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Red Internacional

A través de un fallo de un tribunal colegiado en materia administrativa, se confirmó la suspensión provisional de actividades en la Plaza de Toros México; ¿es un avance en los derechos de los animales o una medida ineficaz? Acá te contamos lo bueno, lo malo y lo feo de la prohibición de las corridas de toros.

Lunes 13 de junio | 19:08

Este viernes 10 de junio, el XXII tribunal colegiado en materia administrativa de la Ciudad de México confirmó la suspensión de actividades de la Monumental Plaza de Toros México.

Con ello, la actividad de la tauromaquia en el toreo se detiene. El recinto no podrá realizar actividades relacionadas con la llamada "fiesta brava" por varios meses o incluso un año.

La resolución reabre un debate que se ha venido dando en México desde hace unos años con respecto a las corridas de toros. Mientras que activistas en pro de los derechos de los animales, sostienen que se trata de un acto de crueldad animal, en la que para provocar el ataque del bovino hacia el torero se recurre a diversas maniobras más allá de agitar la capa, como es el uso de banderillas de plomo que se entierran en el lomo del animal (provocando su ira por efecto del plomo en la sangre), así como piquetes en elementos montados a caballo. Eso sin contar, por supuesto, con el famoso remate con la espada, lo cual no solo genera estrés y dolor físico al animal, sino que es sometido a una muerte agonizante y lenta.

Por el contrario, quienes apoyan la tauromaquia sostienen que se trata de un evento cultural con siglos de antigüedad, una de las tradiciones de México (y España) que genera, miles de empleos, así como la preservación específica del toro de lidia, la especie de bovino que se utiliza en estos espectáculos.

Un espectáculo en decadencia

Lejos han quedado los años en que las clases populares asistían en masa a la "fiesta brava", como incluso llegó a afirmar el entonces presidente Miguel Alemán cuando dijo que quería que "todos los mexicanos tengan un Cadillac, un puro y un boleto para los toros".

Las corridas de toros en los últimos años se han perdido espectadores, desde las nuevas generaciones que consideran que el espectáculo es cruel e innecesario, hasta las consecuencias de la pandemia de COVID-19, que hicieron que la fiesta brava entrara aún más en crisis al cerrar los espectáculos masivos.

En una encuesta digital del 2019, el periódico Reforma publicó que al menos 59% de los encuestados se posicionó a favor de la prohibición de las corridas de toros en todo el país, mientras que un 73% considera que la tauromaquia es un acto de crueldad animal.

En 2016, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sagarpa) publicó un extenso informe titulado “Caracterización y dimensionamiento del sector bovinos espectáculo en México”, supervisado por el Comité Nacional de Sistemas Producto Bovinos Espectáculo (CNSPBE). El reporte estimó que el valor anual global de la industria de la tauromaquia en México asciende a más de 5 millones de pesos.

No obstante, el mismo informe señala la tendencia a la decadencia en la realización de esta actividad, puesto que de casi 800 espectáculos al año desde 2006, en 2016 apenas alcanzaron los 400 y que las cifras seguían en descenso por múltiples factores, desde la prohibición en algunos estados como Guerrero, Sinaloa, Sonora, Quintana Roo, y Coahuila, hasta la popularización de otros espectáculos, como la NASCAR, los conciertos masivos, etc.

¿Renovarse o morir?

Si bien, la derrama económica asociada a la fiesta brava en México es pilar para el sustento, la industria de la tauromaquia representa al menos la generación de 80,000 empleos directos y 140,000 indirectos, muchos de estos son por temporada, además de llevarse a cabo en condiciones precarias y sin seguridad social.

Sin embargo, la medida tomada por el congreso de la Ciudad de México está lejos de ser perfecta, en el sentido de que expertos en manejo y bienestar animal se han posicionado por carecer de un plan de manejo para la industria que impida que se repita la fallida prohibición de los circos con animales impulsada por el Partido Verde, donde el 80% de los ejemplares perecieron a falta de condiciones para mantenerlos.

A su vez, varios de los terrenos en los que se cría al toro de lidia son aprovechados para la conservación de otras especies, sin embargo, hacen falta diversos estudios para constatar el impacto de esta actividad y sus consecuencias, las cuales, de alentarse la medida del fallo del tribunal contra la Plaza de Toros, podría tener efectos similares.

La cancelación de la fiesta taurina no es la única forma de fomentar un trato ético hacia los toros, como puede ser, por ejemplo, el uso de banderillas de velcro como en Estados Unidos. Hay que recordar que los toros son mamíferos, por lo que también es posible hacer de la actividad más un juego entre el bovino y el torero sin que esto signifique la muerte de uno y que el otro reciba potencialmente cornadas que lo dejen malherido.

La tauromaquia tiene muchas caras, sin embargo lo único cierto en estos temas es que, más allá de prohibirse, debe reestructurarse, algo que no se hará de la mano de los dueños de los espectáculos, cuyo único interés es seguir beneficiándose económicamente sin poner atención a los tratos crueles a los animales; es necesario que este cambio venga de la mano de trabajadores, criadores, veterinarios y expertos en bienestar animal.




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