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Red Internacional

Quiero ser madre, pero no quiero que miles de mujeres mueran al año por complicaciones de un aborto clandestino.

Quiero ser madre y tener dos hijos y verlos crecer junto a mi compañero de vida, pero estoy a favor de interrumpir un embarazo no deseado y de su despenalización en México porque no quiero seguir escuchando que cada año aumenta la tasa de abortos clandestinos, que miles de mujeres mueren ya sea debido a remedios caseros o a complicaciones dentro de estas clínicas.

Su carácter clandestino no permite saber la cifra de muertes a causa de un aborto, pero se estima que, tan sólo en 2017, se realizaron en nuestro país entre 750 mil y un millón de abortos clandestinos. A pesar de eso, en México los embarazos no deseados son la segunda causa para el abandono del estudio, ¿acaso no es alarmante?

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¿Qué harías tú si una mujer allegada muere a causa de una intervención clandestina? Muchas y muchos contestarán que “no abortarían y se harían cargo”, pero ¿es realmente lo que las mujeres queremos o resultaría una imposición del rol de género?

¿Por qué arriesgar a que las mujeres acudan a una clínica clandestina? ¿Por qué condenarlas a un procedimiento mal hecho y que por falta de regulación se contraiga una infección? ¿Por qué no hay una ley que regule el aborto?

Todas estas cuestiones encuentran respuesta en los estigmas sociales y la cultura machista que prevalece en Latinoamérica y que se traducen en el rol de madre que la mujer se ve obligada a ejercer aún en pleno siglo XXI; por el temor al qué dirán, por haberse atrevido a abortar, por decidir conscientemente sobre la maternidad y sobre nuestros cuerpos.

¿El aborto legal no es en realidad la autonomía sobre nuestros cuerpos y nuestro poder de decidir?

Decirle no al aborto legal es decirle no a la vida de las mujeres. Es peor tener que dar la vida por no ser juzgada o peor aún tenerlo que entregar al servicio de adopción tan decadente de México, porque la Interrupción Legal del Embarazo ha sido satanizada a lo largo de la historia y tan sólo mencionar la palabra aborto es causa de malas caras y discusiones familiares que siempre terminan en la frase “si no quieren tener hijos cuídense”, “eso les pasa por abrir las piernas”.

Recordemos que ningún método anticonceptivo es 100% efectivo, así que mientras exista ese 1% de fallo, hay mujeres y parejas que no tienen en mente concebir. Es entonces cuando el debate sobre la legalización del aborto se hace más vigente que nunca.

La legalización del aborto debe de partir de considerar que las miles de muertas en el mundo a causa de un aborto clandestino es un problema de salud pública y no moral.

Los abortos existen y seguirán existiendo, sea legal o no, en nuestras manos está poder evitar que las clínicas clandestinas sigan operando y lucrando con la necesidad de las mujeres.

Tenemos en nuestras manos el poder de decidir no más muertes, no más procedimientos mal hechos, no más abortos clandestinos y sí a la interrupción legal del embarazo, sí a nuestro derecho a decidir y no porque nosotros lo vayamos hacer, sino por todas las vidas de mujeres que podemos salvar al regular esta práctica y fomentar una sociedad de tolerancia.

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