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Red Internacional

Panorama económico.Reapertura y T-MEC: fortalezas y límites de la recuperación económica en México

De las tensiones sobre las reglas de origen y políticas laborales a la crisis de los semiconductores, la reapertura económica y el plan de infraestructura de Biden.

Bárbara FunesMéxico D.F | @BrbaraFunes3

Lunes 23 de agosto | 21:12

La indisoluble dependencia de México, la gigantesca planta ensambladora de América del Norte, a los designios de Estados Unidos tiene un alto costo para las mayorías, ya desde antes de la pandemia, con la falta de un motor claro de crecimiento de la economía internacional. La irrupción del SARS-CoV-2 ensombreció aún más el panorama. Despidos, recortes salariales, producción de insumos médicos que en la primera ola de la pandemia sólo se destinaron a la exportación, la lentitud de la campaña de vacunación, son algunas de sus expresiones.

Durante la pandemia, las prisas por garantizar la reapertura económica ‒con la presión de las trasnacionales y empresas que operan para el mercado estadounidense‒ llevaron a declarar como una de las actividades esenciales la industria maquiladora, lo cual costó cientos de obreros muertos en las ciudades industriales del norte del país.

Ahora, durante la tercera ola, tal vez la postal más representativa sea la caravana de vacunación en la frontera de la que participó Samuel García, el gobernador electo de Nuevo León. Alrededor de 800 trabajadores de las empresas Gruma, Viva Aerobus, Cemex, Grupo Senda, Alfa, Farmacias del Ahorro, Femsa, Metalsa, PepsiCo, Femsa, Johnson Controls, Lamosa, Katcon, Siemens y AlEn se trasladaron hasta la frontera para recibir la vacuna de Johnson & Johnson, en el marco del Programa de Vacunación Transfronterizo, creado para acelerar la apertura de la frontera.

T-MEC: controversias y palanca de reactivación

El gobierno de AMLO apostó todas sus fichas al T-MEC ‒un pacto donde el principal beneficiario son el imperialismo estadounidense y las corporaciones que operan bajo su bandera‒ para la reactivación económica tras la pandemia, una jugada que profundiza el carácter dependiente de la economía mexicana.

Aprobado en junio de 2020, el T-MEC mantiene tensiones en dos áreas. En primer lugar, hay diferencias en torno a la interpretación de las reglas de origen en el sector automotriz, que definen el porcentaje de las partes que componen un producto exportado debe ser producido en el país frente a las autopartes importados de países que no son parte de este acuerdo. Crece la tensión con el pedido de México a Estados Unidos de hacer consultas para dirimir las diferencias en torno a este punto.

En segundo lugar, la creación del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida en instalaciones específicas (MLRR), un procedimiento de resolución de controversias, habilita la injerencia estadounidense en cuestiones laborales en México, y se aplicó recientemente en el caso de General Motors Silao.

Sin embargo, para los empresarios el T-MEC tiene también un rostro amable: con la reciente aprobación del Plan de Empleo Americano, cuyo presupuesto alcanza el billón de dólares y está orientado a la reconstrucción y desarrollo de infraestructura, se abren nuevas oportunidades para los negocios capitalistas. Los dueños de Cemex y Grupo Cementero de Chihuahua, proveedores de materiales de construcción a EEUU durante la pandemia, se deben estar frotando las manos.

Es previsible que la frontera norte reciba un impulso a su economía a partir de la implementación del plan de Biden, ya que es un punto estratégico por el cual se transporta 80% del comercio entre México y EEUU. En particular, la modernización de la infraestructura de los siete puertos de entrada que unen a ambos países es un factor que puede dinamizar primero la industria de la construcción, y, en segundo término, promover más el intercambio comercial.

Sin embargo, una de las nubes que opacan el horizonte para las trasnacionales automotrices y las empresas de autopartes ‒el sector más dinámico en importaciones‒ es la crisis de los semiconductores, cuya producción no alcanza a cubrir las necesidades del mercado, como explicamos acá.

Fotografía de la recuperación: límites y perspectivas

Durante el año 2020 la economía se contrajo un 8.2 %, una fuerte caída que tuvo profundos impactos en los niveles de empleo y capacidad de consumo de las familias trabajadoras. La proyección para este año, como parte del llamado “efecto rebote” de la economía, se sitúa en un crecimiento de alrededor del 6 %. Aún no se llega a recuperar al nivel de 2019. Sin embargo, la economía enfrenta distintas contradicciones hacia adelante.

Por un lado, la inflación producto de la rápida recuperación económica y de otros factores como el aumento del precio de combustibles o la escasez de algunos productos alimenticios dadas las sequías que han atravesado distintas áreas del país, se proyecta entre un 4 y un 5 % para el año en curso, estos niveles opacan las expectativas de crecimiento económico y supone ya un golpe al bolsillo de las y los trabajadores.

