el mundo. Pero esto está lejos de cumplirse. Mientras hay países que van por la tercera dosis, África tiene en promedio solo el 10 % vacunado y solo con una dosis. Esto da un caldo de cultivo para la aparición de nuevas variantes, como la Ómicron, registrada por primera vez en Sudáfrica pero que empieza a expandirse a nivel mundial.

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El 66% de la población de los países de ingresos altos está completamente vacunada, mientras que solo el 2,5% de la población de los países de ingresos bajos lo hace. A medida que pasa el tiempo, la brecha entre países ricos y pobres se agranda.

Las farmacéuticas se benefician con la pandemia

La distribución desigual de las vacunas en el mundo tiene una explicación, la ambición sin límites de las farmacéuticas. Los laboratorios han privilegiado los contratos con países que están en condiciones de pagar y así lograron millonarias fortunas.

Pfizer, a principios de noviembre estimaba que las ventas de 2021 de la vacuna contra el Covid-19 que desarrolló con BioNTech -laboratorio alemán al que se asoció para lograr la inmensa producción de dosis- alcanzarían los 36.000 millones de dólares, y pronosticó otros 29.000 millones para 2022, superando los cálculos de los analistas.

Un informe presentado por Amnistía Internacional en septiembre afirmaba que para fines de 2022, BioNTech, Moderna y Pfizer habrán ganado en conjunto 130.000 millones de dólares. En el trimestre que finalizó el 30 de septiembre, las ventas de la vacuna Astrazeneca totalizaron US$ 1.050 millones.

Negocios redondos

Los números son difíciles de imaginar, pero las estrategias de los laboratorios para hacer de la pandemia el mejor negocio ya son evidentes. El presidente de Aids Healthcare Foundation (AHF), Michael Weinstein, lo sintetizó con estas palabras: “Es hora de que dejen de mantenernos a todos rehenes de su codicia. La desvergonzada especulación pandémica a expensas de la salud pública mundial debe detenerse finalmente”.

En una entrevista para la TV Pública, Melchor Mazzini de AHF-Argentina explicó que la investigación para descubrir la fórmula de las vacunas se financió principalmente con recursos públicos y de la sociedad civil. Los estados -los contribuyentes, es decir, el pueblo- pusieron 8.600 millones de dólares; las organizaciones de la sociedad civil no gubernamentales pusieron 1.900 millones de dólares. Los laboratorios pusieron solo 3.400 millones de dólares, y ya han recuperado con creces ese monto muchas veces.

Además, con la llegada de nuevas variantes de coronavirus, aumentaron las expectativas de facturación de los laboratorios, ante la necesidad de una tercera dosis de vacunas.

Los inversores no se dejaron estar. Amnistía Internacional, identificó a los 10 mayores gestores de activos y bancos con sede en Estados Unidos que tienen participaciones combinadas por valor de más de 250.000 millones de dólares en desarrolladores de vacunas: Vanguard Groupal posee acciones de AstraZeneca, Johnson & Johnson, Moderna, Novavax y Pfizer, cuyo valor total supera los 66.000 millones de dólares; el fondo BlackRock tiene 62.000 millones de dólares invertidos en seis empresas occidentales.

El capitalismo mata y liberar las patentes salva vidas

Ante la crisis, la respuesta de los laboratorios fue clara: por todos los medios posibles, aumentar sus ganancias, a costa de la vida de millones en todo el mundo, y perjudicando a los países con menos recursos.

En distinto grado las seis compañías occidentales (AstraZeneca, BioNTech, Johnson & Johnson, Moderna, Novavax y Pfizer) no respetaron la estructura de fijación de precios, no compartieron la propiedad intelectual, los conocimientos y la tecnología, no asignaron de manera equitativa las dosis de vacunas disponibles, y firmaron acuerdos secretos con los estados para aumentar sus beneficios. ¿Las consecuencias? Miles de muertes evitables.

Pero los Estados capitalistas no se quedaron atrás: beneficiaron a las empresas dejándoles el camino libre para hacer de la salud un negocio. En Argentina, sin ir más lejos, la facturación total de las farmacéuticas registró $ 135.420 millones en el segundo trimestre de 2021, esto representaun incremento de 75,8 % en relación con el mismo trimestre del año anterior, según el Indec. Una suba superior a la evolución de los precios que fue de 48,5 % en el mismo período.

Según Melchor Mazzini de AHF-Argentina, se llevan aplicadas 5 mil millones de dosis de vacunas y hay que triplicar el número. Organismos internacionales han intentado que las farmacéuticas donen voluntariamente vacunas para los países pobres sin éxito. El fondo COVAX impulsado por la Organización Mundial de la Salud es tan solo un ejemplo.

Para aumentar la producción de vacunas de manera exponencial y hacer que las dosis estén ampliamente disponibles en todo el mundo, es necesario liberar las patentes de las vacunas y socializar el conocimiento tecnológico: una medida que solo puede imponerse con la lucha de la clase trabajadora, los jóvenes, el movimiento de mujeres y ambientalista.




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