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Red Internacional

El papa emérito Benedicto XVI, debió reconocer que mintió cuando negó haber participado de una reunión por un caso de pedofilia ocurrido en una iglesia de Munich en 1980, cuando era arzobispo. Con el cinismo habitual de los jerarcas de la Iglesia, sostuvo que sus declaraciones fueron un “error sin mala intención”. Una vez más, el encubrimiento de los abusos cometidos por integrantes de la iglesia católica queda al descubierto.

Miércoles 26 de enero | Edición del día
Foto: Perfil

El papa emérito Benedicto XVI fue acusado en un reciente informe por no haber actuado en múltiples casos de abuso sexual y pedofilia, cometidos en la Iglesia alemana. Una vez más, la Iglesia sostiene un perverso mecanismo para asegurar la impunidad de sus miembros.

Ratzinger fue obispo de Munich entre 1978 y 1982, y por esta razón se lo acusa directamente de participar de una reunión en la que se trató el traslado de un sacerdote acusado de abusos a menores ocurridos en 1980, en esa ciudad alemana. Con total descaro el papa emérito aseguró no haber participado de la misma, pero se vio obligado a desmentir sus propios dichos que según él fueron "un error sin mala intención".

Intentando disminuir la gravedad de su mentira, dijo que en aquella reunión no se habló de que el sacerdote en cuestión desempeñara tareas religiosas, sino que se trató de "hacer posible que contara con alojamiento en Munich durante su tratamiento terapéutico".

El sacerdote en cuestión es nombrado por los medios de Alemania como Peter H., y como era previsible volvió a cometer abusos en la archidiócesis de Munich. Lejos de tomar medidas para frenarlo, la Iglesia volvió a recurrir a su mecanismo para garantizar su impunidad y fue nuevamente trasladado.

El informe que fue elaborado por un despacho de abogados a petición de la Iglesia católica en Alemania se dio a conocer la semana pasada. En el mismo están documentados cientos de casos cometidos durante décadas, hasta casi el presente, y puede determinarse la responsabiliza de las sucesivas jerarquías eclesiásticas, que no actuaron para evitarlos e incluso haberlos encubierto. En el informe se sostiene que es "muy probable" que Ratzinger estuviese al tanto de ese caso y de otros tres similares, y que no hiciera nada para detenerlos.

Pero no sólo eso dice dice el informe, si no que sostiene que Ratzinger mintió al afirmar en su posicionamiento que no estaba presente en la reunión de enero de 1980, ya que según las actas participó en ella.

Con la caradurez que los caracteriza, Ratzinger aseguró a través de su secretario privado, Georg Gänswein, que presentará una versión más completa para responder al informe, pero que la lectura del documento lo llena de "vergüenza y dolor ".

Tal es el escándalo que el viernes pasado Ratzinger fue tildado de "desastroso" por el presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Georg Bätzing. A su vez, el obispo de Aquisgrán, Helmut Dieser, en su sermón del domingo pidió que Ratzinger se haga cargo de su responsabilidad. "No puede ser que los responsables se escabullen con referencias a que no sabían nada o que en ese entonces había otra situación u otros procedimientos, porque ése es el motivo por el que entonces no se detuvo a los perpetradores y se siguió abusando de niños’’, agregó.

Este escándalo deja una vez más a la luz el encubrimiento sistemático que las principales autoridades de la Iglesia llevan adelante para que los miles de casos de abuso sexual eclesiástico no trasciendan y proteger a los abusadores.

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