En cuanto al empleo, las cifras llegaron a puntos críticos entre abril y mayo de 2020, con 12 millones 180 mil empleos que se perdieron. Banxico detalló que 3.72 millones fueron trabajos formales y 8.46 millones fueron trabajos del sector informal.

El saldo del año 2020 fue de al menos 650 mil empleos formales que no se recuperaron. Para este año, los pronósticos de creación de empleo estiman que aún con la recuperación apenas se estaría creando entre 250 y 400 mil empleos. Esto impactó en los niveles de pobreza, la cual llega hoy a cerca de la mitad de la población, 44%, lo cual se traduce en al menos 52 millones de pobras a nivel nacional.

Otras variables macroeconómicas como el tipo de cambio, se espera se mantenga estable en un promedio 20.8 pesos por dólar para el año en curso, con una tasa de interés muy elevada que ofrece México a los inversionistas financieros situada en alrededor del 8 %, mucho más alta que en otros países de la región o en que en países europeos. Lo cual hace a México altamente dependiente del capital financiero trasnacional.

Por su parte, la deuda externa no ha dejado de crecer, aunque es cierto que el ritmo de endeudamiento del actual gobierno federal ha buscado que sea menor que el de sus predecesores, aun así, la deuda externa de México recientemente tuvo el mayor aumento en cinco años; durante los primeros meses del año alcanzó un saldo de más de 229 mil millones de dólares, el mayor monto para un mismo mes desde 1990.

El gobierno de AMLO ha decidido controlar los ritmos de endeudamiento del país, a pesar de la presión de sectores del empresariado que acusan que esta decisión ha afectado a la economía. Sin embargo, los recursos que se van por el pago de intereses y el manejo de la deuda no dejan de aumentar. Para darnos una idea, con el equivalente a los pagos que se realizan por intereses a la deuda se podría más que duplicar el presupuesto anual que se destina al sector salud, una medida que un gobierno como el de AMLO, que más allá de su retórica “progresista” no cuestiona la propiedad privada, no va a realizar.

Cómo impactaron la pandemia y la crisis en la economía de los de abajo

La pandemia, además de las afectaciones psicológicas que ha traído sobre la sociedad, ha impactado fuertemente en las condiciones de trabajo de millones de trabajadores.

Mientras las jornadas laborales se han extendido con el teletrabajo para amplios sectores de la clase trabajadora, con patronales que no respetan horarios aprovechándose del “home office”, los salarios se han visto reducidos con cierres parciales y despidos. Los grandes capitalistas no han dejado de ver aumentar sus fortunas.

En este panorama, el gobierno de AMLO ofrece planes sociales que intentan palear las consecuencias del desempleo y los bajos salarios, pero que no resuelven claramente los problemas que enfrentan las mayorías trabajadoras y populares.

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Y es que la economía nacional, al estar subordinada a los designios del imperialismo estadounidense, es imposible que genere condiciones de trabajo y de vida dignos para la clase que crea con su esfuerzo diariamente la riqueza: los trabajadores.

Así, es fundamental avanzar en plantear salidas y alternativas ante la crisis, que pongan en el centro el interés de las mayorías y no el ansia de ganancia de los grandes empresarios y banqueros. Por ejemplo, ante el desempleo que vivimos, se podría avanzar a reducir la jornada de trabajo a 6 horas, repartiendo las jornadas entre ocupados y desocupados, poniendo la tecnología al servicio de las mayorías.

Para que la inflación no se coma el salario, el aumento del salario mínimo tiene que estar indexado a esta variable, así si aumenta la inflación, automáticamente debería aumentar el salario buscando que las familias trabajadoras no pierdan capacidad de consumo.

México no puede seguir atado al interés de los mercados, los especuladores, fondos de inversión, rentabilidad de las empresas trasnacionales, los bancos, etc. Es necesario imponer el control de precios frente a la inflación, así como la nacionalización de la banca y el comercio exterior bajo control de sus trabajadores, y el no pago de la deuda externa.

Estas y otras medidas orientadas a satisfacer las necesidades de las mayorías trabajadoras, imponen la necesidad de la organización y la movilización de los trabajadores, en alianza con los sectores populares, que rompan los pactos de las burocracias sindicales con el gobierno, con los empresarios y las trasnacionales.

Sólo así podremos poner fin a la subordinación del país al imperialismo estadounidense, para crear un plan económico cuya prioridad sea defender las condiciones de vida del pueblo trabajador y planificar pensando también en las generaciones futuras, sin sobreexplotar los recursos.

Estas y otras medidas orientadas a satisfacer las necesidades de las mayorías trabajadoras, imponen la necesidad de la organización y la movilización de los trabajadores, en alianza con los sectores populares, que rompan los pactos de las burocracias sindicales con el gobierno, con los empresarios y las trasnacionales. Sólo así podremos poner fin a la subordinación del país al imperialismo estadounidense, para crear un plan económico cuya prioridad sea defender las condiciones de vida del pueblo trabajador y planificar pensando también en las generaciones futuras, sin sobreexplotar los recursos.




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